‘Casino’. Las Vegas.

Corría el año 1995 cuando Martin Scorsese decidía realizar la mejor película que se ha hecho (y probablemente se hará) acerca de lo que es (o lo que fue) Las Vegas, esa ciudad levantada en medio del desierto de Nevada con un único fin: ganar dinero.

Para ello, el tinglado está montado así: los octogenarios capos mafiosos del Medio Oeste estadounidense invierten en los casinos de la ciudad, en pocas palabras, son los dueños de los mismos. Colocan a gente de su confianza en los altos cargos y demás puestos, aunque la clave principal radica en que mensualmente les llegue a un garito perdido en medio de diossabedonde el maletín con los fajos de dólares. Aún no siendo de la familia, Sam Rotsthein es el mejor en lo suyo, esto es, controla al detalle el mundo de las apuestas. Nunca pierde, siempre gana. Es el tío perfecto para dirigir el Tangiers, y lo hará en compañía de la mano férrea de Nicky Santoro, un gángster directo que se comunica a través de la violencia. Juntos se adueñarán de la ciudad. Uno, Rothstein, lo hará por la vía de lo legal. Es decir, untando de dinero a toda la ciudad (incluidos políticos y jueces) para amansar a las fieras y poder sacar provecho del sistema allí montado. Santoro, en cambio, visiona Las Vegas como un territorio virgen, una especie de anarquía monetaria en la que los prestamistas, traficantes o jugadores campan a sus anchas, sin estar sometidos a extorsión alguna. Ahí está su negocio, ser el capo mafioso del lugar, exportar la idea de la mafia a esta ciudad. En medio de este sueño hecho realidad, se sitúa la femme fatale de Ginger, una sensacional Sharon Stone, de la que quedará prendado Rothstein y que acabará por ser un volcan en erupción imposible de maniatar.

Scorsese te deja descolocado al inicio del film. Hay una auténtica avalancha de datos e imágenes acerca de cómo funciona la ciudad y el negocio. Uno queda anodadado con todo ello. Sin embargo, después de este brusco arranque, el cineasta entra en faena a través del trío protagonista: Sam Rothstein, Ginger y Nicky Santoro. Los dos mafiosos y la puta de lujo serán el centro gravitatorio del film, centrándose el cineasta en relatar la caída y ascensión de los dos gangsters, siendo la femme fatale el termómetro que nos irá indicando y guiando acerca del devenir de los acontecimientos. Todo, enmarcado dentro del contexto del momento: los viejos capos mafiosos, el gobierno local y las dinámicas internas del negocio. Presentada la acción, el cineasta nos vuelve a avasallar con la explosión final, en la que el FBI acaba por desmontar este putrefacto tinglado establecido, sometiendo a juicio a todos los que dirigían el cotarro, con la consiguiente limpieza generalizada que los capos ordenaran con tal de que nadie se vaya de la lengua más de la cuenta, abriéndose así la puerta que liquidará a los viejos tiempos, permitiendo la entrada del capital de las multinacionales en tan rentable negocio.

‘Casino’ es otro más de los excelsos frescos que posee el cineasta en su selecta filmografía, tratando una vez más el tema del costumbrismo gangsteril, con la peculiaridad, en esta ocasión, de trasladar la acción de Nueva York a Las Vegas. Es un retrato de los viejos tiempos en la ciudad del pecado, más en concreto, de los pecadores que levantaron aquélla. No se busca aquí empatizar con las almas errantes que dejaron allí sus vidas, dinero y salud, ni de aquellos tramposos y fulleros que lograban vaciar, de tanto en tanto, las arcas del casino. Es el turno de marcar con una cruz a los que lo movían todo, no dejando escapar a ninguno de los peónes que formaban parte de esta partida, la partida de hacer dinero en la ciudad del pecado y además, en su edad de oro, los viejos tiempos. El ritmo que acompasa la historia es tan pausado como efectivo. Uno se entera de todos los asuntos sucios como si estuviera allí mismo, con esa peculiar armonía narrativa de quién parece estar pintando un simple paisaje, aunque con pulso y vigor. No era fácil resolver con éxito un proyecto tan ambicioso como ‘Casino’, sin embargo, la algarabía y el caos se nos muestran de un modo tan sutil como enérgico, resultando de tal mezcla una brillante narración.

La fascinación por el mundo del hampa, la pasión con la este es descrito, con un detallismo milimétrico, se nos imprega en nuestras retinas, en nuestro coco, acabando presos de esa ensoñación gangsteril que padece un tipo como Martin Scorsese. El éxito, en la vida de los protagonistas de gran parte de sus cintas, nacidos y criados en Little Italy, sólo puede llegar a través de dos vías: la religión o el crimen organizado. La primera se esfuma en ‘Casino’. La segunda se nos marca con fuego. La mafia como sinónimo de triunfo, extrapolada aquí a la ciudad de Las Vegas y al negocio millonario que allí existía, siendo relatada con maestría por el genio Scorsese a través de tres personajes desoladores y errantes, nacidos para la fatalidad, a quienes dan vida unos excepcionales y veraces Robert De Niro, Sharon Stone y Joe Pesci (se ha ganado el Paraíso en la Tierra, por actorazo que es).

8.5/10

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