‘Carrie’. Carrie White.

Brian De Palma conseguía transmitirnos, partiendo del material literario de Stephen King y la adaptación al guión de Laurence D. Cohen, una empatía total con la vilipendiada protagonista de esta cinta, una extraordinaria Sissy Spacek en uno de los papeles de su vida: Carrie White (fue nominada al Oscar como mejor actriz).

El relato era sencillo, pues tan sólo narraba de un modo sutil y sereno la cotidianidad de una jovencita colegiala. Ella era Carrie, una chica tímida e introvertida, sometida a la obsesiva (y enfermiza) disciplina religiosa de su madre. Maltratada (en todos los aspectos) por ésta, la pobre muchacha entrará en una dinámica de sinvivir, pues el maltrato se expandirá a su rutina escolar cuando sus compañeras de clase identifiquen en ella a una víctima fácil sobre la que cargar todas sus bromas y malas intenciones (ojito con Hargensen).

Tres mundos. Uno es su hogar, esa cochambrosa casa donde tan sólo hay rezos, fanatismo y cuartos oscuros de penitencia. Otro es el instituto, con sus humillaciones crónicas, sometida, la pobre Carrie, a todo tipo de vejaciones e injurias. ¿El último? La fabulosa telequinesis que domina a su antojo nuestra protagonista. Agítenlo todo y les dará como resultado una esplendida cinta de terror sembrada, no obstante, a partir del drama que tiene como vida esta joven pecosa.

En fin, una joya setentera. No esperen aquí sangre a tutiplén y sustos fáciles (bueno, un poco de todo hay). Más bien cojan ‘Carrie’ (1976) a sabiendas de que todo en ella es tan plácido y pausado como hiriente y dañino. Pasamos de la felicidad al horror en apenas décimas de segundo. Si no me creen, esperen al final, contemplen un baile de graduación que es la combinación perfecta entre el paraíso y el infierno, pasando a los postres por la vía de una insidiosa, maléfica y desquiciante Piper Laurie en el papel de Margaret White.

Gracias De Palma por dejarnos no una ni dos escenas memorables, sino bastantes más (¿hago la lista?). Una virtuosidad visual que, en definitiva, sirve para brindarnos el retrato de una de las villanas más entrañables que yo haya conocido jamás.

9/10

Spoiler

El insufrible mundo de angustia, ahogo y asfixia se nos muestra de un modo brillante, sintiéndolo en toda su intensidad. Nos reconfortamos por dentro al presenciar ese baile (con beso verdadero incluido) con el chico de sus sueños, el súmmum de su felicidad, sin duda. Sin embargo, una nueva jugarreta de sus malévolas compañeras espera para ser ejecutada ante la mirada atónita de Sue Snell (Amy Irving), quien tan sólo podrá sentir impotencia (eso sí, tendrá el premio de ser la única en sobrevivir) ante la incomprensiva actitud de Miss Collins (Betty Buckley) por no creerla.

Luego estará Carrie en el escenario con su mirada cargada de ira, y la marabunta tratando de escapar ante la barbarie que se le viene encima en forma de venganza fogosa. Parece el momento cúlmen del film, pero no lo es. ¿Por qué? Pues porque aún nos queda ver como la pobre Carrie acude a su casa en busca de la ayuda, comprensión y calidez que pueda dar toda madre. No obstante, en lugar de eso tan sólo encontrará una cuchillada por la espalda que nos dolerá como si nos la hubiesen punzado a nosotros mismos. El resto es pan comido, la casa se desploma y al fin Carrie lográ descansar entre llamas y escombros.

De Palme se luce, pero también se divierte al dejarnos ese susto final contenido en una de las pesadillas de la única superviviente.

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