‘Paranormal activity’. Ni fu ni fa.

El terror, cinematográficamente hablando, ha degenerado en cosas como ‘Paranormal acitivity’. La gente ya no tiene miedo de tontainas que les da por coger cuchillos o motosierras para ir descuartizando por ahí al personal. Y, literalmente, se aburre con Shyamalan, Fresnadillo o Carpenter. Hay que buscar algo novedoso, que se meta de nuevo en la cocotera del público mundial y de con la tecla exacta del miedo.

¿Y qué mejor forma que hacerlo de un modo natural? Ahí parece estar el camino que ya abrieran en 1999 Daniel Myrick y Eduardo Sánchez con la mítica ‘The blair witch project’. Si allí eran estudiantes aterrados en un bosque, cuyos miedos eran “naturalizados” mediante las supuestas grabaciones por ellos rodadas y encontradas un año después, aquí son una pareja de tortolitos que “personalizan” sus miedos provenientes del mundo paranormal a través de una cámara de ultimísima tecnología con la que se graban a ellos mismos.

En fin, aburrida en su conjunto, parece que remonta el vuelo en los últimos quince minutos. No daña a los ojos su visionado, pero tampoco entusiasma, y ni mucho menos aterra (bueno va, lo reconozco, un pelín a ultimísima hora). Rodada con cuatro duros, los autores de esta cinta se han montado en el verde del dólar. Eso sí, no esperen de éllos una larga y próspera carrera cinematográfica, porque no la tendrán. Esta es su obra, su hit, su legado. Y a mí, la verdad, ni fu ni fa.

5.5/10

‘Star wars. Episode VI: Return of the Jedi’. Luke Skywalker y el final de una saga.

En 1983 llegaba el momento de que el maestro George Lucas cerrara la saga que el mismo había creado para deleite de los espectadores. ¿Cómo terminarían todas aquellas aventuras galácticas? Pues bien, aquí está ‘El retorno del Jedi’. Tenía dos antecedentes tan poderosos y fastuosos, que era difícil superar el nivel de calidad de aquéllos. Con todo, el sexto episodio supone un broche acorde a las circunstancias, pudiendo cerrar con él una época gloriosa para el sci-fi galáctico parido por Lucas.

Se combinan aquí aventuras varias que suponen una auténtica delicia para los ojos. Desde el rescate de Han Solo en el árido planeta Tatooin, pasando por la última consigna de Yoda a Luke en Dagobah, hasta llegar a la lucha de las fuerzas rebeldes (incluidos nuestros intrépidos protagonistas) en la luna de Endor, en ayuda de los entrañables Ewoks, contra los maquiavélicos planes imperiales de construir una nueva Estrella de la Muerte que permita eliminar cualquier resquicio de rebelión. Sin olvidar, como es lógico, el choque de intereses existente entre Luke Skywalker y El Emperador y su discípulo, Darth Vader. ¿Qué lado de la fuerza se impondrá? El título es claro, ganarán los jedi. El último (o quizás el penúltimo) jedi, el que traerá el equilibrio a la galaxia, ése es Luke Skywalker (ojito a la nueva sorpresa familiar de la cinta con la Princesa Leia).

Mítica y eterna lucha final, escena imborrable que pasará a los anales del cine. El descarrilamiento moral del maléfico Darth Vader, con la vuelta a sus orígenes, encontrados nuevamente en la figura de su hijo Luke. 

En fin, la guerra civil concluía. La República se imponía de nuevo al Imperio. Los males pasaban, y nosotros sonreíamos al comprobar como lo festejaba la galaxia entera, y especialmente nuestros protagonistas. Eso sí, mirando de reojo a tres jedis de tan buen poder como Yoda, Obi-Wan y Anakin, ahora reconciliados y en paz. Gracias Lucas por tener una imaginación tan hipnótica y fantástica. Mitiquísima.

9.5/10

Spoiler

¿Por cierto que disputa personal tuvo Lucas con Sebastian Shaw, el mítico Darth Vader (o más bien, Anakin en la versión original), para eliminarlo en la nueva versión?

‘The thing’. Innecesario remake disfrazado de precuela.

En una escena de la cinta de Carpenter, cuando el Doctor y MacReady visitaban la base noruega, el primero le preguntaba al segundo: “¿qué ha ocurrido aquí?”. Con esa idea debió nacer esta insulsa precuela, parida por Matthijs van Heijningen Jr, que tiene más de remake que de otra cosa, con la idea de responder a este enigma.

Ha errado en su principal cometido: desvelar algo que no supiéramos ya. Poco (o nada) se dice de la famosa nave espacial. Tampoco se inspecciona en absoluto el origen y procedencia del alienígena. Apenas se dan un par de pinceladas (el tímido esclarecimiento de la imitación y poco más) para poner en órbita a todos aquellos espectadores que por motivos varios no hubiesen visto el original, abriendo así el telón para el festín efectista, gratuito y mínimamente decente que nos tenían aquí preparado.

Como cine absolutamente comercial, la nueva ‘The thing’ no está mal. Es decir, entretiene. En élla tenemos la crónica búsqueda del susto fácil como receta para conseguir la inquietud en el espectador, unido al despliegue de unos efectos especiales (me quedo con los viejos, aún siendo más modestos) que parecen, a diferencia de su antecesora, el fin último de la película y no el medio. Me da por ahí que todo es demasiado precipitado y ansioso, de puro nervio y ritmo impulsivo. Además, irrita comprobar que hay más de un calco, en alguna que otra escena, de su hermana mayor. Vamos, es como versionar a Carpenter pero despojando a su vástago de la fuente inspiradora paterna, quedando todo plenamente hueco.

En definitiva, buen presupuesto para un producto que no es más que fuegos artificiales. Muchos efectos especiales y sustos baratos como medida para paliar el déficit creativo (en la historia, dirección, reparto, música y demás) que ha habido para siquiera acercarse a la mítica cinta de los años ochenta. Esta cinta le da más mérito a la joya de Carpenter. Y sí, ya sé que las comparaciones son odiosas, pero aquí se prestaba a ello sobremanera.

6/10

‘The thing’. Gélida, angustiosa y espeluznante.

Estamos en la Antártida, año 1982. Un husky siberiano (¿o es un alaskan malamute?) huye aterrado a través de la nieve. Le persigue un helicóptero, a bordo del cual hay dos hombres, de nacionalidad noruega, que buscan acabar con la vida del can. Casi por casualidad, unos y otros acabarán en una base de investigación estadounidense. Paréntesis: Impresionante escena que uno no tiene más remedio que guardar en la retina hasta el fin de sus días.

Es el prólogo con el que inicia una de la mejores cintas de la década de los ochenta: ‘The thing’. Un grupo de hombres se ve sorprendido por la visita de una extraña criatura. ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Hay motivos para tenerle miedo? Todos los interrogantes son resueltos con maestría por John Carpenter, quien nos sirve una ambientación espectacular, acompañada de una truculenta y sensacional BSO orquestada por el genio Morricone, dando con la tecla exacta, al remate, para conseguir transmitirnos sensaciones que ni uno sabía que existían a través de la historiada ingeniada por Bill Lancaster y protagonizada brillantemente por un Kurt Russell más en forma que nunca.

El mundo visual creado por el cineasta consigue sutilmente que, en primer lugar, nos intriguemos a la par que los protagonistas con el origen del mal (destellos del antecedente noruego); segundo, nos aterroricemos con la escena desencadentante de los perros y la jaula; tercero, mostremos recelos frente a todos como si fuésemos uno más de la expedición; cuarto, que se nos hiele la sangre como se nos hiela, no sé si tanto por el blanco y nevado paisaje, o por la presencia de la cambiante criatura; quinto y último, que nos frotemos los ojos ante el devastador, desasosegante e inquietante final presenciado (eso sí, también ambigüo… lo damos por positivo o negativo, el resultado final digo?).

La pulcritud, serenidad, saber estar y elegancia con la que Carpenter nos narra la acción, hace que devoremos las andanzas del mítico piloto MacReady, quedándonos perplejos, anodadados por el golpe sombrío y espeluznante asestado por “la Cosa”, fascinados, al mismo tiempo, ante el recital combinado de géneros  como el terror y el sci-fi que aquí nos era brindado.

En definitiva, aquí tenemos una obra que de tan tensa, tan intrigante, tan angustiosa, tan espeluznante, tan cautivadora, tan serena, tan gélida y tan terrorífica, no tiene otro remedio que pasar a formar parte del club personal. Mítica y entrañable.

9/10   

‘Star wars. Episode V: The Empire strikes back’. Así es, la mejor de la saga.

Todo es magno en ‘El Imperio contraataca’. Para comenzar, tiene uno de los mejores prólogos del género de aventuras que yo haya visto jamás, basándose en la supervivencia, in extremis, de Luke Skywalker, en ayuda de Han Solo, ante el asalto de una especie de yeti, aborígen de ese mítico planeta helado, Hoth, donde tienen su guarida las fuerzas republicanas. En segundo lugar, la búsqueda y captura de las fuerzas imperiales consigue transmitir el punto de acoso crónico durante todo el film, desde la batalla inicial en Hoth hasta la persecución por el campo de meteoritos, concluyendo en la emboscada de Bespin. Asfixia continua que nos invade hasta la irritación total, sintiendo como propia la desesperación de Chewbacca, cuando comprobamos que el pobre Han Solo ha caído en las redes de Darth Vader. Tampoco olvidemos el feeling existente, más álgido que nunca, entre la Princesa Leia y Han Solo, o entre los dos androides más populares de la historia del cine, R2-D2 y C3PO. Y qué decir de la entrada de Luke en el planeta Dagobah, lugar de exilio del maestro Yoda, con su aprendizaje jedi, combatiendo sus miedos y temores en una cueva oscura donde luchar contra los fantasmas que le persiguen. Por no hablar, impresionante, del combate final en Bespin, entre Darth Vader y Luke Skywalker, desvelando aquella frase, que no citaré textualmente aquí, tan impactante, nostálgica y eterna.

En definitiva, estamos aquí ante la obra más pulida y completa de toda la saga. Un auténtico lujo, un espectáculo gozoso, un hito en el género del sci-fi, intercalado éste con las inefables aventuras de nuestros intrépidos personajes que tantas horas de entretenimiento nos han ocupado. Sí, ésta es mejor que el Episodio IV. Una auténtica obra maestra de la factoría Lucas.

10/10

‘Captivity’. Floja, muy floja.

¿Es ‘Captivity’ mala? Pues sí, así es. Y no lo digo comparándola con ‘El Padrino’ (1972), ‘Blade runner’ (1982) o cualquier película preferida que se os venga en mente. Lo digo, partiendo de la comparación con cintas tan dispares y correctas como ‘House of wax’ (2005), protagonizada también por Elisha Cuthbert, o  las adrenalínicas ‘Phone booth’ (2002) o ‘Cellular’ (2004), paridas, al igual que ésta, por Larry Cohen (aunque sea en su historia original). Pongo estos casos, porque algo hay de ellos en este desustanciado híbrido entre terror y suspense.

El cautiverio no me inquieta. La escena del póster puede que sea la mejor, y eso que es bastante flojita. Además, el añadido romántico que le han dado al guión, a modo de introducir el susto final, tampoco convence en nada. En definitiva, una pérdida absoluta de tiempo. No merece la pena, ni para ratos muertos. Por cierto, ¿qué le ha ocurrido a Roland Joffé para acabar haciendo bodrios como este? Pobre hombre.

3.5/10 

‘Star wars’. Mítica aventura galáctica.

Corría el año 1977 cuando George Lucas deslumbraba al mundo mundial con esta mítica, añorada y sempiterna cinta, ‘Star wars’, que hablaba acerca de unos rebeldes, fieles a una tal República, que luchaban por su dignidad y libertad frente al Imperio Galáctico, malvado y osado. Todo adornado con princesas, caballeros jedis, alucinantes espadas láser, aeronaves galácticas y planetas del todo desconocidos.

La trama se inmiscuía, de lleno, en la guerra (de ahí, el popular título) entre fuerzas imperialistas y rebeldes republicano/demócratas, aunque sin llenar de excesiva profundidad esta dicotomía sociopolítica. Todo era sencillo, de tan sencillo nos parecía mágico, fabuloso. Lucas sabía conjugar como ninguno la pirotecnia fantástica o la aventura desenfrenada, con la profundidad argumental que daban todos sus personajes.  

Una princesa, de nombre Leia, mientras es apresada por el tirano Darth Vader, consigue enviar a unos androides, R2-D2 y C-3PO, en busca de Obi-Wan Kenobi a un planeta árido como ninguno, en el que, a su vez, habitaba un joven intrépido, Luke Skywalker. Luego vendría la creación del vínculo entre éstos, y su contacto, en una mugrienta taberna, con Han Solo, Chewbacca y el mítico Halcón Milenario.

El pretexto eran unos planos que contenían las fortalezas y debilidades del proyecto más maligno del Imperio Galáctico: la Estrella de la Muerte. ¿Quién saldría vencedor de este envite? Eso es cosa sabida. Como lo es que ‘Star wars’ es una auténtica obra maestra del género fantástico y de sci-fi. Las escenas que nos depara son imborrables en nuestra memoria, y sus personajes han pasado a la historia del imaginario popular.

Luego vendría lo que vino: dos cintas más que completaron la trilogía original, más uno trilogía inicial moderna, acompañado todo de una abrumadora facturación en términos de productos varios vendidos en cada punto del planeta. Antes fue ‘Star wars’, una placentera y sideral aventura.

9.5/10 

‘Contagion’. Aunque no lo parezca, esta es una película de terror.

Steven Soderbergh se dejaba, por fin, de pamplinas y absurdeces en las que tanto le gusta inmiscuirse. Tocaba, esta vez, ponerse serio a través de ‘Contagion’, un auténtico cuento de terror que azota la conciencia de los espectadores, reflexionando sobre el mundo que hemos creado y, sobre todo, acerca de las debilidades e impotencias ante un panorama tan devastador como el aquí narrado.

Una epidemia mundial. Un murciélago mordisquea un plátano que luego, por casualidades de la vida, come un cerdo. Ya está el lío armado: un nuevo virus originado en una remota selva de Hong-Kong. A partir de ahí, sólo hay azufre, caos, miedo y dolor. Todos los personajes que nos expone el cineasta, con mil y una cara conocidas (yo me quedo con la historia de Matt Damon como favorita), gravitan en torno a la reacción ante tan demoniaco supuesto. A mí, al menos, ha conseguido aterrarme.

7/10

‘Star wars. Episode III: Revenge of the Sith’. El lado oscuro de la fuerza.

Bueno, pues el maestro George Lucas cerraba su trilogía inicial (que no original) con este tercer y oscuro episodio. El universo esclarecedor que antecedía al mundo mostrado en los sagrados episodios IV, V y VI, quedaba culminado aquí a través de una fascinante y pirofantástica historia, la mejor de la trilogía moderna.

A través de ‘Phantom menace’ (1999), presenciábamos como la cálida y democrática República Galáctica, era puesta en jaque por la invasión de Naboo a manos de la Federación de Comercio, puesto al servicio de Lord Sidious. Sin embargo, los maestros jedis Gonn-Li y Obi-Wan conseguían solventar, junto con la ayuda de Padmé Amidala, el problema creado. El Senado, siempre endeble y rígido en sus decisiones, pasaba a ser controlado por Palpatine. Era en ‘The attack of the clones’ (2002), la entrega más floja de la saga, cuando todo comenzaba a teñirse de tinieblas. La investigación de Obi-Wan le llevaba a descubrir la creación de un ejército clon al servicio de la República. ¿Pero quién dió la orden de su creación? Todo apuntaba al siniestro Lord Sidious. Mientras, en el corto plazo, estallaba un conflicto civil debido a un movimiento separatista, y su ejército droide, impulsado por el Conde Dooku. La República se resquebrajaba.

Y es aquí, en ‘Revenge of the Sith’ (2005), cuando todo se desploma, se torna oscuro y siniestro. La República ya está en plena guerra civil. El ejército clon junto con los jedis, fieles al régimen democrático, luchan frente al ejército droide de los separatistas en todos los puntos de la galaxia. Sin embargo, un plan perverso hay en el fondo: la figura de Lord Sidious va a ser mostrada, su estrategia, hasta ahora semioculta, se vuelve explícita. Esto es el lado oscuro de la fuerza, el punto más lúgubre de la saga.

Obra maestra la aquí ingeniada por George Lucas. Supone el broche perfecto para poder disfrutar de la trilogía original, sabiendo, ahora sí, todos los resquicios existentes previamente a la creación del Imperio dominado por Darth Vader. La mutación de Anakin rompe el corazón de Amidala, y más aún de Obi-Wan. “Al exilio me veo obligado”, afirmaba Yoda. Así es, son malos tiempos para la República, para la democracia y para los jedis. Es la hora del Imperio, la fuerza del lado oscuro, representada en los Sith, ha salido victoriosa.

9/10 

‘Mientras duermes’. Horror.

El genio del terror, Jaume Balagueró, se dejaba llevar, en esta ocasión, por Alberto Marini, quien ingeniaba aquí un guión perverso e inquietante que se zambullía en las entrañas de un desquiciado absoluto como César, portero de un bloque de pisos en una ciudad urbana española.

Luis Tosar borda el papel de hombre perturbado. Desarraigado, desalmado, desamparado. No tiene afán por vivir, pues no conoce la felicidad, o la alegría. Sólo encuentra refugio en su trabajo como portero, en sus sonrisas y “buenos días”. Es un hombre que pasa desapercibido, al que pocos atienden (si no es por interés propio) y consideran. Sin embargo, él está ahí. Y los conoce, a todos. Además, su cocotera sufre un reventón de mucho cuidado.

La narrativa se torna tenaz, paranoica y asfixiante, consiguiendo transmitir el obsesivo acoso hacia la víctima elegida por parte del infeliz, aquel tipo que sólo encuentra la felicidad en las tristezas y penas de los demás. O más bien, en las calamidades por él inflingidas a la pobre Marta Etura, a quien el espectador no tiene más remedio que compadecer mientras presencia atónita y minuciosamente las fechorías del monstruo.

Sea como fuere, el nauseabundo mundo que rodea las entrañas mentales de Tosar ha sido radiografiado con pulso y nervio por Balagueró, hasta el punto de que a partir de ahora, a más de uno le dará por mirar debajo de la cama antes de ir a dormir. En fin, notable cinta que consolida al cineasta catalán como uno de los grandes baluartes del género.

8/10