El milagro de P. Tinto (1998)

p.tintoDirección: Javier Fesser
Guion:
 Javier Fesser / Guillermo Fesser 

Producción: Sogetel / Películas Pendelton 
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Música: Suso Sáiz 
Montaje: Guillermo Represa 
Reparto: Luis Ciges / Silvia Casanova / Pepe Viyuela / Pablo Pinedo / Javier Aller / Emilio Gavira
Duración: 106 min
País: España

Cada uno que diga lo que quiera, pero a mí El milagro de P. Tinto me hace mucha gracia. Es una película atípica, pero divertida. Una comedia que sigue las líneas maestras fijadas por José Luis Cuerda con Amanece, que no es poco (1989) y Así en el cielo como en la tierra (1995) para, moviéndose entre los límites de lo absurdo y lo surrealista, sacarle una sonrisa al espectador. Creo que esas son las sanas intenciones de Javier Fesser, y lo consigue, vaya si lo consigue.

La ilusión de P. Tinto siempre ha sido formar una familia. Al menos, desde que conoció a su gran amor, Olivia. Con esa simple premisa, abre esta película. Una montaña rusa de sinsentido y distracción. Tiene escenas antológicas en lo referido a la carcajada espontánea. El cineasta, Javier Fesser, demuestra así que tiene talento para la comedia. Además, no solo eso, pues con obras como Binta y la gran idea (2004) o la preciosa Camino (2008) ya ha demostrado con creces que se siente cómodo en el drama, y en esto del cine. Un tipo polifacético que, conviene destacarlo, dio sus primeros pasos con esta historia de marcianitos, obleas y negritos caídos del cielo.

Si buscan coherencia en este relato, igual se pierden. Hallarán, en cambio, una buena dosis de humor y extravagancia. Suficiente para pasar un buen rato y disfrutar, ya de paso, con un Luis Ciges descomunal en el que fue uno de sus últimos trabajos. Silvia Casanova, además, también está muy graciosa. La fotografía de Javier Aguirresarobe, todo un clásico, es otra de las grandes virtudes de esta narración. Mimbres de sobra para elaborar una de las mejores comedias españoles de los noventa.      

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Catch me if you can (2002)

catch_me_if_you_can_xlgDirección: Steven Spielberg
Guion:
 Jeff Nathanson (Novela: Stan Redding / Frank W. Abagnale)

Producción: Dreamworks
Fotografía: Janusz Kaminski 
Montaje: Michael Kahn 
Música: John Williams
Reparto: Leonardo DiCaprio / Tom Hanks / Christopher Walken / Nathalie Baye / Amy Adams / Martin Sheen / Jennifer Garner 
Duración: 141 min
País: Estados Unidos

Esta no es una obra maestra de Steven Spielberg, pero sí es una buena película. No sé cómo llegó este proyecto a sus manos, pero la historia de Frank W. Abagnale queda resuelta de una manera muy entretenida. Elaborado el guion por Jeff Nathanson, también guionista de The terminal (2004), película similar en forma y propósito a esta, el recital pronto nos cautiva. A pesar de sus 140 minutos de duración, uno devora con gusto el relato. No faltan los nombres propios en los títulos de crédito (por cierto, pocas veces han estado tan bien presentados): la fotografía de Janusz Kaminski; la siempre acertada composición de John Williams; la presencia de Spielberg como capitán de la nave; y, fundamental, el mayúsculo reparto que aquí tenemos. 

Los personajes están muy bien pulidos. En el fondo, el tema de la soledad y la amistad subyacen detrás de esta retahíla de divertidas estafas y entrañables persecuciones. El sentimiento, aun escondido y sutil, es el motor de combustión de esta película. La crepuscular presencia de Christopher Walken -de largo el mejor de la película- y la añoranza por un pasado mejor serán la excusa idónea para que Leonardo DiCaprio comience sus travesuras: profesor de francés, copiloto de aviación, médico o abogado, todo le queda bien. Tanto da que aparezca como un apuesto seductor rodeado de mujeres que como un tortolito enamorado (estupenda Amy Adams). Detrás de él, dispuesto a iniciar el duelo, se halla Tom Hanks, solitario, enigmático y, a la postre, afable personaje. Ellos son el verdadero reclamo del film, dos colosos de la interpretación. Uno siempre ha sido considerado como un sobresaliente actor, hablo de Tom Hanks y sus excelentes papeles en (¡prepárense!) Philadelphia (1993), Forrest Gump (1994), Salvar al soldado Ryan (1998), La milla verde (1999), Náufrago (2000), Camino a la perdición (2002) y La guerra de Charlie Wilson (2007). Ahí es nada. Al otro le ha costado más hacerse un nombre, pues desde Titanic (1997) siempre se le asoció con una cara bonita, y la Academia parece no terminar de aceptarlo (nunca se ha hecho con un Oscar) entre los grandes. Aquí, como en todas y cada una de sus películas, está brillante. Recital, pues, a disfrutar. 

Así, el mano a mano entre los dos protagonistas queda espléndido, además de incluir un contexto tan bien pincelado que da para que la sobresaliente galería de personajes secundarios brille con luz propia. Creo que es difícil no divertirse -incluso emocionarse- con esta entretenida comedia. Llena de desparpajo y con auténticos momentazos. 

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Annie Hall (1977)

annie_hallDirección: Woody Allen
Guion:
 Woody Allen / Marshall Brickman

Producción: United Artists
Fotografía: Gordon Willis
Montaje: Ralph Rosenblum
Música: Varios 
Reparto: Woody Allen / Diane Keaton /Tony Roberts / Carol Kane
Duración: 93 min
País: Estados Unidos 

Nunca pertenecería a un Club que admitiera como socio a alguien como yo“. Eso decía Groucho Marx, y así, parafraseando a uno de los grandes maestros de la comedia, abre Annie Hall, maravillosa película ideada por el genio neoyorquino, Woody Allen, en el año 1977. Es la única cinta del cineasta que ha conseguido alzarse con la estatuilla a la Mejor Película y, quizás por ello, brilla con una luz especial en su extensa, talentosa e inolvidable filmografía. 

La historia está narrada de una forma inquieta, porque inquieto es el personaje principal: Alvy Singer. El monólogo inicial ya advierte de las intenciones del film, pues marchamos a devorar los apenas 87 minutos del metraje sin pausa, sin atisbo de cordura y con una chispa infinita. La neurosis baña cada uno de los fotogramas de esta cinta. ¿Por qué es tan bueno Woody Allen? La cantidad de frases y situaciones memorables que se dan a lo largo de esta película difícilmente pueden recopilarse en pocos segundos. Junto con Manhattan (1979) y Deconstructing Harry (1997), Annie Hall pincela una paisaje sobre las relaciones de pareja de una forma tan divertida como certera. Las obsesiones del cineasta, además, están presentes a lo largo del relato: Nueva York sigue siendo su objeto de amor eterno; sus citas con Fellini y Bergman no pasan desapercibidas; el antisemitismo le obsesiona; su devoción al psicoanálisis es compulsiva; y su tirria hacia L.A. es divertidísima. Con todo, el guion de la película es fabuloso, pues no solo reímos con él, con sus gracias, sus chistes y sus vaivenes emocionales, sino que además, mérito principal del film, nos hace sentir partícipes de este relato, entender con una extraña cercanía las derivas de los protagonistas y, ya puestos, reflexionar sobre todo lo que nos muestra tan imprevisiblemente el genio neoyorquino.  

Las idas y venidas sentimentales del protagonista nos sacan una, dos, tres y hasta mil carcajadas. Pero todo se detiene en Annie, Annie Hall, esa chica nerviosa, guapa y tímida a la que Alvy conoce en un partido de tenis. A ella le da vida Diane Keaton, estupenda, en la que es la mejor interpretación de su carrera. Y ella es la chispa que enciende la mecha. A partir de ahí, prepárense para maravillarse con las batallas emocionales que emprenden esos náufragos cualquiera de la ciudad de Nueva York. Una nostálgica, entrañable y divertida mirada a los enredos sentimentales. Inolvidable película. 

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High fidelity (2000)

high_fidelityDirector: Stephen Frears 
Guion: D.V. DeVicentis / Steve Pink / John Cusack / Scott Rosenberg (Novela: Nick Hornby)
Producción: Touchstone Pictures
Fotografía: Seamus McGarvey  
Montaje: Mick Audsley 
Música: Howard Shore  
Reparto: John Cusack / Iben Hjejle / Todd Louiso / Jack Black / Catherine Zeta-Jones / Joan Cusack / Tim Robbins / Lily Taylor / Lisa Bonet 
Duración: 113 min
País: Estados Unidos 

Oye, aquí está, es Stephen Frears. Sí, uno de esos autores con gusto por el buen cine: lo que hace, lo hace bien. Su filmografía habla por sí sola… Mi hermosa lavandería (1985), Las amistades peligrosas (1988), Los timadores (1990), Negocios ocultos (2002) o Philomena (2013), por nombrar algunos de sus títulos más memorables. Pero háganme caso, si un día de estos les da por hablar del cineasta británico (en conversaciones freak propias del planeta Júpiter), díganlo sin miedo, reivindiquen: ¡High fidelity es una obra maestra!  

Si hiciéramos una lista con “las cinco principales” películas de amor, Alta fidelidad debería estar en ella. Para mi gusto, esta cinta habla sobre el amor y el mundo de la pareja con mucha gracia, estilo y cercanía. Es decir, cuidado porque esto no es fácil de conseguir. Se sale del discurso sensiblero y meloso. El universo pop de Nick Hornby, en este sentido, es trasladado a la gran pantalla de una manera brillante. Además, el soundtrack es una pasada, ¡no podía ser de otra manera! Las referencias musicales, que aparecen por doquier, son brutales. Los personajes están muy bien cuidados, pues el guion es un alarde de ingenio. Y sí, John Cusack está estupendo. Asume el peso del film, avanzan las tragedias sentimentales, se suceden las listas de todo tipo y él brilla como nunca. Qué buen actor es.

Una comedia romántica mayúscula. El toque melómano y la nostalgia se dan de la mano para pincelar esta fabulosa odisea sentimental protagonizada por un resignado John Cusack. La acidez de las situaciones y el descaro de la propuesta no disimulan para nada el sabor agridulce que reina a lo largo de esta película. Lo dicho, una OBRA MAESTRA. 

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Holy smoke (1999)

holyDirector: Jane Campion
Guion: Jane Campion / Anna Campion
Producción: Miramax Films / Jan Chapman Production
Fotografía: Dion Beebe
Montaje: Veronika Jenet
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Kate Winslet / Harvey Keitel / Pam Grier / Julie Hamilton 
Duración: 115 min
País: Estados Unidos 

Suena la música de Neal Diamond cuando se abren los primeros fotogramas de esta película. Firmada por Jane Campion, pronto aparece el título de la misma, Holy smoke; una rareza en toda regla: efusiva, estrambótica y muy muy irregular. Esas son las principales notas con las que yo la definiría. Ver esta película, por tanto, es de valientes.  

Si Kate Winslet no es la mejor actriz que yo he visto a partir de los años noventa, poco le faltará. Aquí lo vuelve a demostrar, pues ella es, con muchísima diferencia, la gran baza de esta cinta. Ella y su choque con Harvey Keitel, actor de primer nivel que repite colaboración con Jane Campion después de haber trabajado con ella en The piano (1993). Juntos protagonizan el devenir de un film atípico donde la extraña sensualidad, el amor más loco y, sobre todo, la batalla psicológica entre ambos trepan por cada uno de los resquicios que ofrece esta narración. ¿El problema? Pues que las hermanas Campion conducen este relato sin frenos. Es decir, la estridencia está bien en su justa medida, pero pierde parte de su gracia cuando se impone como la norma a seguir. Existen demasiados tics molestos y forzados a lo largo de esta narración, y es una pena. Igual que el cierre del relato, un absoluto despropósito.

El viaje a India y la inmersión de la protagonista en el mundo de las sectas no son más que un pretexto con el que poder sacar a la luz el núcleo del film: la conexión entablada entre Kate Winslet y Harvey Keitel. No obstante, Jane Campion no consigue sacarle todo el provecho posible a esta situación. Todo queda un tanto difuso al aparecer un montón de estupideces de por medio (miedo dan los familiares cada vez que salen en escena) y al precipitar un tanto la desequilibrada relación entre aquellos. Le falta pues pausa y mesura a Holy smoke, pero tiene su cosa.      

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Manhattan (1979)

manahttanDirección: Woody Allen
Guion:
 Woody Allen / Marshall Brickman

Producción: United Artists
Fotografía: Gordon Willis
Montaje: Susan E. Morse 
Música: George Gershwin 
Reparto: Woody Allen / Diane Keaton / Mariel Hemingway / Meryl Streep / Michael Murphy / Anne Byrne 
Duración: 96 min
País: Estados Unidos 

“Nueva York era su ciudad. Y siempre lo sería”. 

Cuando termina Manhattan, una sonrisa se nos dibuja en la cara. No tenemos otra opción, pues Woody Allen acaba de brindar un recital que va directo a la historia del séptimo arte. Una película icónica que representa, junto a Annie Hall (1977), la comedia romántica por excelencia. Para mí, un título de referencia. 

Todo gravita en torno a Isaac Davis. Él es un neoyorquino que acaba de cumplir 42 años. Es bajito, se está quedando calvo y quiere ser escritor, aprovechar mejor el tiempo, aunque (por el momento) simplemente trabaja para un programa ramplón de televisión. En lo sentimental, sale con una chiquilla de 17 años, mientras se lamenta de que su ex mujer lo dejara por otra mujer. Todavía no es consciente, además, de que está a punto de enamorarse de la amante de su mejor amigo, quien, a su vez, aún no le ha dado la buena nueva a su esposa. Es decir, la montaña rusa de la vida (urbanita y occidental) a ojos del maestro neoyorquino. Un planteamiento inequívoco, unidireccional y sumamente placentero.   

La sencillez de la propuesta no va reñida con la maestría. Para empezar, tenemos a uno de los mejores (sino el mejor, compite con Pulp fiction) póster de la historia del cine. Es la imagen que resume el interior de esta coqueta película. Adornada con la detallista fotografía del imperecedero Gordon Willis, la retahíla de frases memorables es imposible de recontar. Hay para todos los gustos y de todos los colores. Es el mejor Woody Allen. Vigoroso y efusivo, aprovecha la juventud de una sensacional Diane Keaton, así como la encantadora inocencia de Mariel Hemingway, para juntar todas las piezas de este rompecabezas que exprime todo el jugo posible a las aventuras que acompañan al corazón.  

Woody Allen saca el pincel y perfila con tacto un paisaje precioso, repleto de ingenio y diversión. Disecciona así las dudas, inquietudes y peripecias que acompañan -en el terreno sentimental, sexual y hasta existencial, diría yo- a ese montón de náufragos que copan las aceras de la ciudad de Nueva York. Inolvidable.  

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Small time crooks (2000)

small_time_crooks_xlgDirección: Woody Allen 
Guion: Woody Allen 
Producción: Dreamworks
Fotografía: Fei Zhao
Montaje: Alisa Lepselter
Música: Jill Meyers
Reparto: Tracey Ullman / Woody Allen / Elaine May / Michael Rapaport / Hugh Grant / Tony Darrow / Larry Pine / Jon Lovitz
Duración: 94 min
País: Estados Unidos 

Puede que la primera media hora de Granujas de medio pelo sea, aun a riesgo de caer en la exageración, lo mejor que se hizo en el género cómico durante la pasada década. Pocas veces me he reído tanto con una película. Qué divertido es encontrar una buena comedia. Aunque claro, si miras el nombre de quien la firma, Woody Allen, apuestas sobre seguro. Solo a él se le podía ocurrir un planteamiento tan disparatado partiendo de una premisa tan básica: un ladrón de poca monta idea un plan para atracar un banco. Para ello, tiene pensado alquilar un local que está a pocos metros del banco y excavar un túnel hacia la sala donde están las cajas fuertes. Pero claro, debe haber una tapadera y ha pensado colocar a su mujer, siempre cocinó buenas galletas, en el mostrador con tal de vender unas cuantas de estas.     

Desde que debutó en esto del cine, allá por 1969 con Take the money and run, el nombre de Woody Allen puede asociarse, tranquilamente y para bien del espectador, al estajanovismo más salvaje. Su manera de trabajar sigue un ritmo muy concreto: película por año. De hecho, tan solo hay cuatro excepciones a esta regla, los años 1970, 1974, 1976 y 1981 en los que, peccata minuta, no estrenó ningún film. En el año 2000 le tocaba a la cinta que aquí nos ocupa, interpretada, además, por él mismo. De corta duración y con una Tracey Ullman espectacular -lo mejor que ha hecho esta mujer en su carrera de largo- la película explota las posibilidades, fotografía de Fei Zhao de por medio, que ofrece la casposa vida de unos entrañables ladronzuelos. Los diálogos son muy graciosos y las situaciones creadas te divierten mucho. Es una comedia explosiva, sin frenos, a la que solo le podemos reprochar la abismal diferencia, en cuanto a nivel e ingenio, que existe entre los primeros treinta minutos y el resto de la narración.

El paisaje interclasista que pincela Woody Allen está muy conseguido. La alta clase neoyorquina queda retratada de una manera mordaz, destacando así la figura de Hugh Grant. La burlona caricatura de la cultura empresarial y la charlatanería que acompaña a la jet set está muy bien servida. El cineasta, en el fondo, realiza un homenaje a la figura del bribón, de aquel que sobrevive entre tanto tiburón. Geniales, en este sentido, Woody Allen, Tracey Ullman y una divertidísima Elaine May.   

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After hours (1985)

After-Hours_1Dirección: Martin Scorsese
Guion: Joseph Minion 
Producción: Warner Bros
Fotografía: Michael Ballhaus
Montaje: Thelma Schoonmaker
Música: Howard Shore
Reparto: Griffin Dunne, Rosanna Arquette, Linda Fiorentino, John Heard, Teri Garr, Catherine O’Hara
Duración: 97 min
País: Estados Unidos

Qué difícil es encontrar una buena comedia. Puede que sea uno de los géneros más prolíficos en esto del cine y, sin embargo, la cantidad de mediocridad que le acompaña, impregnada de los clichés más comerciales de Hollywood, es abrumadora. Claro está, tenemos a maestros de la comedia como Woody Allen, Billy Wilder, Peter Bogdanovich, John Hughes o los Coen, por nombrar solo a algunos de ellos, que raramente decepcionan. Pero fuera de ese pelotón de especialistas, es difícil dar con una buena historia, ingeniosa y divertida. Por eso mismo, tiene un valor especial After hours, nefastamente traducida al castellano como ¡Jo, qué noche! (1985). Además, la firma Martin Scorsese, genio y figura que no acostumbra a realizar comedias. De hecho, más allá de The king of comedy (1982) y la película que aquí nos ocupa, ambas realizadas de un modo consecutivo, no se ha prodigado más en el género.

El relato gravita en torno a Paul, un joven oficinista que toma café, bien entrada la tarde, buscando desconectar de la monotonía de su trabajo. Con esas, la chica sentada en la mesa de enfrente, le habla. Le da un número de teléfono, y se marcha. Pronto descubrirá que su nombre es Marcy. Se inicia así la sarcástica y kafkiana odisea de nuestro protagonista. El encargado de darle vida no es otro que Griffin Dune, uno de los chicos de An American werewolf in London (1981). Cosa impropia, por otra parte, en Martin Scorsese, quien se aleja, en esta ocasión, de su plantel más habitual para rodearse de caras poco conocidas por el gran público. En este sentido, aparece por primera vez la siempre sensual Linda Fiorentino. Y la mítica Rosanna Arquette, presente en Pulp fiction (1994), nos deja una estupenda interpretación encarnando a la desquiciada Marcy. Así, en la línea iniciada por Taxi Driver (1976), Scorsese continúa ahondando en la oscuridad de la noche neoyorquina. Si allí le acompañaba Paul Schrader, ahora es un guionista novel y con mucho desparpajo, Joseph Minion, quien le hace los arreglos.    

De este modo, el Soho neoyorquino se convierte en una divertida pesadilla. Calles acompañadas de angustia, claustrofobia y mucha mala uva. La espeluznante odisea de nuestro protagonista sirve para que, paradoja y maestría, riamos. Martin Scorsese se renueva, toma oxígeno y disfruta con After hours. Una comedia brillante.

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Qué decir sobre… «Volver» (2006)

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Dirección: Pedro Almodóvar 
Guion: Pedro Almodóvar
Fotografía: José Luis Alcaine
Música: Alberto Iglesias  
Montaje: José Salcedo 
Dirección artística: Salvador Parra
Reparto: Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo, Carmen Maura, Antonio de la Torre, Yohana Cobo, Chus Lampreave
Premios: Goya 2006 (5 premios; película, director y actriz), Oscar 2006 (nominada mejor actriz), Globo de Oro 2006 (nominada mejor actriz y película de habla no inglesa), Cannes 2006 (guion y reparto)

Una obra preciosa, así es Volver. Si en Todo sobre mi madre el tema de la familia ya se abordaba de un modo fabuloso, con Volver se culmina el asalto a dicha temática a través de un melodrama esculpido en estado de gracia. Una historia que puede llevar a equívoco, pues en el fondo destaca por su sencillez. El director juega con nosotros, pero no engaña a nadie a través de este surrealismo que camina entre la vida y la muerte. El sofisticado guion esconde así un poderoso universo que Pedro Almodóvar despliega con un magnífico sentido narrativo y una magia visual cautivadora.

Como en tantas otras ocasiones, las mujeres acaparan el protagonismo de la historia: Raimunda, Agustina y Sole, personajes trazados maravillosamente. Les dan vida Penélope Cruz, Blanca Portillo y Lola Dueñas. Todas ellas están espléndidas. En especial, la primera de ellas. El cineasta manchego vuelve a explotar las cualidades de su musa. Retrata a una mujer criada en un pequeño pueblo manchego que un día huyó para marcharse a Madrid, comenzando una nueva vida. Una mujer humilde, trabajadora y con mucho carácter. Una mujer castigada, dura, pero de buen corazón. El tiempo pasa y la vida es caprichosa. Tarde o temprano, le tocará volver. Ajustar las cuentas con el pasado. Y qué gusto que todo ello sea la excusa perfecta para que se abra de esta forma tan sutil este colosal relato en el que Penélope Cruz brilla con luz propia.  

El acabado visual, la sencillez de la propuesta y el manejo de las emociones. Pedro Almodóvar se exhibe con este paisaje matriarcal y hogareño. Vuelve así a su infancia, a sus orígenes. Es la madurez creativa del cineasta, destapando el tarro de las esencias y apoyándose en las virtudes del reparto para ofrecernos una historia conmovedora y repleta de sentimiento. 

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Qué decir sobre… «Quai d’Orsay» (2013)

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Dirección: Bertrand Tavernier
Guion: Christophe Blain, Abel Lanzac
Fotografía: Jérôme Alméras
Música: Bertrand Burgalat
Montaje: Guy Lecorne
Dirección artística: Sibilla Patrizi
Reparto: Thierry Lhermitte, Raphaël Personnaz, Niels Arestrup, Bruno Raffaelli, Julie Gayet
Premios: San Sebastián 2013 (Fipresci al mejor guion), César 2013 (Mejor actor secundario, Niels Arestrup) 

Tenía muchas ganas de ver Crónicas diplomáticas, pues además de estar alabada por la crítica y venir firmada por un cineasta de largo recorrido como es Bertrand Tavernier, exhibe una temática, los quehaceres que acompañan a la diplomacia, muy interesante para el espectador. Por esa misma razón, la desilusión ha sido doble. 

No es que Quai d’Orsay sea una mala película, que no lo es. Simplemente el pero viene dado por un guion que no ha terminado de florecer como debiera. Más aún considerando que junto a Christophe Blain aparece el nombre de Abel Lanzac, pseudónimo bajo el que se esconde Antonin Baudry, antiguo diplomático y asesor de Dominique de Villepin. Es decir, había un filón para tejer una sátira espléndida sobre los tejemanejes que acompañan al mundo de la política. Y sí, la sátira ha quedado presente, pero sin la perfección que a uno le hubiese gustado.

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El relato da la sensación de no pasar de la anécdota. El montaje engloba todo un batiburrillo de ingeniosas escenas y frases memorables, pero no avanza de un modo espontáneo y ligero. A Tavernier le ha costado engrasar las piezas de las que disponía. En todo caso, la película tiene punch y la mordacidad con la que se ha perfilado al universo de la política merece, cuanto menos, el elogio. 

Si por algo destacaría a este film, además de por el corrosivo ácido que contiene y por lo estupenda que está Julie Gayet, es por el personaje del Ministro de Asuntos Exteriores, interpretado fabulosamente por Thierry Lhermitte. Cada vez que sale en escena, la película coge aire.  

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