‘El asesinato de Richard Nixon’. Desmontando los mitos del capitalismo.

‘El asesinato de Richard Nixon’ es un retrato desolador de la derrota. Una derrota que sufre una buena parte de la población mundial de hoy en día. Aquí se centra en un tipo de clase media, Sam Bicke, interpretado maravillosamente, como casi siempre, por Sean Penn.

El desgraciado de Bicke encuentra el mundo al revés. Sin mujer, sin familia, sin empleo. Harto de la palabra vender, del culto al dinero. Él sólo reclama una parte del sueño americano, no quiere más. Es un tipo honrado al que la vida ha tratado muy mal.

“El sistema no va bien” cuenta él en sus confesiones. Se sabía conocedor de sus limitaciones. No era más que un grano de arena en todo un desierto. Sin embargo, quería demostrar que hasta el más minúsculo de los granos de arena podía tumbar a los poderosos, provocar un cambio.

Sam Bicke, con un aire que recuerda mucho en todo a Travis Bickle, desata su ira hacia ese gilipollas que aparece en la pequeña pantalla prometiendo el oro y el moro a pobres desgraciados como él. Estamos en 1974. Ha decidido borrar del mapa a Richard Nixon y a toda su cúpula. Hacer historia.

A través de ese pretexto, Sean Penn ha bordado uno de los mejores papeles de su carrera y nos ha retratado la derrota, la amargura y la soledad de los millones de granos de arena que hay en el mundo. El sistema no va bien, hay que hacer algo para cambiarlo.

‘El asesinato de Richard Nixon’ ha puesto nombres y apellidos a cada uno de los verdugos del sistema. Desde el presidente del gobierno, pasando por tu jefe, el lameculos de tu compañero de trabajo que si te puede pisar la cabeza te la pisará, el arrogante director del banco o hasta tu propio hermano a quién pesa más el verde del dólar que el sentimiento familiar.

Todos están en el sistema. Todos buscan lo mismo: dinero y poder. Son retratados, infinidad de veces, como mitos. Sin embargo, hubo un tipo al que no atraía eso. Un tipo honrado. Se llamaba Sam Bicke. Un tipo sensato y cuerdo al que la desesperación, la crueldad del capitalismo y todas sus consecuencias, le hicieron estallar. Un simple loco, en cambio, del que reírse para todos los subordinados fieles al sistema.

* Aquí la voz en off no es ningún lastre, más bien todo lo contrario. A través de ella Bicke rezuma toda su amargura, su tristeza y desesperación. Grandiosas son cada una de las palabras con las que se confiesa hacia el maestro Leonard Bernstein.

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