‘Fair game’. Material desaprovechado.

Reconozco que me sentí mal mientras visionaba ‘Fair game’. La angustia y el mareo podían conmigo. Quizás fue que estaba flojo de fuerzas. O que no había comido prácticamente nada ese día. Puede que fuera el calor que hacía en la sala, o estar sentado en cuarta fila. Aunque si tuviera que decantarme por algo, diría, casi señalaría, que el gran culpable es un tal Doug Liman, un mediocre cineasta que nos congoja la velada con su aparatosa y agitada dirección.

La historia, muy interesante (aunque tampoco sea para ganar un Oscar), le viene grande a un director tan mediocre como el susodicho. En manos de cualquier otro, la cosa daba para pulir un thriller político, crítico y con nervio. Sin embargo, las medias verdades de la cínica Administración Bush en torno a su vergonzosa actuación en el tema de las armas en Irak (pretexto de negocio petrolífero), así como el David contra Goliath pretendido en esta historia (Penn&Watts vs The white house), no consiguen cautivarme.

He pensado, sinceramente, que el tal Doug Liman está en la nómina de los Bush, agente infiltrado de éstos en ese farandulero movimiento de artistas hollywoodenses contrarios a la política de aquéllos y con marcados tintes pro-demócratas. Irritante.

‘Buried’. Costes humanos de una guerra innecesaria.

Fuí bastante virgen a la sala. No había visto el trailer, ni había leído análisis, reportajes ni argumentos. No me interesa saber nada de las películas que me apetecen ver en el cine. ‘Buried’, es una de ellas. Cierto es que el marketing te engatusa por una vía u otra, ya que si que me habían llegado a mis oídos el desconcertante mundo que envolvía a este film, con un tipo, Ryan Reynolds (Van Wilder), como protagonista encerrado en un ataúd, acompañado tan “sólo” (trampas del marketing) de un móvil y un zippo.

Grata sorpresa. Es angosta, claustrofóbica, asfixiante. Te invaden esas sensaciones mientras la estás contemplando. Se adentra en el dolor humano, el dolor de quién se sabe perdedor, impotente. Enjaulado en un ataúd a equis metros bajo tierra. Pensando en si podrá volver a abrazar a su hijo, besar a su mujer o visitar a su madre. Un tipo que debe aferrarse a cualquier atisbo de esperanza para no perder la fe en salir de allí al tiempo que deberá soportar las inclemencias de lo que supone un secuestro (con sus desgarros y humillaciones).

‘Buried’, a su vez, se aleja de ser un thriller creativo al uso (del tipo ‘Última llamada’). Se sirve de su ingenio para meter el dedo en la llaga. Denuncia los costes humanos que suponen las guerras, especialmente la guerra de Irak, realizadas con calculadoras y números en la mano por hombres trajeados (la administración Bush) que, curiosamente, están en las cúpulas tanto de la política (Bush hijo, etc.) como de los negocios del crudo. Te abrasa ver la frialdad de la burocracia, la frialdad del gobierno, la frialdad del capital (y sus aspectos jurídicos) para tratar tan agobiante asunto. Es un original alegato en contra de la política imperialista de los Estados Unidos que se sirve de un simple peón (un transportista) estadounidense para crear empatía entre los espectadores y el pobre desgraciado. Tanto los medios (muy original) como el fin (denuncia abrasante) han sido brillantes en esta cinta. La fórmula funciona: sales jodido del cine.

‘The hurt locker’. Terror en Bagdad.

‘The hurt locker’ es un viaje amargo y áspero al corazón del conflicto. Un relato del agobio y asfixia que se vive en el día a día dentro de las cabezas y el cuerpo de los militares estadoudinenses. No hay detrás de la acción ningún discurso que argumente el porqué del sentido de la guerra, no van por ahí los tiros. Simplemente escenifica, dentro del bando de USA, eso sí, la locura, tensión y el miedo de saber que estás jugando a vida o muerte.

Acojona ponerse en el pellejo de esos artificieros. Pensar en esa emboscada en el desierto. O en la multitud de ojos enemigos aniquilándote sólo con la mirada. Sin embargo, Bigelow ha sido demasiado superficial. La película sólo aporta agonía diaria. No hay nada más detrás de ella. Se sitúa entre el desquicio psicológico de Jarhead y el realismo militar de Black hawk down. Es decir, no aporta nada nuevo al género. Es, cómo se cita desde el inicio, un chute de adrenalina en estado puro, sin más. En consecuencia, la película gana cuando hay acción y pierde, bastante, cuando desciende por los quebraderos morales de sus personajes. No tiene alma de gran película.