‘Decálogo’. Parte III: Santificarás las fiestas.

El tercer mandamiento lo traslada Kieslowski a una nochebuena en la fría Varsovia. En ella, Janusz le trae los regalos a sus hijos y esposa. Y acude feligrosamente, como todos los años, a la misa del gallo. Allí, algo hará cambiar el destino de esa noche, pues se topará con Ewa, una mujer especial para él.

Es una historia dolorosa, que se cuece a fuego lento a través del asfalto de la carretera, de los misterios que nos intrigan durante los 60 minutos entre llamadas, hospitales y un marido desaparecido. Se retrata a Ewa como una víbora, como una mujer autodestructiva, mentirosa. Pero a través de esa Nochebuena, se desenmascarará la profunda aflicción en la que vive, esa soledad desgraciada que le lleva a jugársela a suertes con un antiguo amor: Janusz. Una noche de gritos ahogados en la nada, con dos enamorados penitentes que nada pueden hacer ya, pasado el tiempo, más que lamentarse de lo que pudo haber sido y lo que no fue, con el telón de fondo de esa noche fría, nevada y solitaria.

El capítulo en sí es una contradicción real del tercer mandamiento. Pues un hombre que, en lugar de estar con su familia, decide acudir al rescate de esa felina mujer, prometiéndole a su esposa al volver al hogar aquello de “nunca más”. Todo lo retrata Kieslowski con su particular buen hacer y su toque estético tan personal, apoyado en un grandísimo trabajo de fotografía. En definitiva, una sencilla y a la vez profunda historia.

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