‘Ahora me llaman Señor Tibbs’. La puta, el predicador y el incrédulo.

Virgil Tibbs vuelve a la carga después de su oscarizada ‘En el calor de la noche’. En esta ocasión, deberá resolver el asesinato de una prostituta. Un misterio por resolver en el corazón de San Francisco.

La pieza está compuesta por el hombre que encuentra el cadáver, el portero del edificio. Un mafioso de tres al cuarto, dueño de la finca y amante de la muerta. Un íntimo amigo de Tibbs, el predicador Sharpe, también amante de la muerta. La policía, encargada de la investigación. Y Tibbs, cómo no, quien llevará a cabo una investigación paralela para probar la inocencia de su gran amigo el predicador.

‘Ahora me llaman Señor Tibbs’ no alcanza, ni mucho menos, el nivel de su predecesora. El desafío entre Poitier y Landau, el comprobar si su gran amigo es inocente o no, te mantiene en vilo. Sin embargo, no acaba de llegarte del todo. Uno no acaba carcomiéndose por dentro viendo el clarecer del misterio. Le falta un poco de salsa a la intriga. Además, hay cierto empacho de conflicto familiar en el hogar del Sr Tibbs que acaba minando el conjunto del film. Pese a todo, recomendable entretenimiento.

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