Anatomy of a murder (1959)

anatomy_of_a_murder_ver2_xlgDirector: Otto Preminger 
Guion: Wendell Mayes (Novela: Robert Traver)
Producción: Columbia Pictures
Fotografía: Sam Leavitt
Montaje: Louis R. Loeffler
Música: Duke Ellington 
Reparto: James Stewart / Lee Remick / Ben Gazzara / Arthur O’Connell / George C. Scott 
Duración: 160 min
País: Estados Unidos 

Un hombre asesina a otro hombre. ¿El detonante? Una violación de la esposa del primero por parte del segundo. Pretexto suficiente como para que Paul Biegler, entusiasta abogado con afición por la pesca, encauce la defensa del acusado con gusto, esmero y pasión. Vocación bien entendida que hará las delicias del espectador. Se consagra así, Anatomy of a murder, como uno de los grandes dramas judiciales de la historia del cine, y eso que el juicio en sí mismo siempre ha tenido resonancia en el curso del séptimo arte: desde la célebre 12 angry men (1957) hasta llegar A civil action (1998) pasando por The accused (1988). Pocas de ellas, sin embargo, comparten la peculiar distinción que define a esta película: la defensa de un asesino. 

Los personajes del film están muy bien perfilados. En este sentido, la labor de James Stewart es formidable, igual que la de Arthur O’Connell. Entre ambos conforman la defensa del acusado. El cineasta, Otto Preminger, se basa en las inercias y dinámicas de la misma para darle brío a la narración. La atención jamás decae, y no tanto por el suspense que acompaña a los laberintos del caso como por la idiosincrasia del juicio en sí. De este modo, aspectos como la lucha entre los letrados, el peso de la prueba, el manejo de los testigos, la atención del jurado, la investigación jurídica o la voz metódica del juez se convierten en los pilares básicos de este film. A este respecto, puede decirse que Anatomía de un asesinato es una película de referencia, simbólica. Todo se mueve, además, al compás de la música de Duke Ellington, el acompañamiento ideal con el que reflejar la icónica contradicción que representa Lee Remick.

Tenemos frente a nosotros una película rebosante de calidad. Una narración milimétrica que no deja ni un cabo suelto. La fabulosa manera en que se plasman los tejemanejes jurídicos merece una mención especial, así como la profundidad brindada por los personajes. Cine legal de máxima calidad que se aleja de cualquier atisbo de moralidad -asistimos a la enérgica defensa de un asesino- para esculpir una obra contundente. Todo, para mi gusto, se sustenta en un magnífico guion así como en la estupenda interpretación de James Stewart. Un clásico. 

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