‘Sinister’. Terror con encanto.

Sinister_posterSe abre el telón. Aparecen cuatro personas colgadas de una soga atada a un árbol. Agonizan y presenciamos como mueren tan dolorosamente. Es el inicio de ‘Sinister’, la nueva obra de Scott Derrickson. Terror sobrenatural de muy buen ver.

El peso pesado del film no es otro que Ethan Hawke, buen actor, encargado aquí de interpretar a un apasionado de la escritura criminalista. Con esas intenciones aterriza, junto a su familia, en la casa donde antaño se perpetró tan atroz crimen. Él busca la verdad, hacer justicia y dar por fin con su personal ‘In cold blood’. 

Con todo, el resultado es digno e interesante. No hay cutrerío en la narración de Derrickson, lo cual ya es de agradecer. No diremos que estamos ante la nueva ‘The changeling’ (1980), pero sí contiene algo de aquella melodía. Resten, primero, profundidad argumentativa y tensión narrativa al clásico de los ochenta con tal de añadirle, después, un toque comercial que servirá para dar, en definitiva, con ‘Sinister’. Terror con encanto.

6.5/10 

‘What lies beneath’. Inquieta serenidad.

Asfixiante intriga con tintes sobrenaturales en la que Robert Zemeckis impregnaba a su narrativa de una tensión lacerante, conformando así un claustrofóbico paisaje que iba cogiendo forma, y de qué manera, gracias a la brillante interpretación de Michelle Pfeiffer y la encomiable labor, como secundario, de Harrison Ford.

La inquietud se convierte en el medio elegido por el director para imponernos su recital visual, siempre con el trasfondo de resolver una historia tan adictiva y misteriosa como brillante y terrorífica. Una casa cerca del lago, una fotografía y un cuarto de baño. No hacen falta muchas más cosas para tejer una de las mejores intrigas de los últimos tiempos. Servida a fuego lento, reserva un justo espacio a la paciencia y parsimonia, dotándose así de un ritmo in crescendo que terminará por incendiar nuestras pantallas de televisión.

Háganme caso y vean ‘Lo que la verdad esconde’. Una acertada combinación de distintas melodías que termina por sonar a la perfección. El gran Robert Zemeckis da muestras de su polivalencia cinematográfica, de su virtud narrativa y termina por sentar cátedra en un género que, hasta la fecha de estreno de esta cinta, le era desconocido. Totalmente minusvalorada.

8/10

‘The shining’. Terror.

Inquietante historia de Stanley Kubrick que conseguía aterrorizarnos a través de una de las vías, habidas y por haber, más espeluznantes que podía emplear: la familia. ¿Alguien imagina a su padre deseoso de descuartizar a uno mismo con sus propias manos? Mejor no, ¿verdad?.

Esa idea era la punta del iceberg en el film del maestro. Detrás, eso sí, se escondía una fantástica historia de espíritus malignos, dones telepáticos y sangrientas leyendas que merodeaban en los alrededores del famoso y mítico Hotel Overlook.

La potencia visual de Kubrick, más de una (y dos) escenas para la posteridad, conseguía meternos de lleno en la paranoica, escalofriante, angustiosa y claustrofóbica historia que aquí nos tenía preparado. Se servía también de una banda sonora del todo truculenta e inquietante, esto es, el acompañamiento ideal para el plato principal, además de unas interpretaciones brindadas en auténtico estado de gracia por el trío protagonista. A este respecto, destacar el genial papel de Shelley Duvall, quien muta increíblemente desde la sumisión al horror total. Sin olvidarnos del mítico papel de Jack Nicholson, quien, la verdad, consigue acojonarnos a través de una cosa tan fácil como es la de poner cara de desquiciado absoluto. Vamos, que todo (lo aquí nombrado y lo que no, por ejemplo la fotografía de John Alcott) es un lujo en ‘The shining’.

En definitiva, pasen y vean. Esto es cátedra de terror en estado puro, exprimiendo ésta la receta que combina el mundo “natural” (papá, mamá e hijito) con el paranormal (espíritus y leyendas), guiado todo por la mano de Dios, digo de Kubrick, quien emplea los mil y un recursos técnicos , ésos que él mejor que nadie sabía utilizar, para deleite de los frikis (los hay, y son muchos) y de nuestros ojos, dando como resultado una escalofriante historia que aterrorizó, aterroriza y aterrorizará la cocotera de más de uno.

9/10

Spoiler

El Hotel Overlook se construyó previa matanza. Esto es, buena parte de la población indígena que habitaba en las montañas de Colorado se opuso a la construcción del hotel porque, básicamente, iba a ir asentado encima de uno de sus cementarios. Sacrilegio total.

Doy por hecho que esto quedó estigmatizado entre las paredes y habitaciones del hotel, pues en cada rincón se percibía la esencia maligna y primigenia que reposaba en aquel ingrato lugar. Por tanto, era imposible que los huéspedes de tal sitio tuvieran una velada tranquila y confortable, como si los espíritus indígenas buscaran una venganza eterna.

Ya se lo predijo el cocinero al muchacho, sabiendo el primero que este segundo poseía su mismo don: el resplandor. Esto no era más que una habilidad telepática que permitía percibir sensaciones que el resto de los mortales no conseguían sentir. Sin embargo, estando en el Hotel Orverlook, esto se convertía en una auténtica desventaja.

El infierno (baños de sangre, carnicerías, muchachas descuartizadas, la habitación 237) que azota al muchacho, lleno de maldad, horror e ira, le inquieta. Le inquieta tanto que se vuelve asustadizo, deseoso de salir de allí. Su padre, Jack Torrance, sin entender todavía muy bien por qué, también será atrapado por las redes espirituales que allí perviven, con la diferencia, respecto a su hijo, que a él le gusta lo que percibe. Se siente cómodo entre aquéllos horrores, refugiándose así de la soledad, aislamiento y claustrofobia que están volviéndolo loco. Ente mitad de ambos, se encuentra la esposa. ¿Qué hacer? ¿Qué le sucede a su hijo? ¿Han sido las fechorías del padre, o los temibles espíritus, el leitmotiv para su horror? El caso es que ella está del lado de su hijo, tratando de evadir el espíritu maligno del hotel, ése que a ultimísima hora ya percibirá de un modo pleno, aterrorizándola más aún si cabe que la figura de su desquiciado esposo.

El resto es conocido por todos. La lucha entre el bien y el mal, dada dentro de una familia estándar. Esquivar a los maléficos espíritus, como buscan hacer madre e hijo, o caminar devótamente hacia ellos, como hace el padre. Inquietante.

¿La foto final? Puese como Kubrick deja el final abierto, cada uno que lo entienda a su modo. Yo me apunto a la teoría de que la imagen nos transmite la esencia del mal. Es decir, todos los ahí reunidos, incluidos Jack Torrance, han sido cautivos del mal desde que el hotel fue construido. Es la maligna herencia espiritual, transmitida de unos a otros.  Primero fue Delbert Grady y su familia. Ahora le tocaba a Jack Torrance. Pero seguro que antes de éllos hubo alguien más. No es posible escapar del mal, como parece decirle, en la mítica escena del baño, Grady a Torrance cuando le recuerda aquello de “tu siempre has estado aquí“. No creo que se refiriese a Jack como padre de familia, sino a Jack carcomido por el mal. Un mal que, efectivamente, siempre ha estado allí.  

‘Intruders’. Made in Fresnadillo.

“Carahueca despertó, porque alguien había dicho su nombre; tras muchos, muchos años, era libre. No era joven ni viejo, ni feo ni guapo; no tenía forma, ni siquiera tenía… cara. Se acordaba de un niño con una cara parecida a la suya; Carahueca tenía que encontrarle”.

Dos mundos distintos. Madrid y London. Son familias separadas, aunque conectadas por un mismo elemento: unos intrusos, mitad fantasmas mitad monstruos, que aterran a los niños. Es la premisa a partir de la cual parte este cuento de terror, ciertamente pueril, que nos es servido mediante una impecable factura técnica, y que trata acerca del pánico, bien aquel que sienten los niños ante lo desconocido, bien el que ataca a los adultos frente a lo conocido.

Intruders es una obra notable. La poderosa narrativa nos transporta por los entresijos de la ingeniosa historia ideada por Jaime Marqués y Nicolás Casariego (este, perteneciente a la estirpe literaria de los Casariego). Eso sí, quién acuda al cine en busca del típico terror barato (no tiene porqué ser despectivo), se llevará un buen fiasco. Aquí no se trata de sustos y gritos. Este es un terror pulcro, inteligente y sobrenatural, que le sigue el rastro, aunque todavía de lejos, al maestro de maestros dentro del género, M. Night Shyamalan.

Fresnadillo busca jugar con el espectador. Confundirlo, despistarlo mientras le inquieta, le atrapa y le carcome el sistema nervioso hasta la resolución del misterio. Clive Owen no era preciso para engatusar al espectador, pues de astucia aquí va sobrado el cineasta español, aunque sin duda, un peso pesado como él, nunca está de más en el cartel.

En fin, cinta servida a través de una atmósfera tan cautivadora como inquietante, con un brillante guión (puede que algo cogida con alfileres la resolución), un buen reparto y una narrativa magnética y astuta. No es una obra maestra, pues carece de ese punch especial que otras cintas sí tienen, lo que no quita para que, en su conjunto, ‘Intruders’ suponga una bocanada de aire fresco para el espectador. Importante que todavía existan cineastas tan prometedores como Fresnadillo.

7.5/10

‘Hereafter’. Vida y muerte.

‘Hereafter’ es una experiencia que conviene vivir. Ni ciencia ni religión han conseguido desvelar el misterio de lo que nos viene después de la muerte. La nada, la otra vida, quién sabe. Clint Eastwood tampoco consigue resolver tan enigmático misterio (faltaría más), no obstante, se deja atraer por la luz para contar una historia llena de sentimiento, de emoción, de afecto. Satirizando por momentos la simple farsa de los impostores, el cineasta camina con cautela en un tema tan espinoso como es el del más allá, sabedor de que nos está contando una historia a la que conviene arrimarse sin prejuicio alguno, pero alejándose, a la vez, de imposturas y pedanterías. Simplemente, con su maestría y buen hacer, nos hace sentir como propia una experiencia tan extrañamente humana. Gracias Clint.

Spoiler

Las tres historias, inconexas en un principio, que conforman esta cinta, destellan distintos niveles de virtuosismo, englobándose, eso sí, todas ellas, dentro de una calidad difícil de conseguir en una trama argumentativa de este tipo. El caso francés, con Marie Lelay a la cabeza (Cécile de France), es de largo el más fatigoso de los tres. No obstante, a él le debemos uno de los mejores y más escalofriante/inquietante/espeluznante/aterrador inicios de los últimos años. La historia que gira en torno a Matt Damon es de buena calidad, identificándonos con esa alma en pena que busca vivir la vida y no la muerte, huir de ese don (maldición) que la naturaleza le ha asignado. Alcanza su máxima expresión con la entrada de Bryce Dallas Howard en su cotidaneidad. La última, la del chiquillo, al que dan vida por igual George y Frankie McLaren, es de largo la mejor historia de las tres. La pena, la tristeza y la soledad que rodean a ese muchacho se nos impregna profundamente, siendo ésta la vertiente más emocional de la historia, esa que busca un clavo ardiendo al que aferrarse en forma de esperanza.

‘La niebla’. Singular incursión en el mundo del terror.

Que un director como Frank Darabont salte al género de terror, desde mi punto de vista, es un lujo. Alguien que nos ha regalado obras impagables como ‘Cadena Perpetua’ (1994) o ‘La milla verde’ (1999), comienza a aventurarse en el cine de terror (estrena serie este año, ‘The walking dead’), aunque bien es cierto que comenzó su andadura cinematográfica con una interesante cinta terrorífica titulada ‘Enterrado vivo’ (1990). Se volcaba, en este caso, en la readaptación de la novela de Stephen King, tanto en tareas de dirección como de guión. Cabe resaltar que un tal John Carpenter ya había hecho lo propio en 1980 con el estreno de ‘The fog’.

‘The mist’ tiene un inicio escalofriante, cargado de intriga bien elaborada. La tensión te atenaza cuando ves esa niebla gigante comerse la ciudad hasta chocar con el supermercado, el refugio de nuestros protagonistas (curioso). De largo, este inicio es el punto fuerte del film. Luego, el bueno de Darabont patina en ciertos aspectos (el tema del ejército está bastante cascado, y tanto bichito queda fuera de lugar), pero alza el vuelo con un sutil retrato de lo que es la humanidad a través de los personajes enclaustrados ante la muerte rememorando a clásicos como Montesquieu, Hobbes o Rousseau y azotando con el tema de la religión (muy buen trabajo de Gay Harden). El final bien es cierto que te aterroriza , te jode. Después de todo te queda un regusto amargo con este producto, no sabes bien por donde tirar. No sabes si has visto una película académica y seria (qué cosa), un producto de gore cutre o un zafia adaptación del mundo de Stephen King (al estilo ‘El cazador de sueños’). Probablemente, haya visto un remix de todo ello. Terror rodado con estilo de autor grande (cierto toque a Shyamalan) que incita a la reflexión pero sin olvidar su esencia. El resultado es una cinta novedosa, conseguida y singular. No conviene dedeñarla.

‘La morada del miedo’. 315.

Ni suceso real ni leches. ‘La morada del miedo’ basa su historia en la película ‘Terror en Amityville’ (1979) de Stuart Rosenberg, de hecho, ambas dos comparten en su versión original el mismo título: ‘The Amityville horror’. Independientementa de la comparación con aquélla, cabe decir que es otra historia más de las que ahonda en el tema de la casa encantada. En esta ocasión, serán una joven pareja (unos correctos Ryan Reynolds y Melissa George) y los hijos de ella a quién les toque soportar las mil y una inclemencias.

Juzgándolo como film singular, sin tener en cuenta el original sobre el que descansa, me parece una obra limitada. El tema familiar (conflicto) languidece un tanto el conjunto, más aún si tenemos en cuenta que era demasiado previsible que al pobre Reynolds le tocaría hacer de malo (bueno). El cura parece un pegote, y la chiquilla acaba hastiándonos. Abusa un tanto de la invocación a los muertos (con el consiguiente susto). Más allá de eso no le veo el terror al film (la causa no está bien conectada con los efectos). Se deja llevar por lo fácil y el topicazo. Pese a todo, no aburre. Véanla.

‘El incidente’. Sabia naturaleza.

Bombazo inicial, al gusto de Shyamalan. Nos desconcertamos con lo presenciado. En Central Park (New York) y aledaños la gente comienza a comportarse de manera extraña, quitándose la vida. De pronto viajamos a Philadelphia (punto neurálgico en los films del hindú), donde la noticia sobre la pandemia corre como la pólvora, aterrando a cada uno de nuestros protagonistas, quiénes decidirán huir despavoridos hacia el oeste.

‘El incidente’ es una obra menor en la filmografía de M. Night Shyamalan. Ello no quiere decir falto de calidad. Al contrario, es una película sobrada en ese aspecto. Comparte con sus antecesoras la sublime fotografía (Tak Fujimoto), una inquietante banda sonora (James Newton Howard) y una dirección, como siempre, de altura a manos de M. Night (gran potencia visual, minucioso, detallista). Es una historia que evoca en cierta manera a la mítica ‘Los pájaros’ (1963) de Alfred Hitchcock, sólo que sustituye a los perturbados voladores por una hierba malévola que se mueve a golpe de viento. Además, el cineasta sigue en la misma línea que ‘Señales’ (2002), situando al espectador casi en primera persona frente al terrible acontecimiento. Allá eran extraterrestres. Aquí son toxinas que conducen al suicidio. El hindú crea una impactante empatía, viviendo la acción como si de nosotros mismos se tratase. Añade, además, ciertos elementos sentimentales para aumentar el vínculo entre espectador/personaje (infidelidades, orfandad, soledad ante la muerte). Después de todo el frenético y desasosegante recital, el cineasta decide golpearnos con una moraleja final que pone, muy sutilmente, el dedo en la llaga: hemos sido malos con la naturaleza y ahora ella se cobra su venganza (particular canto ecologista). Inquietante historia, magistral Shyamalan.

‘El bosque’. Magistral.

 Las naciones se modernizaban siglos atrás a pasos agigantados. Los hombres y mujeres huían del campo camino a la ciudad, en busca de un porvenir mejor. Llegaron las grandes masificaciones, las grandes urbes. También llegó la degradación, la vida precaria. Los analfabetos campesinos vagabundeaban entre masas de hormigón. Con la modernización vinieron los burgueses y los proleterios, también llegó Marx y el ‘Manifiesto comunista’. La educación avanzó, también otros derechos sociales en previsión de una revolución dañina para el capital. La lucha de clases, se extinguió (quiero decir, se perpetuó). Lo disimularon bien a través de esa cosa llamada “clase media” propiciada por el Estado del Bienestar. Sin embargo, seguía habiendo bolsas de marginalidad que incitaban a la delincuencia, o ritmos endiablados derivados de esa obsesión por el reloj, por la jornada laboral. Las ciudades eran adrenalínicas, peligrosas, violentas. Las aldeas y pequeños pueblos eran silenciosos, miserables y fantasmagóricos.

La aldea, el bosque y la ciudad. En la aldea viven los aldeaños, gente que vive del campo, en consonancia con la naturaleza. Están cargados de bondad, aprensivos ante lo superfluo de nuestra civilización. Son inmunes al materialismo, se refugían en su vida en comunidad, con sus pequeñas normas y valores. Viven en calma, sin saber lo que es un reloj, disfrutando del placer en sí del aire, de la tierra, del agua, de la noche, de la niebla. Con ello, son felices. Además, como el resto de mortales, utilizan el amor como motor de combustión para el día a día, iluminando éste sus rostros con una plácida sonrisa. Sin embargo, los aldeaños tienen un temor, un miedo. Oyen ruidos provenientes del bosque, son truculentos. Temen al color rojo y se refugian en el amarillo. Para protegerse de los malvados horrores del bosque, hicieron un pacto con las bestias de allá. Si aquéllos no entraban en la aldea, ellos no lo harían en el bosque. Por si acaso, establecieron torres de vigía. Las miras de éstas no alcanzaban más allá del bosque, donde los aldeaños suponían a la ciudad. Una ciudad que jamás habían visto, tan sólo era un constructo, una imagen transmitida de boca en boca, de mente en mente. En este mundo y para esta cultura, la ciudad era lo más parecido al infierno.

En fin, que con todo llegó M. Night Shyamalan, un dios en el olimpo del cine que quiso elaborar una historia de esta pequeña pincelada que he dado. Una historia de renegados del sistema, de exiliados, de gente con esperanza de encontrar un sitio mejor. Pusilánimes que huyeron de una civilización que no creyeron suya. Se refugiaron tras los bosques. Vivieron en calma, se enamoraron y tuvieron hijos. Formaron un consejo e impusieron unas reglas. Unas reglas que respetar a lo largo del tiempo. Unas reglas que marcaban su existencia, retratada ésta de una magistral manera por un cineasta que realizaba un ejercicio tan inteligente como esquivo. Disfrazada por el marketing como una película de terror, ‘El bosque’ no encontró a su público, siendo dilapidada por la multitud. La esperanza que buscaban esas pobres almas entre tanta tiniebla no consiguió el reconocimiento justo. A mí me parece una obra maestra, un intelectual ejercicio de jugar con el espectador, de engañarnos como a chiquillos. La banda sonora y la personalidad visual (más caravaggiana que nunca) están a la altura de las circunstancias. Y la historia es narrada de una manera magistral, cátedra. Tanto de tan poco (qué importancia el personaje de Adrien Brody, y el amor). Combinando, cómo no, lo terrenal con lo fantástico, quedando todo ello tan (sobre) natural.

‘Frágiles’. La terrorífica historia de la niña mecánica.

‘Frágiles’ es una película de misterio en la que la historia se va cociendo a fuego lento.  En ella, los niños, los personajes fetiches del cineasta, son el sustento principal de un argumento que nos lleva a un solitario y aislado hospital. Un hospital con cierto aire fantasmagórico, cargado de leyendas oscuras que giran en torno a la niña mecánica. Calista Flockhart, en su papel de enfermera atormentada, se encariñará con una de las muchachas, la cual le dice ver visiones, abriéndonos la puerta a lo aterrador.

Jaume Balagueró nos deleitaba con esta, obviando el descrédito de OT, su tercera película, cumpliendo con creces, consolidándose y demostrando que es capaz de realizar terror de calidad. Un terror que se combina con el misterio, con la intriga, con el esclarecimiento del caso. Todo, sin abusar en demasía del susto fácil.  Además, el cineasta catalán, le da un toque emocional con una fantasía complementaria que inyecta algo de sentimentalismo y sirope a tan punzante historia. Buena película para pasar un mal rato. Si quieren sufrir (el terror lleva aparejado consigo un toque masoca), véanla.