‘Borat: cultural learnings of America for make benefit glorious nation of Kazakhstan’. Enseñanzas made in USA.

El polifacético Sacha Baron Cohen conseguía, según algunos, situarse en la cima de su carrera cinematográfica gracias a este film, ‘Borat’. Desde dicho pico, eso sí, no se avistarán grandes paisajes, pues la altura del mismo es bastante limitada. No digo que estemos aquí ante un peñazo de film, dado que ‘Borat’ me resulta graciosa de ver. Además, la mirada que Baron Cohen le echa, en esta cinta, a los Estados Unidos tiene un punto de perversión muy saludable. Sin embargo, la potencia de la historia pierde fuelle a medida que el viaje del afamado reportero kazajo deja en desuso el afilado cinismo para adentrarse en la grosería y el gag soez.

Al final uno termina por darse cuenta de que ha presenciado una concatenación bestial de distintas situaciones que incendian la moral de la sociedad norteamericana actual. El cutre paseo de Borat por la geografía estadounidense toca distintos temas. Sin embargo, uno, por paradigmático, resalta por encima del resto: Pamela Anderson. Entonces, inquiere un kazajo, ¿la vida norteamericana rinde culto y tributo a la silicona? Tan ácida y mordaz como detestable y grosera. En fin, Sacha Baron Cohen en estado puro.

6.5/10

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‘Dead set’. ¿GH + Zombies? Pues sí, existe.

Los británicos están comenzando a cogerle el gusto a esto de hacer historias que graviten en torno al manido mundo de los zombies. Por lo que sea, da dinero y éxito. Una franquicia como ’28 days later’ (2002) es buena prueba de ello, también ‘Shaun of the dead’ (2004), en clave más coña. Con todo, lo que no esperaba era ver una cosa como ‘Dead set’.

Jodidamente retorcida es la mente de Charlie Brooker. ¿En qué momento de su vida decidió escribir un guión que contara una historia zombie, pero con GH de por medio? La mezcla es extraña, pero conseguida. El humor negro se impregna en cada plano de este producto que satiriza el infame mundo del reality show. ¿Quiénes lograron sobrevivir a un contagio masivo del virus zombie? Sí, acertaron. Son ellos, los concursantes de Gran Hermano.

A partir de esta mezquina, atinada y graciosa idea que sólo podía provenir del humor inglés, Yann Demange, director de la miniserie, expondrá lo de siempre: supervivencia adrenalínica. Nos hará sentir el aliento putrefacto de los muertos en nuestros cogotes. Lo caramelizará, lo dramatizará. Depende del momento. Sin embargo, el final, por rotundo y cachondo (gran confesionario), esencializa lo que es ‘Dead set’: una sátira apocalíptica acerca de un vergonzoso icono televisivo como es GH.

6.5/10   

‘The Chumscrubber’. Una de ácido, por favor.

Estamos en una comunidad residencial de un lugar cualquiera de los Estados Unidos. Allí todo parece estándar. Cómo interconectado, transmitiendo, casi por azar, el mismo modo de vida (muy bueno el delfín). No es casual, pues hay una lucha acérrima por ser igual a los demás. Por ser quién da la mejor fiesta. Por pescar al hombre más rico de todos. Por parecer más joven de lo que eres. Por acrecentar tu ego, bien en forma de libros, bien en forma de productos dietéticos. Por tratar de mantener la fachada de tu mundo de yuppie en pie, a toda costa.

Pero, ¿Qué pasa con los hijos? ¿Qué hacen mientras sus papás viven en yupilandia? Pues, en general, hacen lo que les da la gana. Siempre y cuando, no pierdan de vista el horizonte universitario marcado por sus papás. Con esa consigna, ya les basta. Aquí es donde entra el tema jodido. Soledad, drogas, secuestros, suicidios, falta de comunicación con padres (o si la hay, es vía receta) y demás salvajadas, retratadas quizás de una manera un tanto hiperbólica, pero que esconden una verdad como un templo, una crítica feroz a una realidad que se palpa en el día a día. Más de un papá y una mamá habrán sentido vergüenza al visionar este film.

‘The Chumscrubber’ es una ácida sátira de la forma de vida de la clase media-alta estadounidense, desarrollada de una manera original y fresca, pero sin alejarse del aroma a putrefacto que envuelve al tema principal: la relación padres-hijos. El único pero, ¿por qué el malote garrulo tenía que ser hijo de mecánico, y no de un papá guay y chachi?