‘Faubourg 36’. El teatro, amores y desamores.

En primer lugar, destacar lo aberrante del título dado al film aquí, en España. Menudas manías, y qué listo es el marketing, aprovechándose de un reclamo como París para dar nombre a una película que, en su original (Faubourg 36), nada tiene que ver con ese ‘París, París’ grotesco.

Dicho esto, continuamos. Estamos en la convulsa Francia del 36. En una situación que sin rozar los extremos que condujeron a la guerra en el país vecino, España, sí que producía, en cambio, bastante confrontación y conflicto social. Las ilusiones, las esperanzas despositadas por gran parte del pueblo francés en el Front Populaire encabezado por Léon Blum, chocaba con los vestigios fascistas franceses de aquella década. En definitiva, un marco arisco, cargado de tensión y, no olvidemos que estamos en los 30, de gran desempleo y pobreza. Así se encuentran los empleados de un barrio obrero del norte de París. Alguno de esos trabajadores, como nuestro protagonista, Pigoil, lleva toda la vida dedicada al teatro Chansonia. Un teatro clausurado por el cacique del distrito. Pero que con la ilusión, la fuerza y el coraje de los trabajadores será reabierto.

‘Fauborg 36’ es un canto al teatro. Un canto a la vida. A la felicidad y tristeza que acompasa a ésta. A sus amores y desamores. A esa cotidianidad tan miserable que se vivió en aquellos tiempos en el Barrio donde se ambienta el film. Se combina ello con la heroica situación que vivieron esos trabajadores, que sin nada que llevarse a la boca, decidieron, pese a todo, levantar su pasión, su ilusión, el teatro. Todo acaba bañado por una capa de sirope que nos endulza tan amarga historia.

El problema de trasfondo, no es otro que el cineasta firmante del film, de nombre Christophe Barratier, que apuntaba muy buenas maneras gracias a sus chicos del coro. Por tanto, ‘Faubourg 36 ‘, es una película que coges con grandes expectativas. Y eso juega en su contra. No es que Barratier haya caído, de repente, en el estrépito. Ni mucho menos. Tampoco es una película que roce el tedio. Sin embargo, le falta algo para ser una de las grandes, para emocionar y entusiasmar de verdad (algo que parecía ya exigírsele). Pese a todo, este tributo al teatro, y a la vida, realizado con puro sentimiento, está bien.  

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