‘Play Misty for me’. Obsesión.

Dave Garland es un locutor de radio nocturno al que le gusta la música y el show. Es decir, disfruta con su trabajo, profesión que comparte con uno de sus mayores hobbies: las mujeres. Así, una noche cualquiera terminará conociendo a Evelyn, una fémina que le resultará extrañamente conocida. “Play Misty for me”, le dice una voz femenina al otro lado del auricular noche tras noche. Es la voz de Evelyn, ahora de cuerpo presente en la barra de un bar cualquiera de California. 

Tenebrosa cinta a través de la cual se estrenaba Clint Eastwood en el mundo de la dirección. No era un mal debut, ni mucho menos. El hoy considerado maestro entre maestros conseguía crear una inquietante atmósfera, allá por 1971, gracias al perturbado personaje a quien daba vida Jessica Walter, locomotora sin frenos que se convertía en el motor de combustión de esta historia.

Convincente intriga servida con oficio en la que Clint Eastwood nos narraba un violento relato que viajaba directo hacia el paranoico mundo de la obsesión. Una pesadilla plasmada con terror y turbiedad en la que sufriremos de lo lindo, junto al apuesto galán protagonista, al ver fluir por nuestra sangre el veneno que supone Jessica Walter. Recomendada.

7.5/10  

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‘The girl with the dragon tattoo’. Lisbeth Salander vía Fincher.

El productor Scott Rudin, junto a algún colega de profesión, se distrajeron demasiado leyendo las páginas de la saga Millennium, iniciada por Stieg Larsson hace ya unos años. Un auténtico fenómeno literario al que Hollywood, extrañamente, no le echó el guante a su debido tiempo. No se si fue una cuestión de patriotismo, pero el caso es que los suecos, avispados ellos, se les adelantaron y terminaron por brindarnos una trilogía cinematográfica más que interesante. Buen cine, en definitiva.

Ahí reside el gran hándicap de esta cinta. Contar con un antecedente tan inmediato, tan cercano, es una losa de difícil soslayamiento. Sin embargo, David Fincher, primus inter pares, consigue tejer una narración convincente y cautivadora. No creo que le importara mucho, por tanto, el hecho de ponerse al volante de un remake. Se palpa en el ambiente que el director ansiaba liderar un proyecto tan apetitoso como este, además en un terreno en el que él se desenvuelve a las mil maravillas. El espectador, cómo no, entra con ganas de linchamiento, pero difícilmente podrá saciar su apetito carroñero. No le queda otra que aceptar la realidad: estamos ante un notable thriller manufacturado en estado de gracia.

El proyecto es majestuoso. La factura técnica que presenta la película es del más alto nivel. Desde la fotografía al montaje, sin olvidar, no podía ser de otra forma, al firmante del guión. Éste corre a cargo de una pluma exquisita, pues hablamos del mismísimo Steven Zaillian. La nueva versión de este relato tan manido mantiene el grado de turbiedad y perturbación requerido, alternando la jugosa intriga que envuelve a Blomkvist con el dramatismo que acompaña al personaje de Lisbeth Salander. Por cierto, Rooney Mara está de sobresaliente, igual que Noomi Rapace. Lo mismo podría decirse de Daniel Craig en comparación con Michael Nyqvist.

El punto  hiriente, escabroso y sádico de la versión sueca queda aquí un tanto atenuado, pues tengo la sensación de que apuestan más por la seda y el tacto en esta ocasión (dentro, obviamente, de la dureza de la historia). En cualquier caso, la línea maestra fijada por la violencia, particularmente la llevada a cabo frente a las mujeres, marca el devenir de los acontecimientos, introduciéndonos en un mundo, ése que rodea a los Vanger y a Salander, tan repugnante como áspero. El cineasta de Denver aporta su firma y estilo, todo un lujo, para dar una nueva visión acerca de ese universo tan depravado, doloroso e irritante que acompaña a la mítica figura de Lisbeth Salander.  

8/10 

‘Panic room’. Un ejercicio de tensión.

La intrigante pluma de Koepp y la clase narrativa de Fincher se dan de la mano para forjar este notable thriller. Impagable combinación, propia, eso sí, del cineasta de Denver, un tipo que elige minuciosamente los proyectos en los que se embarca, rodeándose siempre de profesionales del más alto nivel. Énfasis especial en el guionista. ¿De dónde proviene esta historia? ¿Quién la firma? Inestimable virtud, sin duda. 

A David Koepp le basta una mudanza, tres cacos y una familia rota para vislumbrar un artefacto del todo incendiario que puesto en las manos del maestro David Fincher da como resultado, no podía ser de otra manera, un ejercicio milimétrico de tensión. A un peso pesado de la actuación como es Jodie Foster, en compañía de una jovencísima Kristen Stewart, les tocará batalla durante una antipática noche neoyorquina contra la maléfica aparición de Whitaker y sus colegas. 

Inquietante desde su acto fundacional, ‘Panic room’ consigue sembrar terror por doquier, administrando metódicamente esa ingrata sensación de angustia en la azotea del espectador. Una pesadilla urbana con vocación de turbar nuestras existencias durante un período de tiempo que no excede las dos horas de duración. Que lo disfruten.

7.5/10 

‘The dark knight’. La cumbre de una saga.

Después de la presentación que había supuesto ‘Batman begins’ (2005), Christopher Nolan retomaba la acción justo donde aquélla la había dejado. Cambiando, eso sí, un tanto la estética de Gotham, pues ésta da la sensación de ser ahora una ciudad más cercana, más coetánea. Incluso los malos, una panda de capos mafiosos, no son ajenos a nuestra realidad. La verdadera singularidad del film la aporta un excéntrico personaje, el Joker, a quien da vida un fabuloso Heath Ledger. 

El guión venía elaborado por el mismo tándem originario, Goyer y Nolan, sumándose también para esta ocasión, el bueno de Jonathan Nolan. Conseguían dar así, entre los tres, con la fórmula exacta para narrar una verdadera epopeya futurista sustentada en una formidable tensión narrativa, fruto ésta de la milimétrica combinación entre la potente acción, la correcta intriga y, sobre todo, el logrado drama.

La lucha por erradicar el mal, verdadera Biblia de Batman, se ve agitada por el Joker, un tarado con vocación de tornado que abre a su paso un caos repleto de violencia y locura que no tiene más fin que tocar las narices al mismísimo hombre murciélago. En el vértice opuesto encontramos a Harvey Dent, el caballero blanco del pueblo, verdadero azote de los criminales de Gotham y cumplidor galán, qué infortunio para Batman, de Rachel Dawes. El juego queda completado por Gary Oldman, el honrado Jim Gordon, ejecutor de la ley en las mugrientas calles de la ciudad.

Gotham parecía brillar con más fulgor que nunca gracias al encomiable trabajo del fiscal Dent. Sin embargo, la caída a los infiernos maquinada por el Joker volvía a poner en la encrucijada a una ciudad que no siempre podría acogerse a la oscuridad redentora que suponía Batman. Una ciudad que requería de un caballero blanco, de un héroe de carne y hueso que fuera capaz de prolongar el imperio de la ley en el tiempo.

La historia avanza así de forma frenética. Contemplamos, por tanto, un thriller urbano realmente meritorio. ¿De lo mejor de la década? Sin duda, un rara avis en este tipo de cintas. La disputa entre los jugadores que componen la partida será resuelta de un modo magistral, entrelazándose la tragedia y la amargura a la hora de perfilar la figura del guardián nocturno de las calles de Gotham. Mítica.

9/10

‘Batman begins’. Bienvenidos a Gotham.

Gotham es una ciudad depravada, ejemplo claro de que el sistema tiene sus deficiencias. Cada esquina está infestada de inmundicia, pobreza y dolor. Los cimientos que sostienen a tan magna ciudad están a punto de resquebrajarse por la vía de la economía, dadas las asombrosas diferencias interclasistas en temas de renta. Bien lo sabe Thomas Wayne, un empresario filántropo que no escatimará dólares en aras de modernizar la ciudad. Una regeneración justa, en la que ninguno de sus conciudadanos quede excluido. Por desgracia, sus planes no pasarán la línea de las buenas intenciones cuando la tragedia se cruce en su camino.

Christopher Nolan se atrevía con el reto de volver a dar vida a uno de los estandartes del mundo del cómic, pues hablamos del mismísimo hombre murciélago. El gran Tim Burton había hecho lo propio de un modo excepcional allá por 1989, mientras que Joel Schumacher no lograba igualar los méritos del mismo en la tercera y cuarta entrega de la saga. ¿Dónde colocar al nuevo Batman? En lo más alto del escalafón, sin duda. La trilogía del Batman moderno diseñada por Nolan arrancaba de un modo soberbio gracias a estos orígenes.

Era el prólogo idóneo, adentrando al espectador en la infancia de un Bruce Wayne marcado por la fatalidad y los temores. Los pasos del joven multimillonario, apresado por la ira y el afán de venganza, eran erráticos, descuidados e insanos. Fue la voz de su eterno amor, Rachel Dawes, la que transformó al penitente vagabundo en el caballero oscuro, aquel que entregaría toda su existencia al servicio del proyecto iniciado por su padre: salvar a Gotham de la injusticia.

La Warner acertaba con este fastuoso proyecto. Desde la dirección, pasando por el guión, la fotografía o la música, hasta llegar al casting. Todo es sinónimo de tino en esta película, pues rebosa calidad y oficio. Este Batman sabe entremezclar a la perfección la profundidad de la historia con la tensión narrativa, encajando bien el drama con la acción. En fin, no nos perdamos en los detalles y vayamos a lo realmente importante: vean esta película.

8.5/10  

‘Con Air’. Acción de calidad.

¡Cuidado! No caigan en la tentación de linchar a esta cinta. Estamos ante una de las obras cumbres de uno de los principitos de Hollywood, Jerry Bruckheimer. Las estruendosas mascletaes que éste suele coordinar no son sinónimo de Oscar, pero sí de entretenimiento digno. Y ahí, ‘Con Air’, aventaja por un buen trecho a tantas y tantas obras que erran a la hora de cumplir con tal propósito.

Es un curioso caso de precisión, elegancia y virtuosismo puestas al servicio de un género, el de acción, que no suele caracterizarse por tales notas definitorias. Más de uno dirá que vaya despilfarro. Pues así es, un despilfarro muy bien trabajado. Tanto que pasa por ser una de las mejores películas de acción de los noventa. Esto se percibe desde un prólogo que entremezcla el romance y la violencia con la sutileza que atesora la fantástica canción ‘How Do I Live’.

Luego, viene el divertimento sideral parido por un reputado guionista como es Scott Rosenberg. La idea es tan rebuscada como bárbara, gravitando todo en torno a la colosal figura de Nicolas Cage, quien además de luchar en la sombra contra todos los malos que uno pueda imaginar, debe aguantar el tipo con tal de cumplir ante su amada esposa, Monica Potter, y su querida hijita. Siempre, eso sí, con la ayuda de un secundario de lujo como es John Cusack.

En fin, muchas caras conocidas se juntan para trabajar en una película que presenta una factura técnica de diez. El oficio del guión y la dirección sirve para rendir tributo a un género que, a partir de entonces, comenzaría a entrar en la senda de la hipérbole y la degradación. El discurso moral recitado, como en toda cinta de acción, es cuestión aparte.

6.5/10  

‘The hole’. Pesadilla subterránea.

Sorprendía Nick Hamm en 2001 con esta cinta, ‘The hole’. Inmiscuyéndose por los pasillos de un elitista campus universitario, el cineasta conseguía amenizar la velada con este cocktail efervescente en el que los líos de faldas de los hijos de papá terminaban por tornarse en una auténtica pesadilla subterránea. 

Tras arrancar con un prólogo inquietante, el poder de atracción de la cinta va menguando progresivamente. La narración, de pronto, se torna caótica e imprevisible, apoyándose en un guión de poca consistencia que ofrece, no obstante, una buena dosis de entretenimiento juvenil. Cuenta con el lujo, eso sí, de juntar en el cartel a la hoy desaparecida Thora Birch, turbia interpretación aquí, y a la por entonces desconocida Keira Knightley. 

Ñoñería juvenil como base de todo, combinada ésta con logrados momentos thrill y deshojada a partir de un suspense un tanto blandengue que, eso sí, aguarda un efectista punto final. Lo dicho, no está del todo mal si tus pretensiones no son exigentes. 

6/10

‘Jaws’. Necesitarás un barco más grande.

La frase que contiene el título, “necesitarás un barco más grande“, fue el reclamo principal de una campaña de marketing que arrasó, cual tiburón blanco, con todo lo que se le puso por delante. Corría el año 1975 y Steven Spielberg tenía claras intenciones de doctorarse en Hollywood. Si ‘Duel’ había sido una carta de presentación más que notable, ‘Jaws’ significaba carta blanca para el genio de Cincinnati en cualquier proyecto posterior.

La historia pone su atención en la Isla de Amity, lugar de veraneo y disfrute. Allí vive Brody, un tipo que huyó de New York, agotado y exprimido, buscando un puesto como sheriff local en un lugar mucho más placentero y calmo. Esto es así hasta que una mala mañana suena el teléfono. El desgraciado agente todavía no es consciente de la que se le viene encima. Nosotros ya lo sabemos. Lo sabemos por un prólogo brillante, magistral. Cátedra de cine en la que aúnan fuerzas tanto Spierlberg como John Williams, uno gracias a sus dotes tras la cámara, el otro por su peculiar tino a la hora de entremezclar notas y ritmos. Esto es ‘Jaws’, sus mandíbulas ya han apresado a nuestra atención. 

Película inquietante, frenética. Dividida en dos grandes partes, nuestro ritmo cardíaco padece en ambas dos. Primero, al manifestarse las interacciones lugareños/tiburón. Las sucesivas comilonas del escualo son sinónimo de tensión narrativa. Luego, la mezcla de valentía y terror que supone esa carismática expedición integrada por Roy Scheider, Richard Dreyfuss y Robert Shaw en busca del gran tiburón blanco. Ambos bloques suponen un pulso a la muerte en toda regla, bien como bañista bien como cazador, consiguiendo transmitir así esa sensación de agonía que acompaña necesariamente a tal momento. 

Los terroríficos hechos de 1916 encuentra su versión ficticia y cinematográfica en esta obra que ejerce de cumbre del género.  Uno, después de ver ‘Tiburón’, no contempla con la misma ensoñación el azul marino que bordea con gracia a cualquier playa de este planeta. Ya no lo hace porque Spielberg ha sido capaz de convertir una paradisíaca isla en sinónimo de carnicería. El agua significa ahora sangre e indefensión, ejerciendo la arena de pálido hospital, mientras que un barco pasa a representar el papel de salto al vacío. En fin, mítica.

9/10

‘Borat: cultural learnings of America for make benefit glorious nation of Kazakhstan’. Enseñanzas made in USA.

El polifacético Sacha Baron Cohen conseguía, según algunos, situarse en la cima de su carrera cinematográfica gracias a este film, ‘Borat’. Desde dicho pico, eso sí, no se avistarán grandes paisajes, pues la altura del mismo es bastante limitada. No digo que estemos aquí ante un peñazo de film, dado que ‘Borat’ me resulta graciosa de ver. Además, la mirada que Baron Cohen le echa, en esta cinta, a los Estados Unidos tiene un punto de perversión muy saludable. Sin embargo, la potencia de la historia pierde fuelle a medida que el viaje del afamado reportero kazajo deja en desuso el afilado cinismo para adentrarse en la grosería y el gag soez.

Al final uno termina por darse cuenta de que ha presenciado una concatenación bestial de distintas situaciones que incendian la moral de la sociedad norteamericana actual. El cutre paseo de Borat por la geografía estadounidense toca distintos temas. Sin embargo, uno, por paradigmático, resalta por encima del resto: Pamela Anderson. Entonces, inquiere un kazajo, ¿la vida norteamericana rinde culto y tributo a la silicona? Tan ácida y mordaz como detestable y grosera. En fin, Sacha Baron Cohen en estado puro.

6.5/10

‘The Mothman prophecies’. Terriblemente desaprovechada.

Fallida. Desgraciadamente, así es como debemos definir a ‘Mothman’. El tono desgraciado lo incluyo porque esta película parecía poseer los ingredientes necesarios para alcanzar la agradable sensación que acompaña al trabajo bien hecho. Me explico, la cinta viene firmada por un entonces prometedor cineasta, Mark Pellington. De hecho, ‘Mothman’ debía ser la confirmación del talento mostrado tres años antes en ‘Arlington road’ (1999). También conviene añadir el hecho de contar en su cartel con un peso pesado como es Richard Gere, tan bien acompañado aquí gracias a la presencia de Laura Linney y de Will Patton. Por último, la buena producción que acompaña a esta historia. Es decir, ‘Mothman’ no es un producto cutre. Más bien, había ilusión y esmero, además de afán lucrativo, al atreverse con este arriesgado género.

Tiene un prólogo muy bien trabajado. No me atrevería a pregonar, como dicen algunos, que recuerda al mismísimo maestro, M. Night Shyamalan, pero sí puede afirmarse que Mark Pellington consigue crear una atmósfera del todo inquietante durante los primeros quince/veinte minutos. Esto es así  hasta la llegada al pueblo por parte de Richard Gere. Pinchazo. Entramos en la fase somnolienta que supone el núcleo duro de la historia. El guión nos muestra así todas sus debilidades, y la película naufraga con él. Uno nota que a la narrativa le falta empaque, nervio, agonía. Todo es lento y aburrido.

En fin, cuando la película termina tienes la sensación de haber engullido una especie de revisión de autor de la aclamada ‘Final destination’ (2000). Entre el notable prólogo y el correcto final no encontramos otra cosa que no sea el aburrimiento. Por tanto, terriblemente desaprovechada.

5/10