‘Tesis’. Me llamo Ángela. Me van a matar.

Alejandro Amenábar deslumbraba a propios y extraños, allá por el año 1996 (cómo pasa el tiempo), con su ‘Tesis’ cinematográfica particular. Admirador del suspense y la intriga, el joven cineasta se lanzaba a manufacturar su propia historia con esmero, talento y pasión. La verdad, el resultado no está nada mal.  

El argumento era incendiario, corrosivo, lacerante. La chispa que encendía la historia no era otra que la tesis de Ángela, quien buscaba doctorarse a través del estudio de la violencia audiovisual. Su director de tesis, Figueroa, tratando de buscar material de estudio para la joven, encontrará una cinta que le causará la muerte. ¿Qué contenía dicha cinta para ocasionar tal impacto en una persona? Hemos entrado ya en el mundo de las snuff movies. Un mundo en el que Ángela caminará con tanto atrevimiento como cautela, rodeada de miedos, horrores y sospechas, tratando de solventar el misterio que envolvía a la muerte de Vanessa, la muchacha protagonista de la cinta. ¿Quién fue su verdugo?  

En líneas generales, y perdonando los errores de principiante (en montaje, dirección y guión), podemos concluir que ‘Tesis’ es una obra de indudable calidad. Una meritoria ópera prima que jugaba con el espectador, introduciéndole en la espiral perversa, malévola y repugnante que azotaba la existencia de Ángela, una excepcional Ana Torrent, al tiempo que le carcomía por dentro en la tarea de esclarecer el misterio abierto entre Chema, Vanessa y Bosco.

Un guión notable, bien hilado y compacto, que se expresaba a través de una narrativa inquietante, tenebrosa. Los pasillos de la Facultad de Ciencias de la Información nos parecían aterradores, asfixiantes. El despacho de un profesor se convertía en una pesadilla, y el archivo en un infierno. Amenábar juega a ser Hitchcock, y lo consigue. Era el año 1996, y llamaba a la puerta del cine uno de los grandes. Mítica.

9/10 

‘8 MM’. Una intriga tan repulsiva como atractiva.

El infalible, dentro del mercado cinematográfico puramente comercial, Joel Schumacher y un guionista de cierta reputación como Andrew Kevin Walker (Seven) nos deleitaban en 1999 con esta sombría, turbia y atroz historia acerca de ese peligroso, sanguinario y repugnante mundo que envuelve a las snuff movies. Todo se desencadenará cuando una ricachona viuda solicite los servicios de un detective privado, tras haber encontrado ésta en la caja fuerte de su difunto esposo una cinta de 8mm que contenía el asesinato a sangre fría de una joven adolescente.

A través de Nicolas Cage, ofreciendo una correcta interpretación, y un, como casi siempre, excepcional Joaquin Phoenix, nos adentraremos en un submundo altamente repulsivo, incoherente, despojado de cualquier atisbo de humanidad y con cierto halo a leyenda urbana. La intriga nos mantendrá en estado de máxima alerta, cautivados por los oscuros rincones encontrados por Cage a través de ese guía del inframundo que es Joaquin Phoenix. Los pasos dados por este dúo irán poco a poco revolviendo nuestros estómagos y mentes a medida que avance la investigación, a medida que observemos esos mugrosos escondites, a medida que veamos las caras de esos colgados y desquiciados personajes que deambulan por ese salvaje mundo. Meritable intriga que puede noquear a más de un inocente espectador, despertando en él las más terribles pesadillas.