Scarecrow (1973)

Scarecrow-1973-MSS-poster-3xlDirección: Jerry Schatzberg 
Guion:
 Garry Michael White

Producción: Warner Bros 
Fotografía: Vilmos Zsigmond
Música: Fred Myrow
Montaje: Evan Lottman

Reparto: Al Pacino / Gene Hackman / Dorothy Tristan / Ann Wedgeworth
Duración: 112 min
País: Estados Unidos

Estamos a comienzos de los años setenta y el capitalismo vive su época de máximo esplendor. El bienestar y el acomodamiento campan a sus anchas a lo largo de la geografía estadounidense. Sin embargo, siempre existen almas errantes, gente que no logra (o no quiere) entrar en las inercias del sistema. Es el caso de Max y Lionel, es decir, el caso de Gene Hackman y Al Pacino. Juntos, después de conocerse en una carretera perdida en mitad de la nada, protagonizan esta aventura en busca de su sueño, de su lugar en el mundo. 

Uno es tosco, agresivo y desconfiado. El otro es inocente, bondadoso y vulnerable. Pittsburgh y Detroit son sus referencias cercanas, sus destinos inminentes. Mientras Gene Hackman sueña con abrir un lavadero de coches en compañía de su nuevo socio, Al Pacino, a este último también le mueve la idea de conocer a su hijo, quien nació mientras él cumplía condena penitenciaria. Así, forman un tándem que luce empático como pocos. La anárquica dirección de Jerry Schatzberg consigue sacarle, por tanto, un buen provecho al talento interpretativo de sus actores. De hecho, esta cinta consiguió alzarse, ni más ni menos, que con la Palma de Oro. En este sentido, Gene Hackman está espléndido, como casi siempre. Venía de sobresalir en The French connection (1971) y estaba a un paso de firmar la excelencia en The conversation (1974), bajo el mando de Francis Ford Coppola. Por su parte, Al Pacino está en su mejor momento, el que va de 1971 a 1975: un enamorado drogadicto en Nueva York; el imperecedero Michael Corleone; un atracador de bancos en una tarde de perros; o el estoico Serpico. De este tiempo concreto, la interpretación de esta película es la más floja de todas ellas, pero aun así está de notable, si bien es cierto, pierde el pulso con Gene Hackman.

El guion tiene bien definidas sus líneas maestras, pues este film solo podía acabar de una manera. Así, la amistad surgida entre los protagonistas da sus frutos desde el comienzo hasta el final de la narración. Nos conmueve esta historia de errantes, sí, pero tiene el handicap de haber sido estrenada cuatros años después de la maravillosa Midnight cowboy, mucho mejor película que esta. Además, gusto personal, la coetánea En el curso del tiempo (1975), dentro de los márgenes de este tipo de relatos, también le supera con claridad. En cualquier caso, una historia agradecida de ver y escuchar. 

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‘Superman’. Emblemática.

superman-version1-1978-movie-posterLo primero que me llama la atención de ‘Superman’ (1978) es ver que el guión viene firmado por, atención, Mario Puzo. Uno de los grandes escritores que ha habido sobre el mundo de la mafia, autor por ejemplo del clásico ‘El padrino’, se atrevía aquí a darle forma al musculoso hombre de los calzones rojos. Es una curiosidad, sin más. Un valor añadido al lustroso plantel de nombres que acompañan a esta cinta: Richard Donner en la dirección, Marlon Brando, Gene Hackman o Christhoper Reeve en el reparto, o John Williams en la composición de la BSO. 

De largo lo mejor del film viene dado por todo aquello que guarda relación con Krypton y Marlon Brando. Desde los comienzos en la remota galaxia hasta pasar por la infancia del superhéroe para llegar a su aleccionamiento final a manos de Jor-El. Ahí la película sobresale, descendiendo a lo terrenal y rutinario cuando el bueno de Superman se convierte en Clark Kent, trabajador del Daily Planet. 

Película emblemática, objeto de devoción para bastantes feligreses de las andanzas de este superhéroe. No es mi caso. No encuentro por ningún lado el carisma del personaje, y tampoco me entusiasman tanto sus “aventuras”. En cualquier caso, reconozco que la película es entretenida. No aburre, aunque sí se podrían haber ahorrado unos veinte minutos de su metraje definitivo.

7/10 

‘Absolute power’. La trastienda de La Casa Blanca

absolute_power_xlgEastwood se ríe de la política (o mejor, del político) con esta película menor. Lo hace, no obstante, de un modo indirecto, sutil, pues la caricatura es servida a través del digno entretenimiento, basado éste en la tensión narrativa y en la inquietud crónica que deriva del duelo entre el ladrón de guante blanco y el mismísimo Presidente de los Estados Unidos. Cojea la película cuando entran en acción el drama familiar y la investigación policíaca. Nada que no se pueda perdonar. 

Todo arranca en base al correcto guión del siempre solvente, y oscarizado, William Goldman. El Maestro se divierte en compañía de gente como Gene Hackman, Ed Harris,  Scott Glenn o Laura Linney, casi nada. En cualquier caso, no le pidan peras al olmo. No exijan más que el simple y llano entretenimiento. Eso sí, ‘Absolute power’ consigue  brindarnos, como mayor activo, uno de los prólogos más agónicos de la década de los noventa. Destellos de genialidad.

7/10 

‘Unforgiven’. La inolvidable historia de William Munny.

“Ella era una muchacha guapa y con ofertas de matrimonio. Así que a su madre se le rompió el corazón cuando decidió contraer matrimonio con William Munny, un ladrón y asesino conocido, un hombre notorio por su carácter vicioso e inmoderado. Cuando ella murió , no fue a causa de él, como esperaba su madre, sino de viruela. Fue en el año 1878”.

Estamos en el año 1992. El western, salvo contadas excepciones, es un género sepultado en Hollywood, pues ya no aparece por las carteleras de ninguna gran ciudad. En este contexto es cuando Clint Eastwood decide inmiscuirse en esta gran película, ‘Sin perdón’.

Esta es la historia de William Munny, antaño un asesino despiadado, cuya sangre se decía era más fría que la nieve, dispuesto a poner bajo el fulgor de su cañón a todo aquello que osase moverse en su presencia. Sin embargo, todo cambió cuando conoció a Claudia Feathers, su esposa. Ésta le llevó por el buen camino, alejándolo de aquel sendero cargado de violencia, fuego cruzado y alcohol. El cruel asesino sabía que ya tenía su billete ganado para ir al infierno, pero había decidido, en el tiempo que le quedaba, formar un hogar y vivir bajo el yugo de la rectitud.

Ahora, el viejo Munny, viudo y a cargo de dos hijos de corta edad, malvive entre cerdos enfermos y mendrugos de pan, reconfortado, en el fondo, cada vez que observa la sombra del árbol en la que reposa su mujer, sabedor de que ha hecho las cosas bien, redimiendo los pecados del pasado. Sin embargo, todo cambiará cuando dos necios decidan, a muchas millas de distancia del hogar de los Munny, acuchillar la cara de una inocente prostituta. Una recompensa de por medio, y un viaje hacia el pasado cargado de nostalgia y dolor.

En definitiva, vean ‘Sin perdón’. Una película repleta de grandeza. Eastwood consigue transmitir, gracias a un hombre taciturno, encorvado y de tez huesuda, un lirismo especial, ése derivado de las mejores historias crepusculares. El último gran recital de aquel malévolo tipo que un buen día decidió ser mejor persona. Obra maestra.

“Unos años más tarde, la señora Feathers hizo el ancho viaje a Hodgeman para visitar el último descanso de su única hija. Will Munny había desaparecido con sus hijos mucho tiempo atrás, decían que a San Francisco y dicen que prosperó por la venta de provisiones. No había nada en la tumba que le explicara a la señora Feathers porque su hija se casó con un ladrón y asesino conocido, un hombre notorio por su carácter vicioso e inmoderado”.

9.5/10

‘Night moves’. Irregular policíaco.

Arthur Penn, en la dirección, y Alan Sharp, en la dirección, nos amenizan la velada con ‘Night moves’, una interesante propuesta de corte policíaco en la que un fracasado detective privado tendrá por objetivo esclarecer la desaparición de una jovencita alegre, hija de una farandulera, golfa y mediocre, actriz de la ciudad de LA.

El resultado de todo es más que decente. Aún así, conviene destacar que la factura técnica tiene distintos achaques, a causa, sobre todo, del paso del tiempo (aunque no es tan antigua). En cuanto a la historia en sí, añadir que posee una bifurcación en su trama: por una parte, se trata de retratar la derrota, el fracaso, la vida errante del protagonista, Harry Moseby; por otro lado, la investigación que éste lleva a cabo. El resultado de ambas dos es desigual, aún estando tocado todo por la varita de la derrota. Si bien la historia íntima y personal es notable, la investigación posee algunas lagunas y algún que otro frenazo (por momentos, se estanca), aunque, eso sí, depara un memorable final (aún a falta de estar todo cogidito con alfileres).

Con todo, si por algo merece la pena ‘Night moves’ es, sin duda, por Gene Hackman. Notable actuación, sin desmerecer, ni mucho menos, a unos jovencísimos pero talentosos secundarios de nombre James Woods y Melanie Griffith (una pareja destinada a estar junta en la gran pantalla). A ello súmenle el correcto guión mencionado, una rutinaria dirección y una mediocre factura técnica. Irregular, aún con aires de nobleza.

6.5/10

‘La conversación’. De profesión: espía.

Caul es espía de profesión. Un espía extremadamente introvertido,  pues jamás ha confiado en nadie, más allá de en su saxo. También tiene un marcado carácter religioso que le hace cargar con una culpa por el trabajo realizado que pesa sobre su espalda como una losa. Sin embargo, y a pesar de todo ello, es jodidamente bueno en su trabajo.

Ahora, un nuevo caso provocará que los remordimientos florezcan en su cabeza, enfandangándose hasta las rodillas con sus sospechas y tozudeces. Estirará del hilo, examinará las tres cintas de su investigación. Y así nos tendrá el maestro Coppola. Noventa minutos en tensión, esperando el devenir de los acontecimientos, combinando la putrefacta investigación con la batalla interior del protagonista.

Cinco minutos de conversación en un parque público. No hay más, pero es suficiente para que el maestro Francis Ford Coppola saque todo el jugo posible a cada plano, a cada palabra, a cada gesto, a cada interferencia, y nos brinde una historia, con sus entresijos, trampas y escondites, memorable dentro del género de la intriga y el espionaje. Es una película a la que se puede catalogar como rareza, pero es una rareza de Coppola. Es decir, una joya. Recomendada.

‘The french connection’. The Wire en los 70.

Popeye Doyle y Buddy, unos excepcionales Hackman (sobre todo, éste) y Scheider, se patean las calles de Brooklyn en busca de joder el negocio de las drogas. Patean a camellos y trapicheantes, buscando algo a lo que aferrarse. “Algo” que encontrarán en una noche de copas, cuando Popeye, siguiendo su corazonada, se fije en un capullo que suelta los billetes como si fueran caramelos. El caso habrá comenzado.

En sus primeros 50 minutos parece preceder en fondo y forma a ‘The Wire’. Hay escucha, hay seguimiento. Van dando pasos importantes, apareciendo la conexión francesa con el Barbas, un gran Fernando Rey. Los siguientes 50 minutos son de una acción pura y dura, de calidad, con persecuciones y redadas, con un nivel de tensión impresionante alcanzado sobre todo en el cara a cara de Hackman con Rey en el vagón, o en la persecución en coche de Popeye al metro del sicario que concluye en esa memorable escena de la escalera.

William Friedkin nos regala un thriller policíaco, con su elaborada investigación y sus dosis de acción (de gran tensión) correspondientes. Se ha servido de Marsella y Brooklyn. Del mar de la costa azul y del metropolitano neoyorquino. Y, sobre todo, de un gran Gene Hackman, un rudo policía, Popeye Doyle, empecinado en desmantelar el negocio de la droga, manteniéndote con su particular carácter la adrenalina por las nubes. Un papelón que pasará a los anales de la historia del cine. Por lo demás, buena película. Recomendada. Como curiosidad, ¿era tan buena como para arrasar en los Oscar del 71?