‘The hand that rocks the cradle’. Muy de sobremesa.

Todavía sigo sin explicarme, después de haberme tragado ‘La mano que mece la cuna (1992), como Curtis Hanson, un tipo de notable reputación cinematográfica, aceptó el encargo de dirigir un bodrio tal como el que aquí comentamos.

No hay nada salvable en esta cinta, a excepción del felino sex-appeal de Rebecca de Mornay. Quiero decir, me sorprende que un guión tan rutinario, tan de sobremesa, tan previsible, tan hueco, fuese acogido con agrado por parte del gran público y, más aún, lograra poner en nómina, como ya he dicho, a gente con cierto caché (y prestigio) dentro del mundillo hollywoodense.

La idea central del film es del todo acaparadora, pues acaba hastiándonos la supuesta astucia maquiavélica de la angelical niñera. Todo acaba siendo muy redundante, puesto que de los ciento diez minutos de duración, cien son destinados a exhibir las jugarretas, previsibles con un siglo de antelación, de la Mornay, guardando los otros diez para el lucimiento, en la degeneración máxima del happy-end, de un retardado en el papel, postizo y forzado, de héroe. Floja cinta que nos hunder el paladar con el rancio sabor del telefilm. 

4/10

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