‘The shining’. Terror.

Inquietante historia de Stanley Kubrick que conseguía aterrorizarnos a través de una de las vías, habidas y por haber, más espeluznantes que podía emplear: la familia. ¿Alguien imagina a su padre deseoso de descuartizar a uno mismo con sus propias manos? Mejor no, ¿verdad?.

Esa idea era la punta del iceberg en el film del maestro. Detrás, eso sí, se escondía una fantástica historia de espíritus malignos, dones telepáticos y sangrientas leyendas que merodeaban en los alrededores del famoso y mítico Hotel Overlook.

La potencia visual de Kubrick, más de una (y dos) escenas para la posteridad, conseguía meternos de lleno en la paranoica, escalofriante, angustiosa y claustrofóbica historia que aquí nos tenía preparado. Se servía también de una banda sonora del todo truculenta e inquietante, esto es, el acompañamiento ideal para el plato principal, además de unas interpretaciones brindadas en auténtico estado de gracia por el trío protagonista. A este respecto, destacar el genial papel de Shelley Duvall, quien muta increíblemente desde la sumisión al horror total. Sin olvidarnos del mítico papel de Jack Nicholson, quien, la verdad, consigue acojonarnos a través de una cosa tan fácil como es la de poner cara de desquiciado absoluto. Vamos, que todo (lo aquí nombrado y lo que no, por ejemplo la fotografía de John Alcott) es un lujo en ‘The shining’.

En definitiva, pasen y vean. Esto es cátedra de terror en estado puro, exprimiendo ésta la receta que combina el mundo “natural” (papá, mamá e hijito) con el paranormal (espíritus y leyendas), guiado todo por la mano de Dios, digo de Kubrick, quien emplea los mil y un recursos técnicos , ésos que él mejor que nadie sabía utilizar, para deleite de los frikis (los hay, y son muchos) y de nuestros ojos, dando como resultado una escalofriante historia que aterrorizó, aterroriza y aterrorizará la cocotera de más de uno.

9/10

Spoiler

El Hotel Overlook se construyó previa matanza. Esto es, buena parte de la población indígena que habitaba en las montañas de Colorado se opuso a la construcción del hotel porque, básicamente, iba a ir asentado encima de uno de sus cementarios. Sacrilegio total.

Doy por hecho que esto quedó estigmatizado entre las paredes y habitaciones del hotel, pues en cada rincón se percibía la esencia maligna y primigenia que reposaba en aquel ingrato lugar. Por tanto, era imposible que los huéspedes de tal sitio tuvieran una velada tranquila y confortable, como si los espíritus indígenas buscaran una venganza eterna.

Ya se lo predijo el cocinero al muchacho, sabiendo el primero que este segundo poseía su mismo don: el resplandor. Esto no era más que una habilidad telepática que permitía percibir sensaciones que el resto de los mortales no conseguían sentir. Sin embargo, estando en el Hotel Orverlook, esto se convertía en una auténtica desventaja.

El infierno (baños de sangre, carnicerías, muchachas descuartizadas, la habitación 237) que azota al muchacho, lleno de maldad, horror e ira, le inquieta. Le inquieta tanto que se vuelve asustadizo, deseoso de salir de allí. Su padre, Jack Torrance, sin entender todavía muy bien por qué, también será atrapado por las redes espirituales que allí perviven, con la diferencia, respecto a su hijo, que a él le gusta lo que percibe. Se siente cómodo entre aquéllos horrores, refugiándose así de la soledad, aislamiento y claustrofobia que están volviéndolo loco. Ente mitad de ambos, se encuentra la esposa. ¿Qué hacer? ¿Qué le sucede a su hijo? ¿Han sido las fechorías del padre, o los temibles espíritus, el leitmotiv para su horror? El caso es que ella está del lado de su hijo, tratando de evadir el espíritu maligno del hotel, ése que a ultimísima hora ya percibirá de un modo pleno, aterrorizándola más aún si cabe que la figura de su desquiciado esposo.

El resto es conocido por todos. La lucha entre el bien y el mal, dada dentro de una familia estándar. Esquivar a los maléficos espíritus, como buscan hacer madre e hijo, o caminar devótamente hacia ellos, como hace el padre. Inquietante.

¿La foto final? Puese como Kubrick deja el final abierto, cada uno que lo entienda a su modo. Yo me apunto a la teoría de que la imagen nos transmite la esencia del mal. Es decir, todos los ahí reunidos, incluidos Jack Torrance, han sido cautivos del mal desde que el hotel fue construido. Es la maligna herencia espiritual, transmitida de unos a otros.  Primero fue Delbert Grady y su familia. Ahora le tocaba a Jack Torrance. Pero seguro que antes de éllos hubo alguien más. No es posible escapar del mal, como parece decirle, en la mítica escena del baño, Grady a Torrance cuando le recuerda aquello de “tu siempre has estado aquí“. No creo que se refiriese a Jack como padre de familia, sino a Jack carcomido por el mal. Un mal que, efectivamente, siempre ha estado allí.  

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