‘The English patient’. Conmovedora.

english_patient_ver1“Nuestros cuerpos son los países de este mundo, no las fronteras trazadas en los mapas con nombres de hombres poderosos.”

Son tiempos de guerra. Europa se desangra en un enfrentamiento fraticida que deja, en muchos casos, secuelas irreparables. Es el dolor de la pérdida, del sufrimiento. La herida que sangra a lo largo y ancho de la geografía continental, los vientos de tormenta que conlleva la II Guerra Mundial azotan a los europeos. Ahí, en mitad de la barbarie, es donde enclava su atención el cineasta Anthony Minghella a través de ‘El paciente inglés’, una película de ritmo clásico, cuidadosamente elaborada y absolutamente magistral.

En un monasterio abandonado en lo alto de una colina italiana decide recluirse Hana, una enfermera marchita y penitente. A su vera tendrá a un enfermo terminal, un hombre malherido y derrotado al que apenas le quedan fuerzas ni ánimos para vivir. Ellos dos son Juliette Binoche, conmovedora en esta cinta, y Ralph Fiennes, quienes comparten compañía, sufrimiento y un libro, un libro al que acudir con tal de recordar. Anotaciones, imágenes, sentimientos plasmados en palabras y una inicial que se repite una y otra vez: K. 

La película aguarda en sus adentros una historia de amor tan preciosa como dolorosa. El cineasta consigue emocionar al espectador con una narración servida a fuego lento, adornada por una ambientación de fábula, repleta de personajes espléndidos y con una historia completa, rica y sentimental. Los diálogos están escritos en pleno estado de gracia, mientras que nombres como Kristin Scott Thomas, Naveen Andrews, Colin Firth o el siempre magistral Willem Dafoe enriquecerán un relato al que uno puede recurrir de tanto en tanto, cuando le plazca, pues estamos ante una de esas obras de incansable disfrute.

Un amor furtivo, entrañable, penitente. La eternidad de una espera aguardando a tu ángel de la guarda, en la oscuridad de una gruta, confiando en que aparezca esa luz salvadora. “Sé que vendrás y me llevarás al Palacio de los Vientos”. Una película elegante como pocas que consigue hacernos vibrar gracias al refinado sentimentalismo que destila cada fotograma de su metraje. 

9/10   

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‘Uno rojo, división de choque’. Entre matar y asesinar.

Griff, Zab, Vinci y Johnson tienen en común una cosa: todos están en plena II GM bajo las órdenes del Sargento, inmiscuidos en la Uno Rojo, una división de choque estadounidense creada por él mismo, años atrás, en la amargura de los campos de batalla de la I GM. Ahora, deberán enfrentarse al enemigo en múltiples frentes, desde el África del Norte pasando por Sicilia, Omaha, Bélgica, Alemania o Checoslovaquia.

‘Uno rojo, división de choque’ es una película que nos mete de lleno en las entrañas de una guerra, en la mente de cuatro soldados que saben, gracias a su Sargento, cual es la máxima: sobrevivir. Es un film bélico, con explícitias batallas, pero su mensaje y esencia no van por ese camino, pues busca la reflexión, hacer tangible el absurdo de la guerra (¿qué diferencia hay entre matar y asesinar?). Me quedaron marcadas las palabras de Lee Marvin, “todo depende de un reloj, una pluma y una hoja de papel”. Al menos Napoleón encabezaba sus ejércitos.

‘Inglorious bastards’. Reinterpretando la historia.

Estamos en 1941. Francia es ocupada por los nazis alemanes. Allí, el tirano coronel Hans Landa se está encargando de llevar a cabo la limpia de judíos franceses. En la matanza de una familia escondida, una joven judía, Shosanna, se le escapa viva.

Simultáneamente, desde Estados Unidos, un cuerpo especial antinazi se está preparando bajo el comando del teniente Aldo Raine. Son los bastardos. Judíos que ansían aniquilar nazis. Son sanguinolientos, despiadados, bestias. Cuentan sus víctimas por cabelleras arrancadas.

Al Führer le llegan a sus oídos las andanzas de los bastardos, las carnicerías montadas por Hugo Stiglitz o el Oso Judío. Se propaga su leyenda. El temor cierne sobre los alemanes. Hay que hacer algo para remediarlo, y ¿quién mejor que Goebbels? Joseph tratará de darle un impulso a la moral alemana mediante una proyección que exhalta el nacionalsocialismo en un cine de París.

Sin embargo, en ese cine entrarán en juego todas las piezas del rompecabezas. Los bastardos, se compincharán con una espectacular Diane Kruger, actriz alemana cambiada de bando, para deshacer el tinglado y reventar a los nazis. No contarán, en cambio, con Shosanna, la actual dueña de dicho cine y poseedora de la estrategia definitiva para su venganza. ¿Cómo acabará la historia?

Sangre, violencia, diálogos infinitos, humor, crueldad y dureza se dan de la mano  en esta inmersión de Tarantino en el cine bélico. Una reinterpretación muy personal y vengativa de la II Guerra Mundial que depara memorables escenas para la posteridad. Un lujo y un disfrute para los amantes del gran Tarantino. No decepciona. Obra maestra.

Spoiler

La carcajada en la escena de Goebbels emocionado por las palabras de su Führer (“es tu obra maestra, Joseph“) es inmensa.

Los agujeros en la cara de Hitler son incontables. Masacre total, en el cine. Durísima la escena del inicio. Sanguinaria la de la taberna. O el show del Oso Judío y su bate. Hay tantas.