La strada (1954)

fellini-la-strada-posterDirección: Federico Fellini 
Guion: Federico Fellini 
Producción: Ponti de Laurentiis
Fotografía: Otello Martelli 
Montaje: Leo Cattozzo 
Música: Nino Rota 
Reparto: Giulietta Masina / Anthony Quinn / Richard Basehart
Duración: 108 min
País: Italia

“E anche tu, anche tu servi a qualcosa, con la tu’ testa di carciofo”.

La inocente Gelsomina pasea por la playa mientras recoge alguna rama con la que calentar su hogar. Es la segunda de seis hermanas en una familia sin padre, sin nadie que tome el mando, a excepción de una madre que hace lo que puede, en una época de hambruna económica. Con esas, una noticia sobrecogedora sorprende a la familia: Rosa, la hermana mayor, ha fallecido. La desgracia la cuenta Zampanó, un artista ambulante que aceptará hacerse cargo de Gelsomina a cambio de un buen puñado de liras.   

Obra sencilla, en el mejor sentido de la palabra. Corría el año 1954 cuando Italia conseguía alzarse con la estatuilla a la mejor película de habla no inglesa. Lo hacía gracias a Federico Fellini, gracias a Anthony Quinn y, sobre todo, gracias a la cautivadora Giulietta Masina, actriz desbordante que no solo fue la musa del maestro italiano en buena parte de sus cintas, sino también el amor de su vida. Lo hacía, en definitiva, gracias a La strada, un relato en el que el cineasta se acercaba a un mundo, el del espectáculo en la calle, al que tanto parecía admirar. La resonancia internacional de este film, con el que Fellini conquistó el primero de sus cuatro Oscar, no podía esconder el hecho de que el cineasta de Rimini hubiese coqueteado ya con el neorrealismo italiano propio de los años 40 y 50, pues suya era una película como I vitelloni (1953) y suyo era el guion de uno de los clásicos del cine italiano, Roma città aperta (1945). 

Una tragedia, una tristeza inmensa. Federico Fellini se muestra pesaroso a través de esta odisea por las calles de Italia. El personaje de Gelsomina, maravillosamente encarnado por Giulietta Masina, me parece una de las cumbres de la interpretación femenina. Ella sostiene una historia de amor que no es tal, parcheada por su propia inocencia, tratando de desdibujar la bestialidad de Zampanó. A su vez, Il Matto no es más que una flor marchita, el último rayo de sol antes de la tormenta. La joven muchacha al final perdió la sonrisa, claudicó ante la strada de su tiempo, poniendo el punto final a una película cruel y desoladora.    

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