‘¿Para qué sirve un oso?’. Ecologismo familiar.

Película inocente que busca, en la comicidad de sus personajes (sobre todo en la que irradia el gran Javier Cámara), un punto de enganche con el espectador, para así poder mostrarle una ración doble de ecologismo familiar.

El resultado es un argumento blandito del todo, que hace aguas por los cuatro costados en cuanto a historia coral sentimentalista. Pese a ello, uno se divierte, no cae en el aburrimiento y, ya de paso, asiste a una lección básica sobre grandes citas de la ciencia. Para pasar el rato.

5.5/10

‘El incidente’. Sabia naturaleza.

Bombazo inicial, al gusto de Shyamalan. Nos desconcertamos con lo presenciado. En Central Park (New York) y aledaños la gente comienza a comportarse de manera extraña, quitándose la vida. De pronto viajamos a Philadelphia (punto neurálgico en los films del hindú), donde la noticia sobre la pandemia corre como la pólvora, aterrando a cada uno de nuestros protagonistas, quiénes decidirán huir despavoridos hacia el oeste.

‘El incidente’ es una obra menor en la filmografía de M. Night Shyamalan. Ello no quiere decir falto de calidad. Al contrario, es una película sobrada en ese aspecto. Comparte con sus antecesoras la sublime fotografía (Tak Fujimoto), una inquietante banda sonora (James Newton Howard) y una dirección, como siempre, de altura a manos de M. Night (gran potencia visual, minucioso, detallista). Es una historia que evoca en cierta manera a la mítica ‘Los pájaros’ (1963) de Alfred Hitchcock, sólo que sustituye a los perturbados voladores por una hierba malévola que se mueve a golpe de viento. Además, el cineasta sigue en la misma línea que ‘Señales’ (2002), situando al espectador casi en primera persona frente al terrible acontecimiento. Allá eran extraterrestres. Aquí son toxinas que conducen al suicidio. El hindú crea una impactante empatía, viviendo la acción como si de nosotros mismos se tratase. Añade, además, ciertos elementos sentimentales para aumentar el vínculo entre espectador/personaje (infidelidades, orfandad, soledad ante la muerte). Después de todo el frenético y desasosegante recital, el cineasta decide golpearnos con una moraleja final que pone, muy sutilmente, el dedo en la llaga: hemos sido malos con la naturaleza y ahora ella se cobra su venganza (particular canto ecologista). Inquietante historia, magistral Shyamalan.