‘Tobacco road’. Nabos, mazorcas y banqueros.

Donde antaño había esplendor trabajador, ahora no hay más que miseria y malvivir. Es la llamada “Ruta del Tabaco”, ésa de la que todos huyeron, a excepción de unos pocos valientes que no veían sus pies encima de otra cosa que no fuese la tierra del campo, pues no estaban hechos para la industria ni para la ciudad. Uno de esos valientes es Jeeter Lester, a quien da vida un magnífico Charley Grapewin.

Entre la comedia y el drama se sitúa John Ford para narrarnos esta historia adaptada desde el teatro por Nunnally Johnson. Es una historia crepuscular que gravita en torno a una familia de agricultores que deberán enfrentarse a las mil y una peripecias (algo que comer, ajustar cuentas con Dios, explotar la pillería, recordar nostálgicamente viejos tiempos) con tal de salir adelante, aterrados, en el fondo, por la alargada sombra del Banco.

Detrás de todo ello, y condimentando con una ironía propia de las historias de Ford, cierto grado de bravuconería, alta dosis de esperpento y unos diálogos/escenas inolvidables, se esconde una tremenda crítica social, un calco acerca de la miseria y la pobreza en la que se zambulló buena parte de la sociedad estadounidense a comienzos del siglo pasado.  

Atención a la salvaje sensualidad de Ellie May, una cautivadora Gene Tierney.

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