El escargot

L’escargot azul os da la bienvenida a este blog. Para no ser descortés, se presentará. El autor de estas líneas es un tipo tranquilo. Pocas veces tiene prisa, quizás sea porque le gusta llegar con bastante antelación a los sitios. Se divierte con muchas cosas. Tiene ensoñaciones de lo más estrambóticas y siempre está trajinando alguna ocurrencia que igual anima como desespera (¡a partes iguales!).

Lo de escargot viene por su reciente admiración hacia este pequeño molusco. El animal escogido podría haber sido una tortuga, un koi, una gallina, un burro, una pequeña cabrita o un agaporni. Todos le gustan. Pero no, ¡es el caracol! Siempre con la casa a cuestas, intrépido y perseverante. Lo de azul tiene una explicación muy sencilla: le gusta el azul, de siempre. Será por el cielo, será por el mar o será porque le parece un color estupendo.    

Al escargot azul le gusta contar historias, ayudar a la gente y poner atención en lo que otros dicen. Vamos que le gusta charlar. Adora el café. Tanto como adornar un jardín fiorentino, caminar por las calles de la ciudad, devorar cualquier tipo de fruta que se le ponga delante o rebuscar por las librerías algún “tesoro” oculto. Como escargot joven que es, tiene mil teorías sobre los males del consumismo. Le gusta la política, la economía y la historia. Ha arreglado el mundo en infinidad de ocasiones en compañía de una cerveza o un poco de vino.

No entiende porque a todo el mundo le da por estudiar inglés… ¡con lo bonito que es el italiano y lo bien que suena el francés! Eso sí, le maravillan los Estados Unidos y el Reino Unido. No se cansa de aprender. Disfruta tanto admirando un paisaje veneciano de Canaletto como cocinando la panna cotta. Es capaz de recitar de memoria la alineación tipo del Parma de 1997. A Bob Dylan lo tiene en un pedestal. Tiene muchas cuentas pendientes con el mapa mundi, muchos sitios a los que ir. Claro, como al resto de los mortales le gusta disfrutar de los placeres culpables (siempre que la culpa no supere al placer). La magia de la cotidianidad y de los pequeños momentos le fascinan. Y bien, no le avergüenza reconocer que se comería todo el helado de pistacho del mundo de una sola vez.  

Como buen caracol, avanza sin prisa pero sin pausa. Y entre tanto, ve alguna que otra película. ¡Uy! El cine… se nos había pasado por alto. Sí, a l’escargot azul le gusta el cine. Bienvenidos.     

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