‘Rolling thunder’. El sucio aroma de la venganza.

Paul Schrader, en compañía de Heywood Gould, daba vida, en ‘Rolling thunder’ (nefastamente traducida aquí como “El expreso de Corea”, cuando, en realidad, el tipo vuelve de Vietnam), al Major Charles Rane, una suerte de Travis Bickle, que después de volver como un héroe de Vietnam, vivirá únicamente oculto bajo unas gafas de sol.  El regreso al hogar, en la texana San Antonio, no será el más idóneo. Con una esposa que le engañó con uno de los policías del pueblo, su único ápice sentimental va dirigido a su hijo, ese al que casi no conoce. Todo empeorará cuando unos mexicanos asalten su casa en busca de dólares de plata… y liquiden a su bien amado hijo.   

Frío y duro como el hierro, el Major, en compañía de una explosiva rubia y un antiguo compañero de combate, un jovencísimo Tommy Lee Jones, no tendrá otro remedio que vengar esta muerte, borrar del mapa a todos esos tipos que hundieron la vida de su familia. Dice Paul Schrader que la historia no debía ser así, pues se trataba de enfatizar una crítica al racismo profundo, acentuado además en Vietnam, que pudiese existir en una zona fronteriza como Texas. Sin embargo, poco de eso hay aquí. La crítica no se capta por ningún lado. El simple y conciso mensaje conservador (venganza, venganza, venganza) se apodera de la pantalla, viendo como los mexicanos, sucios y miserables, deben morir a manos de esos cowboys texanos. La violencia de ‘Rolling thunder’ impresionó a Quentin Tarantino, cómo algo de impresionados parecían estar, del mismo modo, Schrader y Heywood Gould con Peckinpah, pues hay aquí ciertas reminiscencias hacia su cine.

Con todo, cabía exigirle algo más a esta cinta. La reflexión y la crítica desaparecen en manos de Jonathan Flynn, perdiendo la esencia primigenia de la historia, sustituyéndose esa especie de violencia moral que ataba a Bickle por un garfio y un par de rifles que sólo buscan matar, con la coartada ya mentada de la venganza. Aceptándola tal como es, la película es más que digna, deparándonos varias escenas (el asalto a la casa, la conversación sobre violencia con la rubia, el garfio, y el mítico final) de altos vuelos. Destaca un extraordinario, seco y plenamente perturbado, Tommy Lee Jones. Curiosa.

7/10

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