‘Déjà vu’. Espectáculo vacío.

Tony Scott vive con el estigma de ser el hermano del gran Ridley. No es fácil sobrevivir a la sombra de éste, siempre con la eterna comparación. De ahí el mérito de su larga, extensa y placentera filmografía. Suya es una película fabulosa como ‘True romance’ (1993), casi nada. También cuenta con uno de los grandes éxitos archicomerciales de los ochenta, ‘Top gun’ (1986), además de un sinfín de cintas con tremenda vocación comercial que acometen el objetivo de entretener al público con aires de suficiencia.

Dicho esto, ‘Déjà vu’ me parece un ligero tropiezo. No me entretiene. Me parece estar presenciando una historia barata, facilona. Su lógica es tan ilógica que uno percibe los remiendos y fabulas de la narración de un  modo hiriente. Un producto que en su haber cuenta con el lucimiento personal de Denzel Washington, unos efectos especiales de diez  y el oficio de gente como Jerry Bruckheimer o Tony Scott. Sin embargo, el debe es muy abultado. Una narración excesivamente larga a la par que tediosa, un argumento con innumerables deficiencias y una desorientación crónica. ¿De qué va esto?

En fin, floja historia de difícil encasillamiento. Acción, ciencia-ficción, romance y suspense. Todo juntito y revuelto, servido al estilo Bruckheimer. Espectáculo vacío.

4/10 

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