‘Following’. Nolan que estás en los cielos.

following-posterEs de extrañar que la ópera prima de un director tan venerado por la crítica moderna como es Christopher Nolan haya pasado casi desapercibida entre los espectadores. Cierto es que ‘Following’ es un producto extraño, estrambótico. En esta obra ya se atisban las cualidades que atesora este gran cineasta, consiguiendo elaborar una intriga ingeniosa, cautivando nuestra atención con esta modesta historia de voyeurs y ladrones, rodada en blanco y negro con apenas unos cuantos miles de dólares en el bolsillo.

Nolan es un funambulista de las imágenes. Su poderío narrativo está al alcance de muy pocos, pero su magia creativa no se detiene ahí, sino que va acompañada de un fascinante gusto por la elaboración de historias intrincadas, perversas y de alto desgaste psicológico. En este último punto, y no tanto en el universo visual, reside la principal cualidad de este film con alma de amateur que el autor rodó con apenas veintiocho años de edad.

En fin, apenas setenta minutos de duración le bastaron al británico para destapar sus cartas frente al gran público. Los más astutos ya vieron entonces que aquí había cineasta de gran proyección, y apenas dos años después alcanzó la fama mundial con la brillante ‘Memento’ (2000). Aquí, en ‘Following’, tienen los primeros pasos de este genio en los que ya se atisban los rasgos principales de su cine. 

7/10 

‘Martha Marcy May Marlene’. Una vida en las tinieblas.

El cineasta, Sean Durkin, contrapone dos mundos totalmente distintos, extremos. Por un lado, una vida sectaria estructurada en torno a una comuna en la que prepondera la opinión de Patrick. En las esquina opuesta, un proyecto de hogar familiar regido por valores burgueses, sometido a los dictados del mercado. En ambos dos está presente una taciturna muchacha. Para unos, Martha. Para otros, Marcy May. La encargada de darles vida es Elizabeth Olsen, quien da un recital interpretativo al enfundarse el disfraz de chica penitente, azotada por una infancia dolorosa, atormentada por una experiencia sectaria nada gratificante y descolocada ahora que ha vuelto a la “realidad”. Todo ello aliñado con un punto de inquietud crónico, rozando la paranoia.   

Thriller tejido con esmero y pulso de hierro que aguarda en sus adentros un verdadero drama, un infierno terrenal que representa a las mil maravillas ese gran actor que es John Hawkes, colosal aquí. Poco a poco, el espectador va adentrándose en el horror, en las tinieblas, sincronizando así su espasmo con el de la protagonista, Marcy May. Lo que originariamente parecía un estilo de vida tan atractivo, tan bondadoso, termina por ser una pesadilla de la que difícilmente uno logra escapar. Hiriente y perturbadora, la narración busca la objetividad, exponiendo los hechos para que el espectador juzgue libremente. Por tanto, un canto encubierto al american way of life que pasa por ser una de las mejores películas de la cosecha del 2011.

8/10   

‘The machinist’. Densa trampa.

La película se me torna excesivamente densa. Uno ve a la legua que algo falla en la narrativa de Brad Anderson. La paranoica existencia de Trevor Reznik, cargada de angustia y asfixia cotidiana, queda evidenciada en un rostro y un cuerpo que no soportan más las penurias del insomnio. Sin embargo, el punto hiriente, de escalofrío, no termina de llegarme. Todo se vuelve previsible en esta historia. El final, continente del leitmotiv del film, termina por levantar de nuevo el interés del espectador, pero ya es demasiado tarde.

Brad Anderson y Scott Kosar juegan con nosotros. Prometen un thriller psicológico que termina por esfumarse, convirtiéndose a la postre en un “dramón” de sobremesa. El primero es previsible, denso y grisáceo, mientras que el segundo aún estando conseguido, llega a destiempo y de modo inoportuno. ¿Lo mejor? La terrible veracidad que consigue transmitir en su interpretación Christian Bale. Él es quien permite que esto no se derrumbe totalmente.

En fin, las altas expectativas con las que acogía a ‘The machinist’ no se han visto satisfechas. Lo achaco, primero, a un guión farsante y, luego, a una narrativa a la que le falta pulso (imagínense esto en manos de Shyamalan o Nolan). En cualquier caso, lo dicho, sólo por Bale ya merece la pena darle al play.

6.5/10

‘Take shelter’. Una quietud hiriente.

En el pequeño pueblo de Ohio en el que vive Curtis, los días pasan con total armonía y calma. Así, él, durante la mayor parte de su tiempo, va a trabajar como operario de obra. Luego, cuando llega a casa, le gusta, además de pasear a su perro, estar junto a su querida mujer y darle mimos a su enferma hija. Lleva una vida modelo dentro de la clase media estadounidense que, no obstante, pronto se verá enturbiada por un estremecedor suceso: visiones desalentadoras, violentas y claustrofóbicas.

Michael Shannon demuestra, con creces, que es un gran actor. Además, el papel le va como anillo al dedo a un rostro, el suyo, ya de por sí desquiciado. Consigue transmitir la angustia a la que se ve abocada su personaje. Le acompaña en el reparto una de las sensaciones de la temporada, la formidable Jessica Chastain en el papel de mujer atormentada, cargada de pesar y preocupación por la obsesiva conducta de su marido acerca de la construcción de un refugio propio de tiempos de guerra.

El apocalípsis en manos de Jeff Nichols. Brillante historia, tan quieta como hiriente. La narrativa es pausada, serena. Nos impregna, sin embargo, un ritmo in crescendo tan sutil que cuesta percibir el camino recorrido desde la placidez inicial a la desazón final. El sendero entre un extremo y otro es del todo paranoico, sirviéndose el cineasta, para conseguir tal propósito, de piezas tan básicas como una grúa y un refugio. 

En fin, un magistral drama familiar, desgarrador hasta el punto de jugar con la salud de la chiquilla, agitado por las premoniciones distópicas del padre, auténtico motor de combustión de esta calamitosa y penitente historia. Una de las mejores películas del año.

8.5/10