Guess who’s coming to dinner (1967)

guessDirección: Stanley Kramer
Guion:
 William Rose

Producción: Columbia Pictures 
Fotografía: Sam Leavitt 
Montaje: Robert C. Jones 
Música: Frank De Vol 
Reparto: Sidney Poitier / Katharine Houghton / Spencer Tracy / Katharine Hepburn / Cecil Kellaway
Duración: 108 min
País: Estados Unidos 

Una pareja de jóvenes enamorados termina de aterrizar en San Francisco. Tienen pensado darle una sorpresa a los padres de ella, decirles que han decidido casarse. Solo hay un pequeño hándicap: ella es blanca… y el negro. El taxista que los conduce por la ciudad mira por el retrovisor con cara extraña. Tan extraña (o más bien desquiciada) como la expresión de su madre, una apabullante Katharine Hepburn, al ver a su futuro yerno. Los años 60 siempre tendrán algo especial. Dentro de los esquemas estadounidenses, fue una etapa de romper ataduras y soltar lastre. El cine se preocupó por cuestiones sociales, abiertas. Se volvió reivindicativo a su manera. El corsé reaccionario desapareció y, aunque hoy en día nos parezca que apenas cuenta con trascendencia, lo cierto es que Guess who’s coming to dinner fue una de las películas emblema no ya tanto en la lucha por los derechos civiles como en la normalización del problema del racismo.

Cuando uno revisa la filmografía de Stanley Kramer, percibe que fue un cineasta reivindicativo, implicado con los acontecimientos políticos y sociales que le rodearon. En 1959 zarandeó el tema de la energía nuclear con On the beach, el debate entre evolucionistas y creacionistas fue plasmado en Inherit the wind (1960) y mención especial requiere una de las mejores películas judiciales de todos los tiempos, Judgment at Nuremberg (1961). El tema del racismo, sin embargo, fue el pionero dentro de la particular manera que tuvo Stanley Kramer de entender el cine como un vehículo de civismo. La distinción entre blanco y negro era una cuestión espinosa y abierta. El debate, fútil y absurdo, estaba agitado. Y él tomó partido. Lo hizo en 1958 cuando estrenó The defiant ones, y repetía, nueve años después, con Guess who’s coming to dinner. De esta manera, enclavada en su tiempo y lugar, es como conviene descubrir esta historia en la que, más allá de los aspectos técnicos y artísticos, uno valora tanto sus (bondadosas) intenciones como sus (cívicos) efectos. 

El resultado de todo ello es notable. El director consigue esquivar los golpes en base al guion de William Rose, quien nos presenta el tema del racismo dentro de lo que podría denominarse como una “comedia familiar”. Tanto Katharine Hepburn como Spencer Tracy están inmaculados. Le dan veracidad y sentimiento a este relato. Un relato en el que no falta la encantadora sonrisa de Sidney Poitier, así como el divertido papel del monseñor. Impregnada de cierto tono teatral, la única falta que le encuentro a esta película es el punto efectista con el que se adorna. En todo caso, una película que sin ser ninguna obra maestra, sí representa acertadamente, cuanto menos, un tema y un tiempo muy concretos.  

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‘Gran Torino’. Un buen hombre.

poster-gran-torinoEn 1968 besé a Betty Jablonski en la fiesta de Navidad de la fábrica. Dorothy estaba en el cuarto de al lado con las otras esposas. Simplemente sucedió. También gané 900 dólares vendiendo un motor y un bote. No pagué los impuestos, es lo mismo que robar. Y, por último, nunca fui muy cercano con mis dos hijos. No los conozco, nunca supe cómo hacerlo.

Clint Eastwood interpreta en ‘Gran Torino’, otra de sus grandes películas, al anciano Walt Kowalski, un tipo gruñón, enfermo y recién enviudado que afronta, por tanto, el camino de la soledad en plena cuesta abajo, sabedor de que sus días en esta vida se están agotando.  

Su barrio de toda la vida ha desaparecido. Allá donde ondeaban banderas estadounidenses en las entradas de las casas, la gente hablaba inglés, los felices vecinos regaban sus jardines y uno podía pasear plácidamente por las aceras de su calle, aparece ahora un paisaje totalmente diferente. Asiáticos y afroamericanos campan a sus anchas por el vecindario, con sus tradiciones, con su forma de entender el mundo, con su propia cultura y lenguaje. Y sí, con el problema de la marginalidad social, la irrupción de la delincuencia y el vandalismo que destroza cualquier posibilidad de obtener un futuro mejor. 

Esto no es el lejano oeste, sino un barrio perdido del Midwest estadounidense, pero no hay duda de que esta película tiene alma de western. ‘Gran Torino’ es una película conservadora, pero totalmente humana y creíble.  Adornada con los rituales que acompañan a las mejores historias crepusculares, Eastwood vuelve a lucirse con una composición que conoce a las mil maravillas, recordando un tanto a obras como ‘Unforgiven‘ (1992) o ‘Million dollar baby‘ (2004). En esta ocasión, además, tenemos la oportunidad de disfrutar de unas conversaciones, escenas y frases elaboradas con absoluta brillantez e ingenio.  

El melting pot norteamericano, con sus problemas de racismo, marginalidad e integración, queda desentrañado a través de las vivencias de Mr. Kowalski. Los tiempos, por desgracia, han cambiado, parece querer decirnos Clint Eastwood. Ya no existen guerras como la de Corea. Ahora se venden coches japoneses en lugar de estadounidenses. Y el hmong ha sustituido al inglés como lengua mayoritaria en muchos vecindarios. Pero a Kowalski ya poco le importa todo eso. Le ha cogido cariño a un buen muchacho, y se va a encargar en la medida de lo posible de que todo le vaya bien. Es su última gran obra antes de partir. 

8.5/10

‘The help’. Caramelizado retrato de una época.

Película afable donde las haya, cuyo centro gravitatorio se situaba en la problemática racial acaecida en Jackson, Mississippi, durante los años 60. Tate Taylor, guionista y director, se servía del soso personaje interpretado por Emma Stone para desplegar su ¿alegato?/¿homenaje? en pro de la defensa por los derechos civiles que explotó en aquella década, centrándose especialmente en explicitar el dilema a través de la confrontación entre dos polos muy bien definidos: las criadas negras y las señoritas blancas.

Bryce Dallas Howard y Viola Davis serán los estandartes, y en medio de ellas se situará la escritora pipiola, nexo común entre todos los personajes de la cinta.  Personalmente, hablando de éstos, me quedo con Minny (Octavia Spencer), Hilly (Dallas Howard) y Celia (Jessica Chastain). Aunque, en realidad, pese a encontrar buenas historias individuales, la mecha coral nunca llega a encenderse, dando, en su conjunto, un resultado irregular derivado, principalmente, de la percepción de que todo parece bastante blandito, pues el conflicto social no acaba nunca de explotar ni de irritar al espectador.

En fin, cinta caramelizada y empalagosa que peca de buscar descaradamente la lagrimita en los ojos del espectador. Mezcla el drama y lo cursi con la reivindicación civil y el homenaje a los/as anónimos/as que lideraron en la sombra a esta. Sorpresivamente, coge impulso el film cuando aparece Chastain en pantalla, reprimida por su aislamiento reputacional (nada tiene que ver con el issue racial). Con todo, pese a ser muy, pero que muy, condescendiente con el tema tratado, una peli de este tipo nunca está de más.

7/10