‘También la lluvia’. Pedagógico drama social.

Cine dentro del cine. Es la premisa seguida por Icíar Bollaín y Paul Laverty, quienes nos trasladan a la geografía boliviana con el pretexto del rodaje de un film con el fin de presentarnos una misma historia, la denuncia al colonialismo, a través de dos vertientes distintas: la conquista del nuevo mundo por parte de los españoles se yuxtapone con el imperialismo de las multinacionales de hoy en día. Aquél se hacía en nombre de Dios. Éste en nombre del capital, la productividad y el beneficio.

Y todo se nos presenta al compás de una serie de personajes que forman parte del equipo técnico y artístico de la película en marcha (la del nuevo mundo), quienes a través de sus interacciones en el rodaje (y fuera de él) con los autóctonos, acabarán por tomar posiciones y concienciarse de la calamitosa existencia inflingida por el capital sobre la población indígena de Cochabamba.

‘También la lluvia’ es una película bienintencionada que, como hemos dicho, se hace eco del pasado para moralizar en aquello que dice que hay que aprender, en el presente, de los errores pasados para no caer de nuevo en ellos. Trata de abrir los ojos al espectador, buscando mostrar una realidad más humana y cualitativa del conflicto indígena de Bolivia, a fin de levantar la empatía del espectador, alejándose de números y análisis de coste/beneficio. Bollaín hurga en la herida abierta de un modo pedagógico y sencillo, pues alecciona a los urbanitas occidentales gracias al efectismo que produce la presencia de los ya mencionados artistas y técnicos en aquel escenario.

El resultado final es el de una película descompasada que no acaba de cuajar. Busca abarcar demasiado, quedando su mensaje un tanto hueco en todas las dimensiones en las que se nos ha intentado mostrar. La película alza el vuelo cuando tira por la vía del conflicto del agua, sin embargo cojea con el rodaje reminiscente del genocidio cristiano de siglos pasados, así como por los supuestos dilemas morales del equipo técnico y artístico allí desplazado, volviéndose paradigmática de estas flaquezas narrativas la mutación de Tosar, que por precipitada, innecesaria y mal presentada, ni conmueve ni es creíble.

El mensaje es claro, sincero y necesario. La forma de transmitirlo, sin embargo, no ha sido la apropiada (a años luz, por ejemplo, del mejor Costa-Gavras). Irregular.

7/10

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