‘Jeux d’enfants’. Capaz o incapaz.

Tenía grandes referencias acerca de esta película, pues todos me habían hablado muy bien sobre ella. Nunca encontraba el momento oportuno para verla. Esto fue así hasta que anoche le dí al botón del play. Me frotaba las manos, esperando presenciar un recital francés en un género, la comedia romántica, que tanto dominan. 

Historia de amor servida de un modo original. La narrativa de Yann Samuell es fresca, mordaz y alocada. Consigue ofrecernos una estética cautivadora, además de unos brillantes diálogos. Sin embargo, a pesar de ésto y de las carismáticas interpretaciones de la pareja protagonista, Guillaume Canet y Marion Cotillard, el film termina por entrar en la redundancia al recurrir una y otra vez al recurso del juego, terminando éste por ser, en ciertos momentos, el fin en lugar del medio. Es decir, da la sensación de que Samuell termina por ahogarse en su propio ingenio, tan cap de lograr nuestra plena atención ante el sarcástico y (anti)romántico recital brindado como pas cap de conseguir que la historia avance de un modo espontáneo y natural.

‘Jeux d’enfantas’ no es más que el relato de una historia de amor entre dos personas que se han querido desde niños pero que jamás se han atrevido a decírselo sinceramente, con el corazón en las manos. Por tanto, atentos para ver una amalgama de sensaciones. Por momentos, triste y amarga. A ratos, alegre y dulce. Siempre dolorosa e hiriente, pero transmitiendo en todo momento esa sensación especial que acompaña a esa cosa llamada amor. Gustará a los más jóvenes y descolocará a los románticos más clásicos. En cualquier caso, una película agradecida de ver.

7.5/10

‘Entrapment’. Tan inverosímil como aburrida.

Sean Connery es un ladrón muy listo y astuto. Sin embargo, Zeta-Jones todavía lo es más. Así, con la tontería de un robo por aquí y otro por allá, se encenderá la llama del amor entre la joven actriz y el atractivo escocés. 

Un buen guionista como Ronald Bass echaba parte de su reputación por los suelos al escribir esta historia de ladrones románticos. Cinta tan inverosímil como aburrida. Además, el toque pastelón termina por indigestar al espectador. La sucesión de robos parece funcionar de un modo mecánico, sin soltura. El juego de astucia planteado es del todo previsible. Los engaños entre los protagonistas son facilones y repetitivos. ¿El  romance? Tan cursi como poco trabajado.

A los últimos treinta minutos, verdadera debacle del film, uno ya llega mermado, con la sombra tentadora del botón “stop” siempre presente. Un producto hecho con fines absolutamente comerciales que gravita en torno al lucimiento de dos pesos pesados de la interpretación. Únicamente para devotos de las curvas de Zeta-Jones, o amantes del bigote de Connery. Mala.

3.5/10 

‘Anaconda’. Obvio, una película del montón.

El hecho de que Luis Llosa no haya firmado nada en tierras estadounidenses desde que dirigió ‘Anaconda’, allá por 1997, es un tanto curioso. No seamos malos y vayamos a pensar que es una causa-efecto en relación con la calidad de este producto. Ironías fuera, no comparto el linchamiento generalizado hacia esta película. Obvio que no es una obra maestra. Obvio que es una película mediocre. También, obvio que es y será como tantas cintas de la misma calaña a las que generalmente uno se refiere como “se deja ver”, “del montón”, “para pasar el rato”.

Pero, quid de la cuestión, ¿qué esperaban encontrar en Anaconda cuando le dieron al play? ¿no sería acaso la versión moderna de ‘Jaws’ (1974), verdad? La expedición del National Geographic, liderada por la exuberante Jennifer, ejerce como clave de bóveda de una historieta con pretensiones terroríficas que no acaba de cuajar.

En fin, asfixiantes aventuras en las verdosas aguas del Amazonas. Tiene un buen cartel (énfasis en Jennifer Lopez), un buen prólogo, un buen villano (Jon Voight) y, sí, una historia bastante limitada. Aparte de eso, el factor terrorífico originado por la presencia de la anaconda es difícil de percibir. Pocos sustos y bastantes carcajadas al presenciar la calidad de los efectos especiales aquí brindada. Lo dicho, del montón.

4.5/10 

‘Along came a spider’. Digno entretenimiento.

El notable Lee Tamahori asumía el reto de dirigir ‘Along came a spider’, proyecto que engrandecía en Hollywood la figura de Alex Cross, el popular personaje ideado por James Patterson. Un actor de primer nivel, Morgan Freeman, repetía el mismo personaje que cuatro años antes había interpretado en la conseguida ‘Kiss the girls’ (1997).

Entretenida cinta con varios puntos a su favor. Uno, el principal, contar con un tal Morgan Freeman como estrella del cartel. Ahí es nada. En segundo lugar, tiene un guión que, sin grandes alardes ni florituras, consigue plasmar una intriga interesante, digna de ver. Por último, agradecer que la narración no caiga en la chabacanería ni en lo rutinario, consiguiendo así manufacturar un thriller cargado de vigor y brío. 

En fin, no estamos aquí ante la herencia del mejor Hitchcock. Tampoco es la continuación directa de ‘Seven’ (1995). Por tanto, es conveniente contextualizar esta cinta con tal de no pedirle peras al olmo, enfatizando así su fuerte vocación comercial. Con todo, haciendo comparativa con historias similares en temática y tiempo, tengo la sensación de que se ha hecho un buen trabajo en esta hora de la araña. Recomendable.

7/10

‘Who framed Roger Rabbit’. Virtuosa rareza.

Eddie Valiant ya no es el mismo. Donde antes había bromas y sonrisas, ahora tan solo encontramos mal humor y alcohol. La muerte de su hermano a manos de un dibu le marcó el carácter, malviviendo ahora a base de chapuceros trabajos de investigación. Uno de éstos, del todo rocambolesco, le ha llegado a sus manos: averiguar si la mujer de Roger Rabbit hace “palmitas” a sus espaldas con otro tipo. Estamos a punto de entrar en el universo de peligros, falsas identidades y coloridas animaciones aquí propuesto.

Nadie podrá achacarle al gran Robert Zemeckis su tremendo poder de imaginación, su ilimitada capacidad creativa y su valentía para sumergirse en proyectos de alto riesgo como el de ‘Who framed Roger Rabbit’. Tampoco nadie podrá decir que la historia aquí propuesta es, así de antemano, del todo atractiva y tentadora, pues tenemos una intriga que nos evoca al mejor cine negro de los años cuarenta, ambientando la acción, eso sí, por los pasillos más oscuros y tenebrosos de…. ¡Dibulandia!

Original cinta que equiparaba a humanos y dibujos animados en la ciudad de Los Ángeles durante el año 1947. Arrasando en el apartado técnico, la obra de Zemeckis conseguía exponer un virtuosismo digno de elogio y reconocimiento (ganó 3 Oscar en 1988, entre ellos a efectos especiales) que suponía el vehículo idóneo para que estas inclasificables aventuras pudiesen avanzar a ritmo endiablado. Meritoria como pocas, no tiene desperdicio.

7.5/10

‘Todos los hombres sois iguales’. Topicazos como vía de diversión.

Partiendo de un humor grosero y soez, la cinta de Gómez Pereira consigue avanzar de un modo divertido, impregnando a su narrativa de un machismo que, en el fondo, no parece ser tal, cayendo así en la parodia y ridículo del mismo. El gracioso guión pone su atención en tres hombres recién divorciados que deciden comenzar, a las puertas de la cuarentena, una nueva vida caracterizada por la golfería, la camaradería y la soledad sentimental. Por tanto, no busquen aquí al mejor Woody Allen. ‘Todos los hombres sois iguales’  consigue, a base de topicazos y chistes cuya comicidad radica en el mal gusto, sacarle una sonrisa al espectador. ¿En qué lugar deja esta cinta al humor español?  

Entretenida historia que ahonda en las desventuras mujeriegas de los tres piltrafas aquí presentados. Tanto Imanol Arias como Antonio Resines y Juanjo Puigcorbé consiguen, gracias a sus atinadas interpretaciones, dar en el clavo. Mención especial para Cristina Marcos, verdadero motor de combustión de esta belicosa afrenta entre mujeres y hombres.

6.5/10

‘Murder by numbers’. Gustoso thriller juvenil.

Barbet Schroeder retorna a la adolescencia, inmiscuye su cámara en los pasillos de un instituto californiano y pone el acento en las perversiones juveniles de un par de psicópatas potenciales como son Richard Haywood y Justin Pendleton. Todo bajo la atenta mirada de Sandra Bullock, estrella deslumbrante de este acertado blockbuster, encargada de esclarecer el sanguinolento reto que aquí nos es presentado.

La cinta mantiene la tensión durante todo su metraje. No decae nuestra atención, y esto tiene mérito suficiente dado que uno ya sabe quiénes son los asesinos desde los primeros minutos. El empuje y el nervio viene dado por la metódica mente de Michael Pitt y por la perversa sonrisa de Ryan Gosling. Tanto Sandra Bullock y Ben Chaplin, eso sí, les aguantan el pulso, aceptan el envite y sacan las uñas.

La historia no tenía grandes aspiraciones, conocedora de sus límites. Sin embargo, Schroeder logra un cocktail de gustoso sabor a base de escabrosas intrigas, maléficas intenciones y buenos personajes. No tiene desperdicio ver a dos jóvenes talentos como Gosling y Pitt foguearse en un thriller tan bien trabajado como este.

7/10    

‘Desperate measures’. Rutinaria, sin más.

El buen hacer de Barbet Schroeder dentro del género queda un tanto empañado a consecuencia de esta historia de dramatismo impostado, mediocre acción e irrisoria intriga.

Lucha de gallitos sin tensión ni nervio. El guión de David Klass es para hacérselo mirar, cimentando una trama floja, vacía y repetitiva en la que nada consigue levantar plenamente la atención del espectador. Cada vez que habla el niño, el índice de cursilería se dispara por las nubes. Se salva un Michael Keaton que explota, dentro de los límites prefijados, a un personaje bien básico. De Andy García y Gay Harden mejor no comentar nada.

En fin, un corre que te pillo continuo por los pasillos de un hospital penitenciario. Barbet, ¿por qué te metiste en tal embrollo? Gracias a películas como ésta, la palabra rutinaria cobra sentido.

5/10

‘La virgen de los sicarios’. Devoción, violencia, horror.

“Ver, oír y callar”. Dice Fernando Vallejo, durante el transcurso del film, que esto es lo único que hace desde que volvió a Medellín. Miente, por supuesto. Habla mucho, muchísimo. El espectador, en consecuencia, lo agradece. A través de sus palabras, de sus acciones y de sus relaciones con distintos jóvenes como Alexis o Wilmar, uno consigue sumergirse en ese infierno terrenal en el que parecía convertirse la ciudad colombiana durante la década de los noventa.

Eran tiempos amargos. El líder del narcotráfico colombiano, Pablo Escobar, había caído. El Cartel de Medellín andaba desmembrado y los jóvenes sicarios quedaba desorganizados, moviéndose a impulsos y entablando infinitas disputas territoriales. Violencia, sangre y fuego cruzado. Muchos cadáveres, muchas almas penitentes. Un auténtico horror que escandaliza al espectador.

El talentoso guión es la clave de bóveda de esta historia. Por su precisión, por su rigor y por su mirada crítica. El viaje nostálgico, emprendido por un tipo como Fernando Vallejo, hacia su Medellín natal quedaba salpicado por una cruda realidad. Gracias a sus afinados pensamientos y mordaces reflexiones nos queda patente cuál es su punto de vista en torno a temas como la religiosidad, la muchedumbre o la pobreza, y cómo todo ello termina por relacionarse de una u otra manera con el narcotráfico y la violencia inherente al detestable oficio de sicario. Cierto es que el film de Barbet Schroeder se vuelve un tanto redundante respecto al tema del asesinato a sangre fría, pero esto no es más que la hipérbole donde se refugia el mensaje del film.

Película abrasadora. La comparativa entre las penas personales de Vallejo y las penas sociales de Medellín es inevitable. El cineasta noquea nuestra conciencia mientras nos lamentamos de la desgraciada vida que acompaña al protagonista, interpretado fabulosamente por Germán Jaramillo, tan desamparado, tan triste y tan errante.

8.5/10 

‘Before and after’. La fugacidad de nuestras existencias.

El prólogo brindado por Schroeder nos sitúa desde bien pronto en la cuestión central del film. Así, las estampas gélidas, pacientes y tranquilas de ese pequeño pueblo del Estado de Massachusetts quedan salpicadas, sutilmente, por el cuerpo ensangrentado de un muchacha que yace sobre la nieve. Un escabroso asesinato que alterará la ordenada existencia de dicha localidad. La sospecha principal recaerá sobre el hijo de los Ryan, y la vida para éstos dejará de ser tal como era. Todo tiene un antes y un después, como así nos recuerda el título del film.

Barbet Schroeder explota con precisión la vertiente sentimental del film. Su narrativa queda impregnada de emotividad, de dolor y de sollozos. La pareja central de la historia, Liam Neeson y Meryl Streep, ponen toda la carne en el asador, le dan credibilidad al asunto y nos hacen sentir partícipes de su desgraciada realidad. ¿Cómo pudo hacer tal cosa nuestro hijo? ¿Qué hacemos ante esto? El paisaje trazado por el cineasta da sensación de ser humano, visceral y creíble.

En fin, un drama tejido con buen pulso y oficio. Queda teñido por una acertada intriga que servirá para poner el dedo en la llaga y apretar con fuerza, señalando los dilemas morales de los protagonistas, aparejados éstos a los resquicios legales del sistema que permitirían su salvaguarda. Moviéndose en la misma línea que comenzó con ‘Reversal of fortune’ (1990), esta cinta toca los distintos palos sin temor al error. El cineasta, Barbet Schroeder, sabe lo que se lleva entre manos, consiguiendo un film notable. Recomendada.

7.5/10