’50/50′. Una vida marchita que debe florecer.

La vida de Adam, recién cumplidos los veintisiete, puede etiquetarse de feliz. Trabaja en la radio, es decir, un curro que no desprecia. Está tiernamente emparejado con una mujer a la que quiere. Alterna momentos de ocio con uno de sus mejores amigos, Kyle. Llama de tanto en tanto a su madre, pasea por Seattle y toma café plácidamente. En fin, todo está en un estado de quietud, de felicidad pasiva que será trastocada cuando sienta una molestia en la espalda y le dé por ir al médico. ¿Cómo dice Doctor? ¿Un tumor? 

Lo que Jonathan Levine, en la dirección, y Will Reiser, en el guión, nos han representado es una auténtica tragedia. La caída a los infiernos de un muchacho que creía estar en lo más alto de la colina, viendo el mundo a sus pies. Adaptarse al severo tratamiento, priorizar sus preferencias y, sobre todo, no hundirse, puesto que su vida ya no será la misma en los próximos meses. Cambiará su manera de mirar a su alrededor. Su madre, su novia, su mejor amigo. ¿Qué he hecho bien y qué he hecho mal? Un interrogante al que dará respuesta, soltando lastre con unos y cogiendo impulso con otros, mientras se readapta a una nueva situación repleta de hospitales, batas, enfermos, quimioterapia y terapeutas.

La factura técnica es buena. Y es inevitable destacar que la historia se apoya en un reparto de alto nivel, en el que destaca, principalmente, un Joseph Gordon-Levitt que nos deja una interpretación maravillosa (de lo mejorcito del año). Seth Rogen está como siempre, genial. Mientras que los secundarios (Dallas Howard, Anna Kendrick, Anjelica Huston) cumplen con creces. Todos ellos dan vida a una historia tan jugosa, tan chispeante, tan bondadosa como estremecedora.

En fin, emotiva cinta la aquí brindada. Nos mete en el pozo, y nos enseña cómo es la vida entre tinieblas. No obstante, no deja que nos ahoguemos entre la amargura, el dolor y la rabia. Ante el mal tiempo, buena cara. Aprovecha el estar frente al precipicio para reflexionar acerca de qué es la vida, aquello del “no somos nadie”. Ello le valdrá para iluminarnos con un rayo de luz entre tanta oscuridad, enfrentando el problema, luchando contra los números y las probabilidades, dando un toque optimista (tampoco sigan al pie de la letra las instrucciones de Rogen) a una cinta muy agradable de ver. Una de las sorpresas de la temporada, altamente recomendable.

8/10   

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