Cold Mountain (2003)

cold_mountain_xlgDirección: Anthony Minghella
Guion:
 Anthony Minghella (Novela: Charles Frazier)

Producción: Miramax
Fotografía: John Seale 
Música: Gabriel Yared
Montaje: Walter Murch 
Reparto: Nicole Kidman / Jude Law / Renée Zellweger / Natalie Portman / Eileen Atkins / Brendan Gleeson / Philip Seymour Hoffman / Giovanni Ribisi / Donald Sutherland / Cillian Murphy / Ray Winstone / Charlie Hunnam
Duración: 154 min
País: Estados Unidos

Esta es una gran historia, en el sentido de que está hecha para buscar la magnificencia. Todo busca deslumbrar al espectador, nota clásica en el cine de Anthony Minghella. Para empezar, el contexto: la guerra de Secesión americana. Conflicto fratricida fundamental en la historia de los Estados Unidos y al que el cine, a pesar de haber prestado atención, quizás ha dejado un poco de lado por la distancia histórica. Este vacío lo intenta llenar esta película y lo hace, a su vez, escudándose en una historia de amor propia de las mejores poesías líricas griegas. Así, gracias a una factura técnica impoluta, a un reparto colosal y a una metódica dirección se vertebran los pilares de este relato al que muchos alaban pero que, sin embargo, a mí no termina de emocionarme.

La historia de amor es tan de postal, tan dulzona que no me dice nada. Pequeño revés pues, considerando que esta es la clave de bóveda del film. Además, el drama de la guerra, aun mostrándose correcto, tampoco cautiva en demasía. Presenciamos las mil y una tropelías (tanto en el frente como en la retaguardia), pero pocas nos inquietan. Carencias, así, de un guion bastante estándar y facilón. Y sí, tenemos un reparto espectacular, aunque los dos protagonistas… ¡no pueden estar más planos! Nicole Kidman es mucho mejor actriz de lo que aquí demuestra (vean, por ejemplo, Eyes wide shut). Lo mismo podría decirse de Jude Law (ahí tienen Closer), si bien este está un poco mejor, al interpretar a ese errante soldado, que su compañera. Curiosa contradicción la de esta cinta, pues si los protagonistas no terminan de estar acertados, los secundarios… brillan en todo su esplendor. Especialmente un nombre sobresale del resto, Renée Zellweger. Ella pone la excelencia en esta narración, pues está formidable. Luego, por orden de gusto personal, encontramos a Natalie Portman (¿cuándo ha estado mal Natalie Portman?), Eileen Atkins (monumental), Brendan Gleeson, Charlie Hunnam, Giovanni Ribisi (secundario de lujo) y Philip Seymour Hoffman.   

El clouds, clouds, sun final, tan típico como emotivo, remata una historia que cautivará a los más empalagosos. El resto, en cambio, nos tendremos que conformar con la elegante puesta en escena de Anthony Minghella, las escenas de Zellweger, Portman y Hunnam, la preciosa fotografía de John Seale y la emotiva partitura de Gabriel Yared. Mimbres suficientes para ver con gusto Cold Mountain.  

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‘Closer’. Batalla sentimental.

closer-poster‘Closer’ es una epopeya sentimental. Un relato descarnado, mordaz e impetuoso sobre las relaciones de pareja. El amor, la pasión y el sexo son plasmados con una veracidad asombrosa a lo largo de esta narración. 

Ayuda a tal fin, y mucho, el cuarteto protagonista. Sobre ellos recae el peso del film, y asumen dicha responsabilidad con gusto. Quizás Jude Law sea el más descolocado de todos, pero Julia Roberts realiza una más que digna labor, mientras que Clive Owen y Natalie Portman se sitúan en la excelencia. Además, tanto Patrick Marber como Mike Nichols consiguen hilar una historia llena de brillantez en la que los diálogos y situaciones prenden cautivo al espectador.

Conocerse, enamorarse, distanciarse, reencontrarse. Huir. Seguir de pie, hacia adelante. Todo bajo el agua fría de la canción de Damien Rice. Prepárense, por tanto, para disfrutar con esta verdadera batalla sentimental. Un lujo.

8.5/10

‘Beautiful girls’. Preciosa película.

“¿Sabes? Hay cuatro palabras que necesito antes de irme a dormir. Cuatro palabras: “Buenas noches, mi niña”. Y eso es todo. Soy muy sencilla, lo sé. El chico que me dice esas palabras, me quedo con él”. (Personaje Andera. Uma Thurman).

Willie Conway está ante una difícil tesitura. Su novia Tracy, con la que lleva saliendo once meses, le ha pedido el matrimonio. A punto de entrar en la treintena, el trovador pianista decide escapar de los humeantes garitos neoyorquinos para volver al pueblo de su infancia, Knights Ridge, con tal de reflexionar sobre su futuro. Así comienza esta maravilla de película titulada ‘Beautiful girls’.

Enclavando su atención en los gélidos parajes que proporciona la vida en una pequeña comunidad, Ted Demme consigue hacernos ser partícipes de las mil y una interacciones existentes entre los habitantes de dicho lugar. Nos emocionamos con ellos, sufrimos y nos alegramos con sus vivencias, tan pronto uno ríe y canta en la barra de un bar como se desespera y entristece al volante de una camioneta. Salvando las distancias temporales (aquí están dejando la veintena para llegar a los treinta) y de espacio (esto no es Texas, sino algo parecido a Minnesota), he de decir que esta cinta me parece una versión en miniatura de la imperecedera ‘Friday night lights’ (2006), así que ya está hecha la recomendación paralela.

El fabuloso guionista Scott Rosenberg, uno de los padres de la también mítica ‘High fidelity’ (2000), consigue brindarnos toda una explosión de sentimientos y sensaciones en la que los personajes quedan perfectamente pulidos e interpretados. Prepárense, por tanto, para dar un paseo por el mundo del corazón. Un mundo repleto  de amistad infinita, romances hirientes, afectos inquebrantables, amores penitentes, temores insospechados, corazones malheridos, sueños frustrados y tantas sensaciones más que caben en los apenas cien minutos de duración de esta genial película.

En fin, una historia tan alegre como triste, tan sencilla como profunda, tan dulce como amarga, tan nostálgica como melancólica, tan bonita como pesarosa. Una historia, en definitiva, humana y llena de vida. Véanla, pues están ante una de las mejores películas de la década de los noventa. Gran reparto, mejor historia, sensacionales diálogos, buena fotografía y emotiva banda sonora. Mención especial para el personaje de Uma Thurman, simplemente brillante.

9/10 

‘Heat’. Brillante y magistral policíaco.

‘Heat’ es una historia de personajes, de buenos y malos, en la que Michael Mann pule, perfila y compone con férrea precisión a cada uno de ellos, dándoles así la profundidad requerida, pero sabiendo manejar, no obstante, el tempo de la narración con maestría, alternando así la singularidad con la generalidad, nunca perdiendo de vista, por tanto, el tema principal: la lucha de titanes bindada entre Robert De Niro, pensador estratégico de la banda de atracadores, y Al Pacino, cabeza pensante del cuerpo policial de Los Ángeles.

Michael Mann consigue hacernos partícipes absolutos de esta trama. Nos sumerge así, del lado de los bandidos, en la amargura y el dolor que caracterizan la existencia de Robert De Niro (Neil McCauley), un tipo aquejado por el vacío sentimental, arrepentido por esa vida de maleza y perversión, buscando dar un último golpe tan redentor como liberador. También nos empapamos de la tristeza que irradia el personaje de Val Kilmer (Chris), tipo duro pero de corazón blando, devoto amante de su sufrida esposa, Ashley Judd. Además, siempre está latente la alargada figura de Jon Voight, el veterano instigador que proporciona la acción que estos hombres, incluidos Tom Sizemore y Danny Trejo, necesitan como motor de combustión. No obstante, esta vida conlleva riesgos, existiendo siempre cabos sueltos en forma de Waingro, un temerario Kevin Gage, y Roger Van Zant, el siempre correcto William Fichtner.

Pero toda moneda tiene su reverso. Éste en ‘Heat’ no es otro que Vincent Hannah, un todopoderoso Al Pacino. Sobre él recae todo el peso policial, salvo por las apariciones contadas y necesarias de Wes Studi y compañeros. Sentimos la angustia y el dolor que lleva en sus adentros, interiorizando así un trabajo que es un modo de vida. Una sempiterna búsqueda del mal que arrasa con todo lo que pulula a su alrededor, ya sea una olvidada esposa, la acertada Diane Venora, o una vilipendiada hijastra, interpretada por una jovencísima Natalie Portman. Ahora vive por y para atrapar al intrigante McCauley, una figura por la que siente total respeto y admiración. ¿Quién saldrá vencedor? Tendrán que ver ‘Heat’ para comprobarlo. Por mi parte, lo dejo en tablas.

La narración desprende talento, oficio y clase en cada diálogo, en cada escena, en cada situación. Pocos, además, conseguirán plasmar la violencia implícita a las escenas de acción de un modo tan tenso e hiperrealista como el aquí mostrado. El cineasta, Michael Mann, sienta cátedra acerca de cómo elaborar un thriller, moviendo las piezas de un modo preciso, inteligente. Juega así una partida perfecta en la que el espectador disfruta en todo momento. Ayuda en tal función el contar con una factura técnica intachable, marca de la casa en las cintas de Mann, así como poseer un listado de nombres tan poderoso en el cartel. Tenemos aquí, por tanto, a una de las mejores películas de la década de los noventa. Un auténtico tributo al mejor cine policíaco, teñido con el toque thrill que tanto le gusta manejar al cineasta de Chicago. Imprescindible.

9.5/10

‘Star wars. Episode III: Revenge of the Sith’. El lado oscuro de la fuerza.

Bueno, pues el maestro George Lucas cerraba su trilogía inicial (que no original) con este tercer y oscuro episodio. El universo esclarecedor que antecedía al mundo mostrado en los sagrados episodios IV, V y VI, quedaba culminado aquí a través de una fascinante y pirofantástica historia, la mejor de la trilogía moderna.

A través de ‘Phantom menace’ (1999), presenciábamos como la cálida y democrática República Galáctica, era puesta en jaque por la invasión de Naboo a manos de la Federación de Comercio, puesto al servicio de Lord Sidious. Sin embargo, los maestros jedis Gonn-Li y Obi-Wan conseguían solventar, junto con la ayuda de Padmé Amidala, el problema creado. El Senado, siempre endeble y rígido en sus decisiones, pasaba a ser controlado por Palpatine. Era en ‘The attack of the clones’ (2002), la entrega más floja de la saga, cuando todo comenzaba a teñirse de tinieblas. La investigación de Obi-Wan le llevaba a descubrir la creación de un ejército clon al servicio de la República. ¿Pero quién dió la orden de su creación? Todo apuntaba al siniestro Lord Sidious. Mientras, en el corto plazo, estallaba un conflicto civil debido a un movimiento separatista, y su ejército droide, impulsado por el Conde Dooku. La República se resquebrajaba.

Y es aquí, en ‘Revenge of the Sith’ (2005), cuando todo se desploma, se torna oscuro y siniestro. La República ya está en plena guerra civil. El ejército clon junto con los jedis, fieles al régimen democrático, luchan frente al ejército droide de los separatistas en todos los puntos de la galaxia. Sin embargo, un plan perverso hay en el fondo: la figura de Lord Sidious va a ser mostrada, su estrategia, hasta ahora semioculta, se vuelve explícita. Esto es el lado oscuro de la fuerza, el punto más lúgubre de la saga.

Obra maestra la aquí ingeniada por George Lucas. Supone el broche perfecto para poder disfrutar de la trilogía original, sabiendo, ahora sí, todos los resquicios existentes previamente a la creación del Imperio dominado por Darth Vader. La mutación de Anakin rompe el corazón de Amidala, y más aún de Obi-Wan. “Al exilio me veo obligado”, afirmaba Yoda. Así es, son malos tiempos para la República, para la democracia y para los jedis. Es la hora del Imperio, la fuerza del lado oscuro, representada en los Sith, ha salido victoriosa.

9/10 

‘Star wars. Episode II: Attack of the clones’. Amidala y Anakin.

George Lucas nos presentaba el segundo volumen de su fastuosa obra maestra: “El ataque de los clones”. Las andanzas ya iniciadas en ‘The phantom menace’ (1999) seguían su curso del mismo modo que antaño, a través de una poderosa, magnética y cautivadora fantasía visual, unida, cómo no, a la esclarecedora historia que buscaba atar, uno a uno, todos los hilos pendientes con tal de compactar la saga, satisfaciendo el apetito de los fans por conocer el mundo anterior al de la mítica trilogía inicial.

Si te gusto el primer episodio, ‘El ataque de los clones’ también lo hará. A mi parecer, le falta cierta profundidad en su historia, siendo la trama argumentativa más plana que en el primer episodio, cómo buscando únicamente resolver el trámite, centrándose George Lucas, sobre todo, en mostrar la evolución de Anakin, además de ir enseñando, aunque sea de un modo tímido, los preparativos maquiavélicamente ingeniados por Darth Sidious para poner fin a la existencia democrática de la República. Después de resolver los orígenes, aquí presenciamos el paso intermedio de un modo gustoso, en la línea de calidad marcada por el universo de George Lucas. 

8/10

Spoiler/Argumento

La República Galáctica sigue decrépita. El Gobierno del Canciller Palpatin es acusado de corruptelas y mala gestión, estallando un conflicto separatista, encabezado por la oligarquía que controla la Federación de Comercio, que acabará por poner en jaque a la estabilidad del régimen. ¿Qué hacer frente a esta amenaza inminente? Los políticos de la República se dividen entre aquellos que apoyan la creación de un ejército, y los que no, dentro de los cuales destaca la voz de la Senadora Amidala, antigua Reina de Naboo, y principal objetivo a eliminar por el movimiento separatista.

El Consejo Jedi, por tanto, se ve desbordado ante esta situación. No son suficientes como para frenar un conflicto civil como este. Aunque, de momento, se centrarán, tanto Obi-Wan como su aprendiz Anakin Skywalker, en la protección inmediata de Padme Amidala. Esta tarea les llevará, por empeño del joven padawan, a la investigación de quién hay detrás de los intentos de asesinato de la Senadora. Será el maestro Obi-Wan, siguiendo el rastro del cazarrecompensas que acechaba a Padme, quien descubra un terrible secreto oculto en el planeta Kamino, lugar en el que los kaminoianos están construyendo un ejército de clones por orden de algún Jedi.

Mientras, Anakin se marchará a Naboo con Amidala, buscando protegerla de los males que la persiguen. Allí estallará un amor secreto entre ambos, con diálogos y reflexiones que irán marcando la incipiente atracción por el lado oscuro del joven padawan. Sus temores y miedos, le conducirán, en compañía de Amidala, al planeta Tatoon en busca de su madre. Tal búsqueda resultará del todo dolorosa cuando descubra que los Tusken, moradores de las arenas, habían secuestrado a su amada madre, pereciendo esta en sus brazos, haciendo estallar toda la ira y el rencor que lleva dentro.

Por su parte, Obi-Wan, además de haber descubierto el ejército clon en Kamino, sigue el rastro del cazarrecompensas, quien le llevará al planeta Geonosis, lugar en el que reside el verdadero corazón de los separatistas, encabezados por el misterioso conde Dooku, antiguo padawan de Yoda y maestro de Qui-Gonn. Enviando un mensaje al Consejo Jedi, estos acudirán en auxilio de Obi-Wan, librando, para desgracia de la República, la primera batalla entre los droides de los separatistas y los clones de la República.

Como diría el Maestro Yoda, quien salvo a Anakyn y Obi-Wan de una muerte segura en Geonosis frente al conde Dooku (le amputa el antebrazo al padawan), nadie ha vencido en esta batalla. El camino de la República será tortuoso a partir de ahora que las armas ya han sido mostradas.

Todo quedará con un ejército de clones ya formado al servicio de la República. Una República caótica en la que uno no sabe quién gobierna y en pro de qué intereses. Cuidado con el personaje del conde Dooku, interesado, astuto y hábil, al servicio de Darth Sidious, y cuyo fin ya parece haberse satisfecho: allanar el camino para que estallara el conflicto interno.

Amidala y Anakin se casarán en secreto en los Lagos de Naboo…. 

‘Star wars. Episode I: The phantom menace’. Orígenes.

Aquí comienza ‘Star wars’, la mítica saga con la que muchos de nosotros hemos crecido, disfrutado y soñado. La fantástica imaginación de George Lucas es plasmada a través del fasto, la grandeza y el poderío visual que nos depara esta “amenaza fantasma”.

Es un punto de inicio magnífico, rozando la excelencia, a partir del cual el maestro Lucas comienza a cimentar las bases de su magna saga, perfilando los orígenes de los personajes claves, así como marcando las líneas argumentales maestras que acompasarán el devenir de los siguientes episodios. Todo ello sin menospreciar el presente, con una entretenida, fantástica y vertiginosa estratagema cargada de planetas invadidos, boicots comerciales, reinas en jaque, amenazas latentes, malvados tan carismáticos como Darth Mour o jedis tan bondadosos y nostálgicos como Qui-Gonn.

8.5/10

Spoiler/Argumento

La República Galáctica atraviesa una crisis institucional sin precedentes. Toda su magnitud interestelar parece haber entrado en declive. El Canciller Supremo, un débil Finis Valorum, ha cedido poder frente a los burócratas que imperan en Coruscant, un planeta-megalópolis en el que reside la sede del Senado de la República, así como el Consejo Jedi.

Mientras, una coyuntura económica adversa como es la imposición de una serie de rutas comerciales, podría dar el golpe definitivo a la República a través de las fuerzas de la Federación Comercial, contrarias a esta decisión económica, y controladas en la sombra por el misterioso Darth Sidious y su estratagema incendiaria, cuyo punto de inicio es la invasión del Planeta Naboo, reinado por Amidala y representado en el Senado por Palpatine.

A fin de evitar la posible catástrofe, el Canciller Supremo decide enviar a dos Jedis, guardianes de la paz y la justicia, como son un mítico Qui-Gonn Jin y su joven aprendiz Obi-Wan Kenobi, para negociar con el virrey de la Federación, deperando como resultado un infructuoso diálogo que sustituye las palabras por violencia. Ante tal tesitura, los jedis no tendrán más remedio que refugiarse en Naboo y advertir a la Reina Amidala de los maquiavélicos planes ingeniados por la Federación.

Con la invasión de Naboo ya en marcha, no tendrán más remedio que abandonar el Planeta en busca de una ayuda política en Coruscant que resuelva toda esta crisis. Sin embargo, por avatares del destino, su nave deberá hacer escala en el agreste Planeta Tatoon, lugar en el que se encontraran con un extraño y poderoso niño-esclavo: Anakin Skywalker. Éste impresionará a Qui-Gonn, quien no dudará en llevarlo consigo.

Todo terminará en dos lugares distintos: En Coruscant, ante la ineficacia política allí existente, Amidala seguirá las instrucciones de su Senador y pedirá la cabeza de Finis Valorum, siendo este sustituido por el hábil y ya nombrado Palpatine. Mientras, en Naboo, el ingenio estratégico de Amidala servirá para acabar con la invasión enemiga. La red de la Federación será esquivada, aún con la amenaza fantasma de los Sith, jedis atraídos por el lado oscuro. De hecho, este Episodio I no será más que una batalla perdida por Darth Sidious y su aprendiz Darth Maul, quien caerá frente a Obi-Wan aunque con anterioridad allá podido con Qui-Gonn, el cual dejará una última voluntad a su aprendiz: “enseña a Anakin”. Con los recelos de Yoda, no obstante, Obi-Wan se convertirá en su maestro.

‘Léon’. Ni mujeres ni niños.

A ‘Léon’ hay que enjuiciarla atendiendo a lo que es: una película de acción. Si partimos de esa base, podemos llegar a decir que sí, que es posible hacer, dentro de este manido género, pelis que huyan de clichés como son las explosiones, los tiros y el ritmo frenético durante todo el santo metraje.

Luc Besson, cineasta irregular donde los haya, alcanzaba aquí el cúlmen de su filmografía, tejiendo una historia tan sencilla como emotiva. Ésta se sitúa en un bloque de viviendas de uno de los suburbios de New York. Allí viven Léon, “limpiador” de profesión, y Mathilda, una muchacha castigada por la vida desde el día en que nació. Un tipo llamado Stan, corrupto agente de la DEA, decidirá, sin saberlo, juntar el destino de ambos dos cuando irrumpa en la vivienda de Mathilda con fúsil en mano. A partir de aquí, y a pesar de no tener ningún misterio su cinta, Luc Besson nos cautiva. Desamparados en la Gran Ciudad, se encontrarán el uno al otro. Huíran de sus miserables existencias, comenzarán a sentir (en toda la magnitud de esta palabra). Sin embargo, nadie escapa tan fácilmente de su destino, menos aún cuando te lanzas de cabeza hacia el mismo, buscando ajustar las cuentas con el tipo, que curiosamente, los unió. Todo quedará reservado para los minutos finales del metraje, donde la relación entre ambos deberá resolverse en medio de fuego cruzado y sangre.

En fin, entretenimiento de gran calidad. Jean Reno está bien, Gary Oldman está muy bien (como casi siempre), y Natalie Portman… qué decir de ella! Aquí comenzaba a labrarse su futuro cinematográfico, presentándose al mundo con una brillante actuación en la que soportaba el peso principal del film (y de qué manera!), pues gracias a ella ‘Léon’ es hoy lo que es: una brillante película de acción que le debe mucho al feeling que logran transmitirnos el singular dúo Reno/Portman. Mítica.

‘Black swan’. Entre el bien y el mal.

El cisne blanco, inocente y hermoso. A la medida de Nina, un monstruo de la perfección, con una vida dependiente del ballet, minuciosa y calculada. Títere de su madre, a quién rinde plena sumisión, fiel a sus directivas, entregando su vida por ella. El cisne negro, en cambio, es carnal y lujurioso, obsceno y pecador. No conoce de límites, es libertino y sexual. Está en las antípodas para Nina, casi imposible de alcanzar, a pesar de las instrucciones tentadoras de ese diablo llamado Thomas Leroy.

Será Lily, su principal competencia para el papel, la que haga mover la historia, volcándonos en esa enferma lucha moral entre el bien y el mal. Entre la sumisión y el desenfreno. Entre la alcoba vacía y el sexo lésbico. Entre la inocencia y los pensamientos impuros. Entre la perfección y lo terrenal.

Darren Aronofsky vuelve a sumergirse en la debilidad humana, como ya hiciera en ‘Requiem for a dream’ (2000) o ‘The wrestler’ (2008), para brindarnos una hermosa historia que gira en torno a una inocente alma encerrada en una vida que no es la suya, esperando a su príncipe azul, en busca de libertad, sin saber que pronto caerá sobre ella el engaño del lujurioso cisne negro, alcanzando con el fin de su existir la propia libertad que tanto anhelaba. Gran interpretación de Natalie Portman, poética historia, excelente fotografía e inolvidable escena la del cisne negro.

‘Garden State’. Pues bien.

Nueva incursión en el tema de las parejas sentimentales. Esta vez, se combina con la decadencia familiar sufrida por dos jóvenes. El es Andrew. Salió de su ciudad camino a L.A, escapando de la figura de su padre, escapando de un trágico suceso que rompió por completo el nido familiar, la felicidad. Ella es Samantha. No pudo huír. Su mente hace aguas por los cuatro costados debido también a un infancia, a una socialización, un tanto peculiar dentro de su nicho familiar. Ahora se han conocido. Es su hora, ¿podrá el amor nacido entre ellos redimirlos de su pasado neurótico y farmacológico? Suena todo al clásico tema de ‘Los Secretos’, aquello que decía así “…de mis cenizas un árbol he plantado, su fruto ha dado y, desde hoy, algo ha empezado…“.

Es cierto que el tema del amor, las parejas y demás, ya está bastante cascado. Puede que sea uno de los géneros más explotados por la industria cinematográfica (tanto americana como europea). Dentro de esa inmensa cantidad de cintas, hay joyas que lucen como ninguna al igual que hay basura de cuyo hedor huyes al primer plano. ‘Garden State’ se situaría en la frontera de ambas. No es ninguna gran película, tampoco es bazofia.

Es una película pretenciosa que trata de ser rompedora (difícil serlo en este tema). Trata de serlo poniendo todo el ingenio de Zach Braff al servicio de un guión que no es más que un sucedáneo de personajes variopintos. Véase, por ejemplo, al protagonista masculino, quién no es más que una caricatura hiperbólica del joven depresivo acomodado en la clase media de nuestro sistema, cuyo logro más importante en su carrera cinematográfica es la de haber interpretado a un quarterback retrasado mental. No se queda corta la protagonista femenina (Portman hace una interpretación horrenda), cuyo hogar está inundado de hámsters, lo que quizás provoque el hecho de que ella sea una mentirosa compulsiva y le de por hacer gilipolleces del palo lalala, uh uh uh, etcétera (obviamente, se da por sentado que está no es la casuística idónea). De los secundarios… qué decir. Estrafalarios a más no poder. Desde el pavo que fuma pipa con su madre y colecciona cromos de la Tormenta del desierto (¡tiene a Dick Chenney!) pasando por el tío que vendió la patente del belcro silencioso pudiéndosa comprar una mansión de la hostia donde dar rienda suelta a su vena fornicadora, hasta llegar al tipo que vive en un barco en medio de… una falla enorme! En fin, acidez y humor negro para retratar una parte de la sociedad estadounidense de nuestro tiempo y enclavar en ella una historia de amor peculiar, estrafalaria y personal. Pues bien, eso es lo que hay.