‘Shivers’. Catástrofe sexual en los aledaños de Montreal.

La torre Starliner es un complejo residencial cercano a Montreal. Sus inquilinos, clase media canadiense, gozan de todas las comodidades puestas a su servicio. Las buenas vistas, las grandes instalaciones y la tranquilidad son sus principales señas de identidad. Sin embargo, todo ello quedará perturbado cuando la gente comience a comportarse de un modo un tanto extraño… ¡váya con los experimentos del doctor!

Original propuesta con la que David Cronenberg mostraba, por primera vez, al gran público su particular idisioncrasia cinematográfica. No es una cinta de zombies al uso. La historia está bien elaborada, tiene un poder de atracción inmediato y, a pesar de contar con cuatro duros, la ejecución no cae en la chabacanería ni el cutrerío (tampoco es la película con más clase y pulcritud del planeta). Además, se añade el componente sexual como rasgo singular de la cinta, lo que acaba por resultar una gozosa combinación entre terror y placer carnal. Vamos, una rareza absoluta para el espectador medio.

Inconcebible para las mentes de muchos, esta historia tan sólo podía salir de la cocotera de alguien tan perturbado y excéntrico como David Cronenberg. Un complejo residencial aislado, una enfermedad contagiosa, zombies que incuban un parásito del todo zafio y un delirio total donde se entrelazan el miedo escénico, el caos apocalíptico y el sexo desenfrenado. Una atmósfera inquietante y lograda para una caída a los infiernos nada convencional. Notable.

7.5/10 

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