‘The English patient’. Conmovedora.

english_patient_ver1“Nuestros cuerpos son los países de este mundo, no las fronteras trazadas en los mapas con nombres de hombres poderosos.”

Son tiempos de guerra. Europa se desangra en un enfrentamiento fraticida que deja, en muchos casos, secuelas irreparables. Es el dolor de la pérdida, del sufrimiento. La herida que sangra a lo largo y ancho de la geografía continental, los vientos de tormenta que conlleva la II Guerra Mundial azotan a los europeos. Ahí, en mitad de la barbarie, es donde enclava su atención el cineasta Anthony Minghella a través de ‘El paciente inglés’, una película de ritmo clásico, cuidadosamente elaborada y absolutamente magistral.

En un monasterio abandonado en lo alto de una colina italiana decide recluirse Hana, una enfermera marchita y penitente. A su vera tendrá a un enfermo terminal, un hombre malherido y derrotado al que apenas le quedan fuerzas ni ánimos para vivir. Ellos dos son Juliette Binoche, conmovedora en esta cinta, y Ralph Fiennes, quienes comparten compañía, sufrimiento y un libro, un libro al que acudir con tal de recordar. Anotaciones, imágenes, sentimientos plasmados en palabras y una inicial que se repite una y otra vez: K. 

La película aguarda en sus adentros una historia de amor tan preciosa como dolorosa. El cineasta consigue emocionar al espectador con una narración servida a fuego lento, adornada por una ambientación de fábula, repleta de personajes espléndidos y con una historia completa, rica y sentimental. Los diálogos están escritos en pleno estado de gracia, mientras que nombres como Kristin Scott Thomas, Naveen Andrews, Colin Firth o el siempre magistral Willem Dafoe enriquecerán un relato al que uno puede recurrir de tanto en tanto, cuando le plazca, pues estamos ante una de esas obras de incansable disfrute.

Un amor furtivo, entrañable, penitente. La eternidad de una espera aguardando a tu ángel de la guarda, en la oscuridad de una gruta, confiando en que aparezca esa luz salvadora. “Sé que vendrás y me llevarás al Palacio de los Vientos”. Una película elegante como pocas que consigue hacernos vibrar gracias al refinado sentimentalismo que destila cada fotograma de su metraje. 

9/10   

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‘Brooklyn’s finest’. Querer y no poder.

Brooklyns Finest movie posterDifícil percibir la grandeza en esta película. Cierto es que el tándem que conformaron Ethan Hawke y Antoine Fuqua en ‘Training day’ (2001) repite aquí con distinta ciudad y personajes pero idéntica temática, guardando un gran parecido en el fondo de la historia. No es lo mismo, en cualquier caso. El culpable principal ya saben quién es: David Ayer. Su nombre no aparece aquí, en su lugar nos encontramos con un tal Michael C. Martin, guionista mediocre de profesión.

Se nota que éste conoce la melodía. Percibes que es un apasionado del género, que se ha empapado de los mejores relatos policíacos y gangsteriles que se hayan hecho jamás. Carece, en cambio, de la destreza para elaborar su propia partitura. ‘Brooklyn’s finest’ es una película sin alma. Lo es a pesar de contar con un gran reparto, en el que Richard Gere, Don Cheadle y el mentado Ethan Hawke salvan del hundimiento absoluto a un guión lleno de flaquezas. 

Tres policías, tres historias que contar. El director, Antoine Fuqua, aporta más rutina que empuje (raro en él) en tal cometido. Todo avanza de un modo gris, sin brillo ni emoción. Le falta vigor, fuerza y sentimiento a este relato. Ni él mismo cree en sus posibilidades. Un total desperdicio, en definitiva, que engrosa esa lista de películas que, sobre el papel, daban para mucho más.

6/10 

‘Following’. Nolan que estás en los cielos.

following-posterEs de extrañar que la ópera prima de un director tan venerado por la crítica moderna como es Christopher Nolan haya pasado casi desapercibida entre los espectadores. Cierto es que ‘Following’ es un producto extraño, estrambótico. En esta obra ya se atisban las cualidades que atesora este gran cineasta, consiguiendo elaborar una intriga ingeniosa, cautivando nuestra atención con esta modesta historia de voyeurs y ladrones, rodada en blanco y negro con apenas unos cuantos miles de dólares en el bolsillo.

Nolan es un funambulista de las imágenes. Su poderío narrativo está al alcance de muy pocos, pero su magia creativa no se detiene ahí, sino que va acompañada de un fascinante gusto por la elaboración de historias intrincadas, perversas y de alto desgaste psicológico. En este último punto, y no tanto en el universo visual, reside la principal cualidad de este film con alma de amateur que el autor rodó con apenas veintiocho años de edad.

En fin, apenas setenta minutos de duración le bastaron al británico para destapar sus cartas frente al gran público. Los más astutos ya vieron entonces que aquí había cineasta de gran proyección, y apenas dos años después alcanzó la fama mundial con la brillante ‘Memento’ (2000). Aquí, en ‘Following’, tienen los primeros pasos de este genio en los que ya se atisban los rasgos principales de su cine. 

7/10 

‘Sideways’. El vino como excusa.

sideways_ver2Alexander Payne es un artesano de los sentimientos. Su filmografía está repleta de obras que destilan humanidad en el sentido más amplio, consiguiendo transmitir de un modo sumamente veraz los volátiles estados de ánimo de las personas. Así sucedía en la melancólica ‘The descendants’ (2011), su mejor película, o en la solitaria ‘About Schmidt’ (2002). Pero el árbol, en cualquier caso, no debe impedir que veamos el bosque. Y es que su cine esconde una ácida caricatura acerca de los vicios y defectos, de las contradicciones y sinsabores, de las alegrías y tristezas, en definitiva, que marcan el devenir de nuestra  sociedad actual.

Un par de amigos, siete días de vacaciones y un coche con muchos kilómetros por recorrer. Eso es lo que necesita el cineasta de Nebraska, además de una suculenta variedad de vinos, para brindarnos un recital espléndido, en el que destaca un Paul Giamatti cautivador, acerca de las mil y una cosas que rodean al mundo del corazón tal como lo entendemos nosotros: citas, divorcios, bodas, rupturas, infidelidades, temores, ilusiones, dudas y qué sé yo cuantas cosas más. 

Su cine tiene mucho de introspectivo, volviendo a pincelar aquí una comedia dramática en la que nos expone un costumbrismo caracterizado por los vaivenes emocionales, los virajes sentimentales, así como las frustraciones y desesperanzas de cada uno. Es la vida mostrada a través de los ojos de Alexander Payne.

‘Entre copas’, en resumen, desentraña de un modo certero y empático todo aquello que envuelve al universo de los estados de ánimo. En realidad, tiene un don especial para mostrar sin tapujo alguno lo idiotas y vulnerables que podemos llegar a ser. Y no me pregunten cómo, pero el cineasta siempre logra adornar sus historias con un toque alegre, divertido y vitalista que hace que uno, además de enamorarse de su cine, termine riéndose de sí mismo. 

8.5/10