The Godfather: Part II (1974)

padrinoDirección: Francis Ford Coppola
Guion:
 Francis Ford Coppola / Mario Puzo (Novela: Mario Puzo)

Producción: Paramount Pictures
Fotografía: Gordon Willis 
Música: Nino Rota / Carmine Coppola 
Montaje: Barry Malkin / Richard Marks / Peter Zinner
Reparto: Al Pacino / Robert De Niro / John Cazale / Diane Keaton / Talia Shire / Robert Duvall / Lee Strasberg / Michael V. Gazzo / Morgana King / Oreste Baldini
Duración: 200 min
País: Estados Unidos

Esta es, bajo mi punto de vista, la mejor película que se haya hecho jamás en esto del cine. Esta y El Padrino (1972), su predecesora. Es la familia Corleone, viviendo la etapa posterior a la II Guerra Mundial y destripada tan elegante como minuciosamente por el maestro Francis Ford Coppola. Apenas habían pasado dos años del estreno de la primera parte, y digamos que ha habido ciertos cambios, pues la Familia está instalada en Reno, lejos de Nueva York, tiene sus intereses ocupados en “legítimos” negocios hoteleros de Las Vegas y, principalmente, se alzan con la hegemonía en el panorama gangsteril del momento. ¿Cómo vive esta situación el Don de la Familia, Michael Corleone?

Ese es el interrogante principal al que responde Coppola en esta fabulosa película. La figura de Michael Corleone, interpretada a las mil maravillas por Al Pacino, queda al descubierto, totalmente desnuda, vulnerable. ¿Cómo consiguió hacerlo su padre, Don Vito? ¿Por qué con él todo encajaba a la perfección? “Los tiempos cambian”, se dice para sí mismo, pero el caso es que el mundo que le rodea parece hundirse. Las hienas le acechan en la oscuridad, las perfidias provienen de sus más allegados y sus ojos no dan crédito a todo lo que le está sucediendo. Connie, Kay, Fredo… su vida, la vida de su familia, se desmorona. ¿Cómo controlar el negocio si ni siquiera puede controlar a su familia? Qué poco le es necesario a Coppola (los personajes de Hyman Roth, Pentangeli y el Senador) para abrir esta tormenta de sentimientos que, en esencia, representa El Padrino II.

La fría expresión de Michael Corleone se mantiene, también sus calculadas maneras. Es un estratega inteligente y astuto, pero solitario. Ya no le queda nadie, ya no confía en nadie. Tom Hagen, su escudero más leal, es quizás el último recodo donde apoyarse. El poder le ha vencido, una destrucción íntima ha arrasado con su persona. Es la angustia del Don. Cuánto echa de menos a su padre. Tanto como Coppola, quien brinda un monumental tributo a la figura de Don Vito, desde su niñez en la cálida Sicilia hasta su despertar en Little Italy. El recorrido por la genealogía de la familia Corleone queda de este modo perfectamente plasmado: el retrato de la Familia está preparado para su exhibición.

Obra maestra, sin más. Es el mejor Coppola que uno pueda recordar. Son 200 minutos de cine auténtico. Más de tres horas que pasan volando, casi sin darte cuenta. Han pasado dos años, pero todo sigue igual. Así, la fotografía de Gordon Willis es magistral (fabulosa la escena de la Estatua de la Libertad), tanto como la melodía imposible de olvidar de Nino Rota. Todo al abrigo que ofrece el guion de Mario Puzo, pura emoción. Y sí, aquí ya no está -al menos, de cuerpo presente- Marlon Brando, pero aparece Robert De Niro para brindar la que probablemente sea la mejor interpretación de su extensa y talentosa carrera. No es el único que brilla, por supuesto. Al Pacino consigue transmitir esa insensata sensación de fría cercanía; está colosal. Igual que la sufrida Talia Shire, el desvalido John Cazale y, gusto personal, los inolvidables personajes a quienes interpretan tan tan bien Diane Keaton y Robert Duvall. Perfecta, así es El Padrino II; sentimiento convertido en cine y una escena, la del lago, que nunca podré olvidar. 

vitojong

Qué decir sobre… «American hustle» (2013)

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Dirección: David O. Russell

Guión: David O. Russell, Eric Singer

Fotografía: Linus Sandgren

Música: Danny Elfman

Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy, Crispin Struthers 

Reparto: Amy Adams, Christian Bale, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Michael Peña, Robert De Niro 

Sin palabras. Una película cautivadora. El guión elaborado por David O. Russell y Eric Singer no deja ningún cabo suelto, proponiéndonos una intriga tan adictiva y persuasiva como habilidosa. Nos engatusa cual gran estafa, y eso que nos llevamos al bolsillo con gusto. Pero claro, la película la firma quien la firma. Todavía no entiendo el porqué, pero sus trabajos siempre conllevan una campaña de desacreditación tremenda. Sucedió con Silver linings playbook (2012), y sucede ahora con American Hustle. “Sobrevalorada” es el calificativo de moda entre la crítica. Pues bien.    

Todo brilla con luz propia en esta película. El soundtrack es preciso y atinado. La historia, los diálogos, las miradas y las distintas situaciones son un espectáculo mayúsculo. El montaje es de escándalo. Además, el poderío narrativo de David O. Russell, tan engalanado y personal, nos atrapa sin dejar más opción que disfrutar de este alocado descenso por los rápidos y cascadas que caracterizan al mundo de las estafas. Mención especial merece un apartado que nunca destaco pero que aquí tiene una trascendencia fundamental: el diseño de vestuario. Una locura el provecho sacado a la natural belleza de Amy Adams. Elegante y coqueta, una mujer liberada con estilo, propia de la época en la que se ambienta la película (1978). Las camisas de seda con las que viste marcan un antes y un después. Un espectáculo en sí mismo.

No podemos pasar por alto, a su vez, el bestial trabajo realizado por el reparto. Son el principal activo del film. Un derroche portentoso, acaparador. Mires donde mires, encontrarás algo a lo que agarrarte. La mejor de todos sea, probablemente, Jennifer Lawrence en su papel de macarrónica esposa. Siempre lo digo, desde que la vi en Winter’s bone (2010) me pareció una actriz descomunal. No lejos de ella anda Amy Adams, quien, sin embargo, va descendiendo en importancia conforme avanza la película. En cualquier caso, tiene un peso capital en este relato.

jennifer lawrence amy adams american hustle

Del lado masculino, Christian Bale realiza un notable trabajo interiorizando a ese astuto barrigudo. Por su parte, los ojos de Bradley Cooper cada vez que sale un nombre nuevo en la investigación son una gozada (tanto como sus rizos). El quinto en cuestión es Jeremy Renner, actor camaleónico, estupendo aquí a la hora de interpretar al típico alcalde casposo de turno. Y falta uno, el tapado del cartel. No diremos quién es por no destrozar el punch y efecto sorpresa que conlleva. Una mirada le basta para dejar claro quién manda cuando él está de por medio.       

No puedo disimular que American hustle me ha gustado bastante. Todo aparece underskin en esta narración. Nada es lo que aparenta ser, pues no podía ser de otra forma en un relato repleto de embaucadores, políticos, federales y gangsters. La manipulación es un arte, parece querer decirnos David O. Russell. Y lo hace de un modo asombroso. Momentazos. Una película redonda, llena de matices, acerca del universo que rodea al timo. Un thriller, en resumen, potente y con buen pulso.

9/10    

‘The untouchables’. Chicago, años 30.

losintocablescine-600aFantástica película sobre el mundo del hampa. La acción se enmarca en el Chicago de los años 30. Tiempos en los que la Ley Seca imponía al resto de la sociedad el pensar de los puritanos estadounidenses. Tiempos de gloria para el contrabando y el negocio ilegal en torno al alcohol. Eran los tiempos de Al Capone.

La colosal lucha entre Eliot Ness y Capone es una verdadera delicia. El timón de la historia lo lleva un tal David Mamet, quien hila un férreo guión puesto en manos de Brian De Palma. Para quienes se atrevan a criticar a éste, aquí tienen como réplica varias escenas para la inmortalidad que quizás les hagan cambiar su opinión respecto al mismo. ¿Mi favorita? La mítica estación de tren, magistral.  Por no hablar del asalto a la casa del oscarizado Sean Connery. Un poderío narrativo al alcance de muy pocos. 

El reparto, además, es fabuloso. Desde Kevin Costner hasta Sean Connery, sin olvidar a un joven Andy García. Y sí, De Niro se gusta interpretando a Al Capone. Muchos ingredientes, súmenle la música de Morricone y la acertada recreación de la época, para elaborar una verdadera joya cinematográfica. Un trabajo sensacional al que únicamente le pondré un pero: el montaje. ¿No hubiese resultado mejor con un poco más de clasicismo, esto es con veinte minutos más de metraje?

8.5/10  

‘Silver linings playbook’. Sombras, tinieblas, fantasmas… sonríeles.

posterPequeña nota al pie: cuando una película está nominada en las ocho categorías más importantes de los Oscar (película, director, actriz, actor, guión, actriz secundaria, actor secundario y montaje), generalmente significa que hablamos de un material de calidad, de una cinta que merece la pena ser vista. 

Es lo que ocurre con ‘Silver linings playbook’, un efusivo alegato en pro del optimismo y la vitalidad. Mantener una actitud positiva ante todo, pues nunca se sabe qué sucederá, parece querer contarnos David O. Russell, padre de la criatura. El cineasta tiene la suerte de poder contar con Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, quienes rayan la perfección al encarnar a esos dos moribundos del amor en esta comedia dramática con trasfondo romántico.

Ellos son dos náufragos que andan con el corazón roto, plenamente desangelados, atormentados por un pasado reciente del que no consiguen escapar. Él no logra borrar de su mente esa puñetera canción que sonaba el día de su boda y… el día que descubrió a su mujer con otro tipo en su propia ducha. Ella ahoga las penas con el primer espabilado que se le cruce, expuesta a que las hienas se aprovechen de su debilidad. Todo cambiará cuando un buen día se encuentren por casualidad, el uno con el otro, iniciando así una bonita relación que les valdrá, a través de la ayuda mutua, para encontrar nuevamente el camino.

Puede que sea por la sencillez de la propuesta. Puede que sea por lo bien hecha que está. Puede que sea por brindarnos una de las escenas más bonitas del año cuando suena mi canción preferida de Bob Dylan. Puede que sea por el recital dado por Jennifer Lawrence, actriz predilecta desde ‘Winter’s bone’ (2010). Puede que sea por los plácidos domingos con la familia. Puede que sea porque cuenta con un secundario de altura como es Robert De Niro. Puede que sea porque un 5, al fin y al cabo, no está tan mal Puede que sea por la colorida explosión de sentimientos, tristezas y alegrías que aquí nos deparan. No tengo muy claro cuál es la razón, sólo sé que esta película me ha gustado, y mucho. 

8.5/10 

JENNIFER LAWRENCE and BRADLEY COOPER star in SILVER LININGS PLAYBOOK

‘Heat’. Brillante y magistral policíaco.

‘Heat’ es una historia de personajes, de buenos y malos, en la que Michael Mann pule, perfila y compone con férrea precisión a cada uno de ellos, dándoles así la profundidad requerida, pero sabiendo manejar, no obstante, el tempo de la narración con maestría, alternando así la singularidad con la generalidad, nunca perdiendo de vista, por tanto, el tema principal: la lucha de titanes bindada entre Robert De Niro, pensador estratégico de la banda de atracadores, y Al Pacino, cabeza pensante del cuerpo policial de Los Ángeles.

Michael Mann consigue hacernos partícipes absolutos de esta trama. Nos sumerge así, del lado de los bandidos, en la amargura y el dolor que caracterizan la existencia de Robert De Niro (Neil McCauley), un tipo aquejado por el vacío sentimental, arrepentido por esa vida de maleza y perversión, buscando dar un último golpe tan redentor como liberador. También nos empapamos de la tristeza que irradia el personaje de Val Kilmer (Chris), tipo duro pero de corazón blando, devoto amante de su sufrida esposa, Ashley Judd. Además, siempre está latente la alargada figura de Jon Voight, el veterano instigador que proporciona la acción que estos hombres, incluidos Tom Sizemore y Danny Trejo, necesitan como motor de combustión. No obstante, esta vida conlleva riesgos, existiendo siempre cabos sueltos en forma de Waingro, un temerario Kevin Gage, y Roger Van Zant, el siempre correcto William Fichtner.

Pero toda moneda tiene su reverso. Éste en ‘Heat’ no es otro que Vincent Hannah, un todopoderoso Al Pacino. Sobre él recae todo el peso policial, salvo por las apariciones contadas y necesarias de Wes Studi y compañeros. Sentimos la angustia y el dolor que lleva en sus adentros, interiorizando así un trabajo que es un modo de vida. Una sempiterna búsqueda del mal que arrasa con todo lo que pulula a su alrededor, ya sea una olvidada esposa, la acertada Diane Venora, o una vilipendiada hijastra, interpretada por una jovencísima Natalie Portman. Ahora vive por y para atrapar al intrigante McCauley, una figura por la que siente total respeto y admiración. ¿Quién saldrá vencedor? Tendrán que ver ‘Heat’ para comprobarlo. Por mi parte, lo dejo en tablas.

La narración desprende talento, oficio y clase en cada diálogo, en cada escena, en cada situación. Pocos, además, conseguirán plasmar la violencia implícita a las escenas de acción de un modo tan tenso e hiperrealista como el aquí mostrado. El cineasta, Michael Mann, sienta cátedra acerca de cómo elaborar un thriller, moviendo las piezas de un modo preciso, inteligente. Juega así una partida perfecta en la que el espectador disfruta en todo momento. Ayuda en tal función el contar con una factura técnica intachable, marca de la casa en las cintas de Mann, así como poseer un listado de nombres tan poderoso en el cartel. Tenemos aquí, por tanto, a una de las mejores películas de la década de los noventa. Un auténtico tributo al mejor cine policíaco, teñido con el toque thrill que tanto le gusta manejar al cineasta de Chicago. Imprescindible.

9.5/10

‘Cop land’. Fango policial.

Nos cuentan en el prólogo de la película que un grupo de policías logró crear su propia ciudad en las afueras de New York, lejos de la hiperactividad de la gran orbe, viviendo el gran sueño americano de un modo plácido y sereno. También dicen que Freddy Heflin, un héroe local que rescató a una joven de una muerte segura, nunca pudo ser policía a causa de una sordera propiciada por tan noble acto, por lo que cumplía el perfil idóneo para ser el sheriff de Cop Land.

Un accidente, un doble homicidio involuntario será la mecha que encienda la historia de este buen policíaco. James Mangold consigue crear una atmósfera creíble, cautivadora. La intriga es notable, inmiscuyéndose en las lagunas del sistema, repleta ésta de agentes policiales corruptos cuyas manos están manchadas de sangre. El cuerpo de asuntos internos, junto al carismático sheriff local, serán los artífices de arreglar el honor mancillado, de luchar por el respeto a la ley. 

La historia tiene sus límites, aunque explota sus virtudes. No es una obra maestra, pero sí tiene destellos de grandeza. James Mangold ya daba indicios aquí de ser un cineasta seguro, de calidad (exceptuemos ‘Noche y día’), sabiéndole sacar todo el jugo posible a un reparto de auténtico escándalo: Robert De Niro, Sylvester Stallone, Michael Rapaport, Harvey Keitel, Ray Liotta, Peter Berg, Robert Patrick o Noah Emmerich. En fin, notable película.

7.5/10

‘Analyze this’. La película que debió hacer Martin Scorsese.

Cuidado con Harold Ramid, pues a pesar de estar a la sombra de las portadas y no gozar de excesiva popularidad (se le recuerda más por su papel de cazafantasmas que por su faceta como director), ha logrado cosechar una carrera cinematográfica de auténtico mérito. Ahí tienen para atestiguarlo obras como ‘Groundhog day’ (1993), ‘The ice harvest’ (2005) o la que aquí nos atañe, ‘Una terapia peligrosa’ (1999).

A mí la temática del film ya me basta por sí sola para que ceda en prestar mi atención durante los cien minutos de su visionado. Estoy seguro que fueron presas fáciles para la empatía que conseguían transmitir personajes tan míticos como Tommy DeVito, Michael Corleone o Tony Montana, por nombrar a algunos de los básicos. Pues bien, denle la vuelta a todo ello. ¿Se imaginan al bravucón e impetuoso Santino sufriendo un gatillazo con su amante preferida? ¿Qué me dicen de Jackie Flannery llorando al ver un anuncio de papel higiénico protagonizado por ositos de peluche? ¿Verdad que también se imaginan a Alonzo Harris sufriendo un ataque de ansiedad escopeta en mano? Vale sí, lo reconozco. David Chase también le dio la vuelta al tema con ‘Los Soprano’ (1999), y eso que no buscaba la sonrisa del espectador. Pero al César lo que es del César, pues ‘Analyze this’ se estrenó coincidiendo en el tiempo con la obra maestra protagonizada por el sempiterno Gandolfini.

En fin, la parodia está muy conseguida. Ayuda en dicha labor ver a Robert De Niro riéndose de sí mismo, por no hablar de la comicidad que transmite Billy Cristal en cada plano, en cada gesto. Un homenaje en toda regla, eso sí, caricaturesco y chistoso a más no poder, a ese universo que rodea al cine de gángsters. Lo dicho, una joya más en la filmografía del bueno de Harold Ramis.

7.5/10 

‘Wag the dog’. Burlesco retrato de la política estadounidense.

El Presidente de los Estados Unidos tiene muy cerca su reelección. Juega con ventaja respecto a su rival político, y quedan apenas dos semanas para las elecciones. Así, tranquilo, ha viajado a China por asuntos de Estado. Sin embargo, en tan plácido momento, salta la liebre: el Presidente va a ser acusado de acosar sexualmente a una becaria.

¡Oh vaya! ¿Cómo reaccionar a esto? ¿Le costará las elecciones? Tranquilos, está al mando Conrad Brean, asesor político. Maquiavélico y cínico. Así es el negocio, le pagan por desviar la atención. Es el mejor elaborando “cortinas de humo”. Y ha puesto a nómina, en esta ocasión, a Stanley Motss, productor de cine, para que le “invente” a la nación una nueva guerra con Albania. Ya saben, al hilo de aquello que rezaba así: “¿Por qué mueve el perro la cola? Porque el perro es más inteligente que la cola; si la cola fuese más inteligente ella movería al perro”.

Una historia elaborada por David Mamet siempre es un incentivo para darle al play. El tema da mucho juego y, bajo mi punto de vista, está poco explotado. A ello súmenle un plantel de actores integrado por Robert De Niro, Dustin Hoffman, Anne Heche, Woody Harrelson o William H. Macy. Además, el oficio de Barry Levinson resuelve con creces la papeleta. Por tanto, sí, estamos frente a una notable película. 

En fin, sarcasmo y cinismo a raudales. Mordaz sátira que, gracias a la vertical, ingeniosa y alocada montaña rusa diseñada, sumerge al espectador en una auténtica lección didáctica acerca de la política estadounidense. Un lujo para levantar el espíritu crítico del ciudadano.

7.5/10 

‘A Bronx tale’. Calogero.

La historia, (casi) biográfica, diría yo, gravita en torno a la vida de Calogero, un chaval nacido en el Bronx, Nueva York. Se ha dicho muchas veces que, durante aquélla época (el film se inmiscuye en los años 60), el éxito en un barrio como este tan sólo podía llegar a través de un par de vías: iglesia o mafia. O eso, o ser un pringado más del barrio, un tipo de esos que debe trabajar diez horas diarias para poder pagarse una butaca en la quinta azotea del Yankee Stadium.  Aquí, la vena católica se toca de refilón, centrándose plenamente en el paisaje gangsteril que cautivó la mirada del joven Calogero. La lucha doctrinal entre el honrado padre, un sensacional Robert De Niro, y el Maquiavelo de los trajes caros, el capo local Sonny, será la pauta que marque el ritmo del film. Crecer, vivir y socializarse en un barrio de marcadas tradiciones gangsteriles. ‘A Bronx tale’, además, tiene el valor añadido de haber sabido plasmar otro aspecto importante de aquellos años: el odio racial. La violencia irracional que se contagiaba entre blancos y negros, ésa que trazaba fronteras entre las esquinas de un mismo barrio. 

Esta cinta podría haber sido manufacturada sin problema alguno por Martin Scorsese, brindándonos otro fresco bañado por ese costumbrismo gangsteril que tantó le gusta pintar (aunque sea con cámara en mano). Sin embargo, aquí fue el discípulo el que pedía paso. Era el momento de que Robert De Niro tomará las riendas, y siguiera la senda del maestro. La brillantez narrativa, a pesar de algún extraño tic, nos adentra, de lleno, en las entrañas del barrio, en esta historia del Bronx ideada por Chazz Palminteri. 

Palminteri lo borda, brindando una extraña sensación que combina la admiración y la repugnancia por ese mundo. Un mundo violento, temeroso y vengativo, que siempre salda las cuentas pendientes (váya escena final) y en el que uno no puede confiar en nada ni nadie. Lo sabía Lorenzo Anello, su padre, pero también Sonny LoSpecchio, su mentor. Ambos, desde distintos escalafones (el hogar y la calle), le enseñaron una sabia lección: no malgastes tu talento, no subas al coche equivocado. Anda con paso firme, no te metas en líos, sé feliz sin mirar color y olvídate de los capullos que te rodean, pues éllos pronto se olvidarán de tí. A Callogero, entre ambos, le salvaron la vida. Por eso, ahora que ya se ha hecho mayor y lo entiende, siempre les estará agradecido.

* Añadir que el fichaje de Robert De Niro para el papel principal, Lillo Brancato, no acabó de aprender la lección para su desgracia, pues desde 2005 está a la sombra .

9/10

‘Goodfellas’. Gángsters.

‘Uno de los nuestros’ supone la obra cúlmen de Martin Scorsese dentro de la temática del costumbrismo gangsteril que tanto le gustaba tratar. Aquí, el cineasta disecciona al completo el mundo que envuelve al crimen organizado, y lo hace comenzando desde la niñez, desde los orígenes en el barrio.

A los cinco minutos de comenzar, uno ya ha entrado en el mundo de Scorsese. Ése en el que se relata la fascinación por el hampa, representada por Henry Hill, un muchacho criado en Brooklyn socializado en un contexto bastante directo: el éxito, amigo, viene dado por el crimen organizado. Él no quería ser un mediocre más, uno de esos que se pasa la vida trabajando y trabajando para malvivir. Su ilusión era ser gángster. Y lo consiguió, pasando de ser el chico de los recados de Poli Cicero, el capo local, a un auténtico soldado, ya adulto, puesto al servicio de la familia.

El inicio de ‘Goodfellas’ es demoledor, brava exposición de cómo en la periferia (cargada de inmigrantes), allá por los 70, el sistema democrático (con una oferta de bienestar de corte liberal) era derrotado por un sistema alternativo, el de la mafia, en el que la protección (previo pago obligatorio) la daba el capo (untando a policías y jueces) y el negocio venía dado por la extorsión y el robo a gran escala, principalmente. Nunca daban duro por peseta (genial la historieta del dueño del restaurante desplumado). Ése era el negocio. Y bien que lo sabían Henry Hill (un correcto Ray Liotta), Jimmy Conway (simplemente, Robert De Niro) y Tommy DeVito (magno Joes Pesci).

Eran los buenos chicos, aquellos que sabían cómo estaba montado el tinglado y qué reglas de juego existían, lucrándose y levantado su personal imperio gangsteril, rodeados de dinero sucio, buenos coches, pulcros trajes, vicios por doquier y chicas fáciles a su servicio. Pero también, casi siempre, de una formal y modosa esposa. Aquí ese papel lo ejerce Karen, una fabulosa Lorraine Bracco. A través de su mirada logramos empatizar con el mundo desconocido pero atractivo que nos presenta el cineasta. Un mundo de lujos fáciles, pero con una turbiedad manifiesta envolviéndolos. Es el auge del gángster. Un auge que puede acompañarse de prisión, riesgo inherente. Pero qué prisión, siendo amos y señores del correccional. Scorsese los escenifica a la perfección, con su peculiar ritmo narrativo, tan sutil como directo, trazando su obra sin olvidar las dinámicas internas y las interacciones que pueden darse al vivir rodeado de maleantes como Jimmy, genial ladrón, o Tommy, un sanguinario enano (le va que ni pintado el papel). Brutales son las andanzas diarias de ambos dos, acompañados siempre por Henry, rallando la perfección, como paradigma de todo, el atraco a Lufthansa ideado por Jimmy.

La caída viene dada por la droga. Un negocio mal visto por los hombres tradicionales. Extorsiona, roba, asesina, pero no trafiques con droga. Es una de las premisas básicas de la familia. Una directriz no respetada por nuestros chicos, quiénes ven en este mundo una vía de hacer dinero fácil a espaldas de la familia (y el consiguiente tributo). A ello se le suma el pago de cuentas del pasado todavía pendientes, señalizadas, casi siempre, por la violencia desmedida con la que actuaba la camarilla, a iniciativa siempre de Tommy. Mucho hándicaps en contra del trío protagonista, logrando Scorsese, en su narración, un desplome veraz y angustioso. Porque caer en el mundo del hampa, no es como caer en cualquier otro lado. Aquí, el tipo que te liquida no discute, ni empuja ni bravucona. Simplemente te sonríe, y antes de que te des cuenta, ya te ha liquidado. Es la paranoia que azota al coco de Henry, siempre exagerada por la sombra alargada y latente de la ley. Gran escena, como ejemplo de esta parte, la escena entre Karen y Jimmy.

Con todo, Martin Scorsese nos brindaba en 1990 un placer desmedido gracia a ‘Uno de los nuestros’. Es una obra impagable, hecha con pasión y esmero, siempre partiendo de la fascinación del cineasta por ese mundo de hombres trajeados, puros caros, violencia a tutiplén, dinero fácil y fuego cruzado. Posee todas las grandes cualidades que caracterizan al costumbrismo gangsteril de Scorsese, combinando el detallismo con la algarabía, y el caos con la armonía.  Como ya hemos dicho, ‘Goodfellas’ supone la madurez narrativa y argumental del cineasta para con este tipo de cine. Obra maestra.

9.5/10