‘Treme’. Segunda línea.

No me gusta extenderme en asuntos como este. Me refiero a que series de televisión como ‘The wire’ (2002) o ‘Treme’ (2009), ambas paridas por el genial David Simon, no requieren de presentación alguna. No hay más que sentarse delante de la pantalla, darle al play y disfrutar. Disfrutar de verdad.

New Orleans. Poco tiempo después del Katrina. Barrio de Tremé. Buena música. Tristezas y alegrías. Una ciudad degradada. Caer y levantarse, luchar. Una copa. Mardi Grass. Un garito humeante. Indios y policías. Trompetas, pianos y saxos. La cuna del jazz. Pequeñas historias personales, íntimas, sufridas. Músicos callejeros. Batallas de cada uno que acaban por formar parte del tablero de esa entrañable ciudad. Y un azote en la conciencia, poner el dedo en la llaga. Subirse a un ferry y escapar. O estar en la segunda línea y aguantar. Entre la melancolía y la felicidad. Entre el jolgorio y el desasosiego. Entre la desesperación y el desenfreno.

Lo dicho, esto es ‘Treme’, sobran las palabras. Simplemente, hay que verla.

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