‘Crash’. Coches, colisiones y sexo.

Estaba ilusionado en los momentos previos a la acción de pulsar el play. No sabía exactamente la que se me venía encima, pues las referencias eran dispares, pero tenía esa sensación de que posiblemente tenía ante mí una de esas joyas cinematográficas que uno siempre anda buscando. Desde los primeros planos ya se nos explicita la lujuria, el deseo carnal, el placer sexual retorcido, lo que da pie a un erotismo ciertamente conseguido que se impregna en cada uno de los personajes de esta singular historia. Pronto, uno se anonada ante lo contemplado, ante ese fresco de zumbados, románticos de la gasolina, la velocidad, las colisiones y el sexo, todo junto y revuelto. Se supone que de ahí emana una reflexión sobre la penumbra existente en nuestra sociedad y demás.

El esquema narrativo/simbólico sería: 1º monotonía (estandarización reflejada en los automóviles), 2º rotura (colisión o escape de esa monotonía), 3º placer (derivado de ese atípico híbrido entre mecánica-tecnología y carne-sexo). Es decir, el punto zen en esta universo cronenbergiano sería, por ejemplo, cepillarse a un tío con el pene repleto de cicatrices y la cara hecha un mapa de tanta hostia, o poner a cuatro patas a una explosiva rubia que mueve sus sensuales curvas gracias a las prótesis que invaden todo su cuerpo.

Veo la reflexión a la que trata de incitar el cineasta mediante ese grupo de enfermos excitados ante la idea de partirse la pierna en tres, o de practicar el acto sexual envueltos de sangre, cráneos abiertos y magulladuras. La incómoda ambientación está veritablemente conseguida gracias a esa estética metalizada a la par que carnal, llena de morbo, cautivando mi atención y perturbándome esas ovejas descarriadas filmadas por la cámara de Cronenberg. Sin embargo, esa perfección visual no logra maquillar los defectos de una historia tan singular como pretenciosa. Tengo sensaciones extrañas tras haberla visualizado. La atmósfera retratada me apasiona, pero no acabo de encontrarle el sentido al film, pues el medio utilizado para escapar de la uniformización me parece tan enfermizo, tan irreal, tan violento, tan fetiche, que no me lo acabo de creer. Es un absurdo. Mi mente, por el momento, no está tan enferma como la de Cronenberg.

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