‘Lincoln’. Abrumadora.

poster-lincoln-gdeA Steven Spielberg le gusta la historia, y eso se nota en su extensa filmografía. Ahí lucen titulos como Schindler’s list (1993), Amistad (1997) o Saving private Ryan (1998), por nombrar a algunos de ellos. En esa línea se mueve Lincoln, película con la que se atreve a mostrar al gran público, además de los últimos coletazos de la Guerra de Secesión, el proceso que condujo a la abolición de la esclavitud en la segunda mitad del siglo XIX en los Estados Unidos.

La historia, más allá de los quisquillosos reproches que se le puedan hacer, está bien documentada. El guión de Tony Kushner rebosa densidad. Un disfrute para los historiadores. Además, el apartado técnico es extraordinario, comenzando por la música de John Williams, continuando con la fotografía de Janusz Kaminski y terminando con la oscarizada dirección artística. Del mismo modo, el reparto es de absoluto escándalo, tanto en cantidad de nombres como en calidad. Daniel Day-Lewis vuelve a ofrecer un recital al interiorizar (para luego representar) de un modo casi enfermizo la idiosincrasia del Presidente Abraham Lincoln. Eso sí, que nadie se olvide de Tommy Lee Jones, quien vuelve a demostrar que como secundario de lujo no admite rival.

La cinta de Steven Spielberg tiene todos los ingredientes para ser una gran película. Sin embargo, falla en tal propósito. Y falla porque es una película excesiva. Las rigideces del guión minan la soltura de la narración, empañando así todas las virtudes (y son unas cuantas) de esta película. En cualquier caso, un abrumador biopic sobre uno de los políticos más importantes en la historia de los Estados Unidos.

7/10

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‘Argo’. El lado cualitativo de la barbarie.

argo-posterMe alegré al ver que Ben Affleck conseguía los dos Globos de Oro más importantes de la última edición, pues ‘Argo’ era la triunfadora de la noche al llevarse los galardones de mejor película dramática y mejor director. Casi nada. Digo lo de alegrarme porque es un tipo que desde que cogió las riendas de la dirección no ha defraudado a nadie. ‘Gone baby gone’ (2007) era una ópera prima demoledora, un mugriento y escabroso paseo por las periféricas calles de Boston. Más de lo mismo sucedía con ‘The town’ (2010), una verdadera obra maestra en la que el cineasta ya demostraba que lo suyo no era fruto de la casualidad. Y apenas dos años después nos topamos con la cinta que aquí nos atañe: ‘Argo’.

Brillante relato, cargado de nervio y pujanza, que consigue inquietarnos la velada. Me ha gustado el énfasis puesto en el aspecto cualitativo de la barbarie, en el sufrimiento de esos desgraciados que no conseguían ver la luz al final del túnel. Por momentos angustiosa, el pulso se nos acelera al compás marcado por el ritmo in crescendo de Ben Affleck. Éste simplemente nos ha contado una anécdota, al fin y al cabo, dentro de lo que fue la revolución del Ayatolá Jomeini en Irán. La gracia del asunto es el cómo ha sido contada. Precisión, oficio y tensión. 

En fin, una película con poso. Un thriller político cautivador, de intachable factura técnica, bien escrito y magistralmente dirigido. Además, tiene la suerte de contar con un plantel de secundarios (Bryan Cranston, John Goodman, Kyle Chandler, Alan Arkin) de auténtico escándalo. ¿Quieren sentir lo que es ser diplomático allá donde no cabe la diplomacia? Entonces, pasen y vean.

8.5/10

‘Wag the dog’. Burlesco retrato de la política estadounidense.

El Presidente de los Estados Unidos tiene muy cerca su reelección. Juega con ventaja respecto a su rival político, y quedan apenas dos semanas para las elecciones. Así, tranquilo, ha viajado a China por asuntos de Estado. Sin embargo, en tan plácido momento, salta la liebre: el Presidente va a ser acusado de acosar sexualmente a una becaria.

¡Oh vaya! ¿Cómo reaccionar a esto? ¿Le costará las elecciones? Tranquilos, está al mando Conrad Brean, asesor político. Maquiavélico y cínico. Así es el negocio, le pagan por desviar la atención. Es el mejor elaborando “cortinas de humo”. Y ha puesto a nómina, en esta ocasión, a Stanley Motss, productor de cine, para que le “invente” a la nación una nueva guerra con Albania. Ya saben, al hilo de aquello que rezaba así: “¿Por qué mueve el perro la cola? Porque el perro es más inteligente que la cola; si la cola fuese más inteligente ella movería al perro”.

Una historia elaborada por David Mamet siempre es un incentivo para darle al play. El tema da mucho juego y, bajo mi punto de vista, está poco explotado. A ello súmenle un plantel de actores integrado por Robert De Niro, Dustin Hoffman, Anne Heche, Woody Harrelson o William H. Macy. Además, el oficio de Barry Levinson resuelve con creces la papeleta. Por tanto, sí, estamos frente a una notable película. 

En fin, sarcasmo y cinismo a raudales. Mordaz sátira que, gracias a la vertical, ingeniosa y alocada montaña rusa diseñada, sumerge al espectador en una auténtica lección didáctica acerca de la política estadounidense. Un lujo para levantar el espíritu crítico del ciudadano.

7.5/10 

‘The ides of March’. Intenso thriller político.

No diré que esta cinta es una obra maestra, imprescindible en cualquier filmoteca que se precie, porque probablemente no sea así. Sin embargo, no está de más advertir que un cine tan pedagógico como este, en clave política, suele ser cento per cento recomendable. Por tanto, hay que reconocerle a Clooney que, además de ser un brillante actor, un apuesto galán, un tipo forrado de pasta y un Dios de la publicidad, admite dentro de su polifacética existencia la actividad de director de cine contestatario, activista y, sobre todo, didáctico. 

El dúo formado por Heslov y Clooney nos brinda un intenso thriller, tan morboso y sensacionalista como cínico y maquiavélico. Esto es la política, parecen querer decirnos. Asesores, analistas, políticos y becarias. Estrategias de campaña, vuelos de “negocio” y discursos milimétricos. Las entrañas de tan lucrativo circo ofrecen un paisaje adictivo, pero también estremecedor. ¡Es tiempo de primarias! ¡Pasen y vean!

George Clooney consigue mantener el pulso narrativo en todo momento. A ello ayuda tener entre sus filas a un tipo como Ryan Gosling, el auténtico pilar del film, así como a gente como Seymour Hoffman, Giamatti, Rachel Wood o Tomei. Lo dicho, un lujo. Todo al servicio de una buena y potente historia que gravita en torno a esa mutación que va desde el idealismo al pragmatismo, olvidándose de cualidades tales como la integridad, la dignidad y la lealtad en el camino dorado que conduce hasta esa cosa llamada poder.

En fin, un conseguido paseo político que además de serpentear por las luces, las cámaras y el brillo propio de los discursos y mítines, también se adentra por  las aceras más escabrosas, mugrientas y dolorosas del sistema.

8/10  

‘Charlie Wilson’s war’. Mordaz, brillante y magistral relato político.

Película muy completa. Sorkin es capaz de elaborar una historia minuciosa acerca del conflicto afgano-soviético acaecido a principios de los años ochenta, y el papel “secreto” que los Estados Unidos jugaron en el asunto. Una magistral radiografía acerca de cómo se resuelve un asunto de Estado, un conflicto que subsanar por parte de la política exterior estadounidense.

La política y el juego presupuestario, el lobby conservador-cristiano y  su capacidad de influencia, los tejemanejes de la inteligencia norteamericana, la diplomacia y los misterios de las relaciones internacionales (alianza USA-Egipto-Israel-Pakistán-Arabia Saudí). Todo adornado con la política de pasillos, las cenas y los filantrópicos ricachones, o los trazos dados entre escándalos, periodistas sensacionalistas, juegos encubiertos y elecciones que vencer en tu distrito electoral. 

Unos personajes sencillamente geniales a los que un reparto en estado de gracia (Hanks, Roberts y Hoffman) les exprimen todo su jugo. El paseo por la vida política brindado gracias al congresista Charlie Wilson es fabuloso, sensacional (inclusive su faceta más íntima). También Julia Roberts y Seymour Hoffman lo bordan. Atención al contexto general de la acción, una pieza gozosa de ver, y a unos diálogos memorables, escritos con clase y maestría. 

El autor más que resaltar la contradicción de la ayuda que luego supuso el golpe más duro a los Estados Unidos (11-S), se centra en los errores de la misma: la política cortoplacista. En fin, mordaz anatomía de todo lo que rodeó a un conflicto exterior como el aquí tratado.

9/10

‘The Parallax view’. Conspiraciones políticas (I).

Alan J. Pakula se inmiscuía en el género de las teorías conspirativas, del cuál fué uno de los mayores exponentes,   con ‘The Parallax view’ (1974), una inquietante intriga que se zambullía en un mundo, el de la política, donde la ambición y la codicia imperaban a sus anchas, haciendo valer, en su máxima expresión, aquello que decía “el fin justifica los medios”.

El guión, potentísimo, contiene una historia tan rica en matices que uno puede acabar desorientado entre senadores abatidos, asesinatos misteriosos, multinacionales corrompidas, tejemanejes políticos y, sin duda alguna, una estoica investigación periodística. A la calidad escrita de Giler y Semple Jr. se le suma la frugal y poderosa narrativa con que Pakula nos mantiene del todo cautivos, presenciando, sin más remedio, el discurrir de los acontecimientos, viendo cómo se mete en el fango un fabuloso Warren Beaty.

Con todo, esta cinta esconde una notable intriga con tintes políticos que hará las delicias de más de uno. Será Pakula, manufacturando historias de espíritu crítico. Será un Warren Beaty en mejor forma que nunca. O, simplemente, será que me gusta ver cómo señalan con el dedo, aún siendo de modo ficticio y no real, a esos trajeados y pulcros criminales que no son más que sombras a las que es imposible atrapar. En fin, un clásico de los setenta al que no se debe perder de vista, pues refleja, como pocos, el sentir (paranoico) de una sociedad como la estadounidense.

8.5/10 

‘Fair game’. Material desaprovechado.

Reconozco que me sentí mal mientras visionaba ‘Fair game’. La angustia y el mareo podían conmigo. Quizás fue que estaba flojo de fuerzas. O que no había comido prácticamente nada ese día. Puede que fuera el calor que hacía en la sala, o estar sentado en cuarta fila. Aunque si tuviera que decantarme por algo, diría, casi señalaría, que el gran culpable es un tal Doug Liman, un mediocre cineasta que nos congoja la velada con su aparatosa y agitada dirección.

La historia, muy interesante (aunque tampoco sea para ganar un Oscar), le viene grande a un director tan mediocre como el susodicho. En manos de cualquier otro, la cosa daba para pulir un thriller político, crítico y con nervio. Sin embargo, las medias verdades de la cínica Administración Bush en torno a su vergonzosa actuación en el tema de las armas en Irak (pretexto de negocio petrolífero), así como el David contra Goliath pretendido en esta historia (Penn&Watts vs The white house), no consiguen cautivarme.

He pensado, sinceramente, que el tal Doug Liman está en la nómina de los Bush, agente infiltrado de éstos en ese farandulero movimiento de artistas hollywoodenses contrarios a la política de aquéllos y con marcados tintes pro-demócratas. Irritante.