Qué decir sobre… «Dances with wolves» (1990)

bailando con lobos

Dirección: Kevin Costner

Guión: Michael Blake (novela: Michael Blake)

Fotografía: Dean Semler

Música: John Barry

Reparto: Kevin Costner, Graham Greene, Mary McDonnell, Rodney A. Grant

“Bailando con lobos, ¿es que no ves que soy tu amigo? ¿es que no ves que siempre seré tu amigo?”. 

El teniente Dunbar tiene la pierna maltrecha, destrozada. Es una secuela más de la guerra, pero ¿a quién le importa? A pesar de no tener gangrena, los doctores meditan si amputar o no una parte de su cuerpo. Un ardor interior abre el deseo de morir del teniente. Será la impotencia, será la frustración o será el afán por sentirse vivo, paradójicamente, lo que le impulse a montar sobre su caballo y cabalgar, cabalgar esquivando el fuego enemigo, cabalgar desafiando a la vida. Es un héroe. Puede ahora escoger el destino que le plazca, y a él le gustaría estar en las tierras que rodean a la frontera. Es el magistral prólogo con el que abre Dances with wolves (1990).     

Una aventura maravillosa. Es difícil no quedar prendado frente a la tranquila y sutil belleza que irradia el introspectivo y solitario viaje de Kevin Costner. Un diario y un lápiz le acompañan. Un fuerte le da cobijo. Su caballo Cisco le sirve como fiel escudero en sus expediciones. Y un lobo, Calcetines, le ofrece compañía y amistad. Es la naturaleza en estado puro. Es una quieta y pasiva felicidad que, pronto, se verá alterada por la visita inesperada de unos sioux. ¿Cómo reaccionará el teniente Dunbar? Y los sioux, ¿qué tipo de relación le ofrecerán? 

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El mito de los “salvajes indios” queda destrozado por Kevin Costner, quien lanza a través de esta película un alegato en favor del respeto a la diversidad, a la diferencia. Hurga en una de las muchas heridas que envuelve a la memoria histórica de los blancos, de su proceso civilizador. Son espléndidos los diálogos a los que da lugar esta historia. Maravillosas las reflexiones de sus protagonistas. Y preciosas las escenas, difícil escoger solo una, en torno a las que se cimenta esta épica aventura.

Jamás nos habían contado un western como nos lo cuentan aquí. El compás de John Barry y la fotografía de Dean Semler añaden virtuosismo a este elegante, armonioso y cálido relato que llega a nuestro corazón para quedarse en él por largo tiempo. Una película fabulosa. Un clásico.

9.5/10 

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