‘Chico & Rita’. Jazz, amor y Cuba.

La Habana, final de los cuarenta. El es Chico, ella Rita. Unas imágenes fabulosas captan nuestra atención. Una música sensacional marca el ritmo. Todo al servicio de una bonita historia de amor.  Un amor situado entre la calma y la tempestad. Entre Cuba, New York y Las Vegas. Un amor  fraguado entre pianos, mojitos y bambalinas. Añorado por la partitura de una canción. Escondido entre el dólar americano, fiestas de la jet set y conciertos en París. Un amor perdido en el tiempo, obstinado en perecer.

El binomio Trueba-Mariscal no decepciona. El gozo visual ya vale por si mismo el precio de la entrada. Pero súmenle una banda sonora repleta de jazz cubano del bueno y una historia que es puro sentimiento.

‘Treme’. Segunda línea.

No me gusta extenderme en asuntos como este. Me refiero a que series de televisión como ‘The wire’ (2002) o ‘Treme’ (2009), ambas paridas por el genial David Simon, no requieren de presentación alguna. No hay más que sentarse delante de la pantalla, darle al play y disfrutar. Disfrutar de verdad.

New Orleans. Poco tiempo después del Katrina. Barrio de Tremé. Buena música. Tristezas y alegrías. Una ciudad degradada. Caer y levantarse, luchar. Una copa. Mardi Grass. Un garito humeante. Indios y policías. Trompetas, pianos y saxos. La cuna del jazz. Pequeñas historias personales, íntimas, sufridas. Músicos callejeros. Batallas de cada uno que acaban por formar parte del tablero de esa entrañable ciudad. Y un azote en la conciencia, poner el dedo en la llaga. Subirse a un ferry y escapar. O estar en la segunda línea y aguantar. Entre la melancolía y la felicidad. Entre el jolgorio y el desasosiego. Entre la desesperación y el desenfreno.

Lo dicho, esto es ‘Treme’, sobran las palabras. Simplemente, hay que verla.