‘A river runs through it’. Intimista.

el-rio-de-la-vidaRara vez podemos ayudar a los que tenemos más cerca. O bien porque no sabemos que parte de nosotros mismos dar o, más probablemente, porque la parte que podemos dar no es requerida. Son aquellos seres queridos que mejor deberíamos conocer quienes se nos escapan. Pero debemos seguirles amando. Podemos amar totalmente sin entender completamente“.

Esto es ‘El río de la vida’. Dirigida en 1992 por Robert Redford, es una película que solo por su fotografía, por cómo ésta plasma la natural belleza de la Montana de los años veinte, ya merece la pena. Pero hay mucho más, hay un sutil sentimentalismo envolviendo cada fotograma de esta cinta.

Es una historia sencilla, pero íntima. De hecho, es la historia del propio Norman MacLean, profesor de literatura que a la vejez decidió echar la vista atrás y despojarse de sus más profundos sentimientos en una novela autobiográfica que poco después sería llevada a la gran pantalla.

No busquen una obra maestra aquí, porque no la van a encontrar. En ella tan solo encontrarán un trozo de vida, un retal de sentimientos, una porción de amor. Encontrarán, en esencia, las palabras que abren esta entrada. Y un río, un sempiterno río cargado de encontrados recuerdos.

7.5/10 

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‘The edge’. Estado salvaje.

‘The edge’ nos traslada, a través de la mirada de Lee Tamahori, a los espectaculares parajes de la Alaska invernal. En esta tierra, con el pretexto de un viaje a medio camino entre el relax y el trabajo, introduce a una terna de personajes entre los que destacan los dos protagonistas del film: un solitario magnate y un fotógrafo codicioso.

David Mamet devuelve al estado de naturaleza a los depravados hombres, alejándolos del fasto en el que se regodeaban en medio de las grandes urbes y una sociedad civil que les era favorable y cuyos recovecos conocían como la palma de su mano. Ahora, aspectos como la codicia, la lujuria y la traición, perdidos en el bosque y con la sombra acechante de un temible oso, únicamente les servirán para perpetuar una tensión latente que no podrá ser manifestada dada la delicada situación: sobrevivir gracias al buen uso de su pensamiento e inteligencia.

Los placeres carnales, simbolizados en la figura de Elle MacPherson como mujer complemento del lujo y el máximo bienestar, son ambicionados por uno y rehuídos por el otro. El guionista impregna esta depravada lucha a su historia, clavándola como un punzón en medio de ese contexto de supervivencia primigenia, conformando así una especie de ciclo de salvajismo desatado (osos hambrientos y humanos recelosos), en el que tan sólo el animal con mejor raciocinio conseguirá triunfar.

El fruto de todo ello es un thriller comercial de gran altura que cuenta con grandes momentos y una tensión narrativa impropia en productos de este tipo. Se sirve, además, de un tal Anthony Hopkins como figura principal del cartel. Ahí es nada.

7/10 

‘¿Para qué sirve un oso?’. Ecologismo familiar.

Película inocente que busca, en la comicidad de sus personajes (sobre todo en la que irradia el gran Javier Cámara), un punto de enganche con el espectador, para así poder mostrarle una ración doble de ecologismo familiar.

El resultado es un argumento blandito del todo, que hace aguas por los cuatro costados en cuanto a historia coral sentimentalista. Pese a ello, uno se divierte, no cae en el aburrimiento y, ya de paso, asiste a una lección básica sobre grandes citas de la ciencia. Para pasar el rato.

5.5/10