What’s eating Gilbert Grape? (1993)

whats_eating_gilbert_grape_ver2Dirección: Lasse Hallström
Guion:
 Peter Hedges (Novela: Peter Hedges)

Producción: Paramount Pictures / J&M Entertainment
Fotografía: Sven Nykvist
Montaje: Andrew Mondshein 
Música: Björn Isfalt / Alan Parker 
Reparto: Leonardo DiCaprio / Johnny Depp / Juliette Lewis / Mary Steenburgen / Darlene Cates / Laura Harrington / John C. Reilly / Mary Kate Schellhardt
Duración: 118 min
País: Estados Unidos

Cualquier error que tenga ¿A quién ama Gilbert Grape? queda perdonado. Al menos, por mi parte. Y es que es un regalo de película, un tesoro inesperado que uno encuentra casi sin querer. Después de muchos años sin verla, anoche zanjé esta cuenta pendiente. Qué suerte la mía. Qué poco se necesita para hacer buen cine: el Medio Oeste norteamericano como escenario y una peculiar familia como protagonista. Más que suficiente. 

Lasse Hallström cuenta muy bien este tipo de historias. Es un artesano de los sentimientos. Hace de la sencillez la mayor de sus virtudes. Transforma la cotidianidad, la tranquilidad y el encanto que caracteriza a los “pequeños” lugares en una tormenta de sensaciones y emociones. Convierte la armonía en puro espectáculo. Un par de pinceladas le bastan para hacerlo. Ahí están las maravillosas The cider house rules (1999) y Chocolat (2000) como buena prueba de ello. Aquí se agarra a un personaje en especial, a una de esas interpretaciones que conforme quedan filmadas pasan a la historia del cine. Es Arnie, un joven discapacitado a quien encarna estupendamente un deslumbrante Leonardo DiCaprio. La empatía que levanta este chico, no lo digo por decir, es una maravilla.

En el fondo, todo se centra en Johnny Depp. Él es Gilbert Grape, la bondad hecha persona. Gracias a su personalidad, a su mirada y a sus vivencias lograremos adentrarnos en cada uno de los entrañables rincones que contiene este relato. Ayuda a ello la fabulosa partitura de Björn Isfalt, la agradecida elegancia de Juliette Lewis y el sensacional trabajo de Darlene Cates, la madre de nuestros protagonistas. Así, casi sin darnos cuenta, la sutil emotividad de este vitalista cuento nos atrapa, guardando además un mensaje final precioso. Totalmente recomendable, gran película.   

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‘Carnage’. Cordialidad, delirio y caos.

Un niño agrede a otro niño en un parque cualquiera de la ciudad de New York.  Tachán, comienza la función.

Los respectivos padres de cada muchacho, se citan en el apartamento de la “víctima” para arreglar el percance amistosamente. Reparto de alto nivel. En un lado del ring, Jodie Foster y John C. Reilly. Al otro lado, Kate Winslet y Christoph Waltz. En estos cuatro pilares reposa el peso total del film. Y lo hacen muy bien. El combate, no parece tal, pues comienza cordial, fijando posiciones y manteniendo la compostura. No obstante, ésta se marcha, abriéndole la puerta al delirio y al enfado, comenzando el intercambio de golpes (no sólo inter, sino también intra) que finalizará en un caos donde la verborrea desatinada y el whisky escocés le darán la victoria, a los puntos, a la estupidez humana.

Increíblemente divertida. Polanski, para deleite de muchos, sigue en buena forma. Gran escena final.

8/10

‘Sidney (Hard eight)’. Ópera prima.

Supongo que algún productor avispado vió a la legua que un tal Paul Thomas Anderson, era un cineasta de tanta clase y brillantez que merecía la pena meterlo en el negocio del séptimo arte, aún sabiendo que apenas contaba con veintiséis primaveras por aquel entonces. El tipo tuvo un buen ojo clínico, dado que Anderson no sólo no decepcionó con ‘Hard eight’, sino que ésta no fue más que el preludio a una brillante carrera, todavía por desarrollar, en la que ya lucen clásicos como ‘Boogie nights’ (1997) o ‘Magnolia’ (1999).

‘Hard eight’ no es ninguna obra maestra, ni tampoco lo pretende. Aún así, tenemos el privilegio de asistir a un excepcional retrato de tres almas errantes, supervivientes de una vida que yo no querría para mí. La sutil narrativa de Anderson permite que nos volquemos de lleno en los infortunios de estos perdedores, que nos empapemos con la ternura, el amor o el paternalismo aquí expuestos, pero también con el dolor, el desgarro o la pesadumbre que azotan a nuestros protagonistas. El cineasta sabe moverse, como pez en el agua, dentro del género con el que ha decidido debutar, controlando  y utilizando, con temple, los recursos del mismo. Consigue, con maestría, enmascarar el leit motiv del film, brindándonos, casi para los postres, una escena (*spoiler) que capta, como pocas, la esencia de esta fatalista historia.

En fin, ópera prima elegante, pulcra y rigurosa que basa todo su acierto en una pequeña pero lograda historia que supone un digno homenaje al cine noir. Le debe mucho a la gran labor interpretativa de Philip Baker Hall, John C. Reilly o Gwyneth Paltrow.

7.5/10  

Spoiler

* Un señor de buena apariencia, aparece sentado en una cafetería. Fuma un cigarro y toma un café, cuando, de pronto, se percata de que tiene una mancha de sangre, que se afana en ocultar, en su camisa. Es el pasado, que ni olvida ni perdona.    

‘The river wild’. Vengan y disfruten de un fin de semana en el río.

Me gusta ‘Río salvaje’. Posee una historia, mezcla de acción, aventuras y thriller, que no destaca por su originalidad ni complejidad. No obstante, sin ser nada del otro mundo, el cocktail aquí presentado cumple con creces la tarea que tenía encomendada: entretener al personal. ¿La receta? Sencilla, idílicas vacaciones (en este caso, serpenteando un río) convertidas en tu peor pesadilla.

Manufacturada por un notable cineasta como Curtis Hanson, la cinta irradia tensión, bien latente bien manifiesta, en cada plano. Nos contagia la angustiosa experiencia a la que es sometida la adorable familia (con sus riñas sentimentales y demás) por parte de los temidos bandoleros. A ello súmenle la pizca de  adrenalina inherente al descenso de tan peligroso río. Combinando en su narración, el cineasta, las dos historias simultáneas (descenso y rapto) que gravitan en torno a la idea de la supervivencia, de un modo más que digno, aún sin olvidar para los postres, el puntito de sirope requerido con este tipo de productos.

Todo ello se apoya en unas unas meritorias interpretaciones provenientes de un cuarteto protagonista de lujo: Kevin Bacon, dentro del registro en el que mejor se maneja: haciendo de malo; Meryl Streep, cumple a pesar de rozar la anciandad para este tipo de cintas; John C. Reilly, hace de malo/bueno, ya saben cómo va esto; David Strathairn, actorazo que aquí se daba el gustazo de hacer de papi/héroe. A ellos se les une Joseph Mazzello (sí, el chaval de Jurassic Park), como paradigma de la inocencia perturbada. En fin, cinta comercial que, comparada con otros peñazos de temática y finalidad similar, es un oasis en mitad del desierto.

6.5/10