‘El club de los cinco’. La culpa fue de nuestros padres.

Cinco chavales indisciplinados deben acudir un sábado, como castigo, al Instituto de su ciudad. Allí les aguarda Richard Vernon, intuyo que el director del insti. ¿La tarea? Escribir un ensayo de unas mil palabras en el que cada uno explique como se ve a sí mismo, cuales son sus expectativas para el futuro. Pronto descubriremos, que no sera fácil escribir tan complicada tarea.

‘El club de los cinco’ es una película en la que John Hughes, un clásico del cine adolescente de los 80, realiza una denuncia social sobre la educación dada a los jóvenes de por aquel entonces (vaya putada crecer con Reagan en el poder). Es un film que se posiciona del lado de los chavales, en el que todos ellos acabarán dándose cuenta de quienes son en apariencia, a ojos de los mayores. Un cerebro (Anthony Michael Hall), un atleta (Emilio Estevez), una irresponsable (Ally Sheedy), una princesa (Molly Ringwald) y un criminal (Judd Nelson). Son las etiquetas que cargan como una losa a sus espaldas, que los llenan de presiones y miedos, que les marcan desde muy niños. Todos, después de ocho horas de encierro (y diálogo), acaban viéndose, sin embargo, en el mismo lado, pese a que en un inicio parecían estar (que lo están) en las antípodas de la sociedad, los unos de los otros.

Spoiler

Memorable es la charla final entre todos los chavales, donde surge el diálogo más poderoso de todos, el relativo al paso del tiempo. Lo que conlleva crecer, ser adulto (con la imagen de sus padres como referente). Las barreras sociales entre unos y otros (que son muchas) las echará abajo Hughes (irónico que el chaval rebelde de clase obrera se ligue a la repipi burguesa, o que el deportista guaperas se lie con la rara del insti), impregnando su historia, quizás, con un final un tanto utópico (a la par que rebelde). En su esencia, estira el chicle del espíritu del 68. Lo gracioso del tema es que la generación aquí retratada, con sus problemas, inquietudes y demás, son los hijos de los niños de papá que montaron la moviola en el susodicho año. Estaría bien mirar por un agujerito a los chavales que se identificaban, en su día, con estos protagonistas, ahora 25 años después. ¿Habrán seguido la pauta marcada por la sociedad? A cada cual con su respuesta, pero el mensaje subyacente en esta historia, en apariencia simple, de adolescentes, sigue muy vivo en la actualidad.

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