‘Daybreakers’. Refrito indigesto.

Otra vuelta de tuerca más a un género ya explotado de mil maneras por Hollywood. En este caso, los vampiros se han apoderado del mundo. Existe una sociedad vampírica totalmente extendida, en la que los humanos no son más que animales de los que alimentarse, a los que drenar su sangre.  Ley de vida, el pez grande se come al pequeño. Sin embargo, hay un problema, tanto para unos como para otros. Los humanos están en extinción y, por lo tanto, los vampiros no tienen qué comer. A partir de aquí, hay dos caminos. Por un lado, encauzarse por el de la crítica, al estilo Alan Ball, a nuestra consumista sociedad, algo que se vislumbra en ciertos diálogos, y sobre todo, en el personaje de Sam Neill. O, tirar por lo fácil, que es lo que hace el film, acabando con la novedad y planteando el combate en el que nosotros ocupamos el rol de buenos, y los vampiros son los malos. “La batalla entre humanos y vampiros ha empezado” que nos vendía el marketing del film, se desarrolla a base de topicazo tras topicazo.

Floja incursión en el mundo de los vampiros, un producto que parece haberse subido al carro de ‘Crepúsculo’ y ‘True Blood’, aprovechando el tirón existente. Es un refrito de todo lo visto en anteriores ocasiones. Cositas cogidas de aquí y de allá, como “el coche fantástico”, los humanos drenados al estilo “Matrix”, el científico Ethan Hawke haciendo de Will Smith en “Soy Leyenda”, el estilo zombies de “28 días después” montando el caos por las calles o con la infraespecie, o la lucha “Vampiros de John Carpenter” por parte de los humanos con sus ballestas. También habrá happy end, of course. Además, a todo ello hay que añadirle que por momentos parece que estemos ante un anuncio publicitario, con escenas muy breves encadenándose, dando fe del gran talento existente en los hermanos Spierig para el mundo del cine-marketing. Lo que resulta más dañino es lo de Ethan Hawke y, sobre todo Willem Dafoe, viendo como desperdician su talento en esta bazofia. Totalmente desaprovechada.

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‘Beltenebros’. Madrid, comunistas y los encantos de la rubia.

 

Son los años 60, el Madrid franquista es un avispero para la subversión organizada, para la lucha en la trastienda contra el régimen. Sin embargo, en este contexto, la traición es un plato muy apetecible, un salvoconducto para los capturados con el que salvar el propio pellejo a costa de tus camaradas, llegando a entrar en un juego de sospechas, dudas e incertezas muy peligroso. Bien lo sabe el personaje al que interpreta Terence Stamp, Darman, un antigo militar republicano encargado ahora de limpiar la basura existente en el clandestino, suponemos, Partido Comunista. Un traidor al que perseguir por los sombríos callejones madrileños.

‘Beltenebros’ es un viaje a la grisácea oscuridad de la clandestinidad de aquellos años, con una fotografía excepcional de Javier Aguirresarobe, de largo lo mejor del film. Un film, en cambio, que no termina nunca de arrancar. La vuelta, mediante el presente y los encantos de la rubia, a aquel pasado amargo del que Darman ya parecía haber escapado, no cautiva en ningún momento. El pasado y presente se entremezclan, pero con lentitud y excesiva pausa. El film no transmite el amor de Darman por ambas rubias, ni sientes compasión por ese hombre muerto en vida como es él, tampoco afloran los sentimientos al descubrir la verdadera traición, o el dolor que conlleva la ambigüedad de la misma, la sangre derramada por error. En definitiva, es un film de una factura técnica impecable. Sin embargo, es frío y distante. Sólo sirve, gracias a la labor de Aguirresarobe, como retrato continuo de esos escenarios lúgubres por los que la clandestinidad campó a sus anchas.

‘El año de las luces’. Amor juvenil en tiempos de miseria.

Estamos en la España de posguerra. Una España inundada por fascistas, curas, monjas y beatos. Una España represiva, asfixiante, autoritaria. Son malos tiempos a boca del que no sea “español”, o “nacional”. Son fechas, las de 1940, en la que la tuberculosis hace estragos. Dos hijos de caído en el frente, Jorge Sanz y su hermano pequeño, Manolo y Jesús, son enviados por su hermano mayor a un preventorio. Un lugar en el que Manolo, un chaval ya en pubertad acelerada, aprenderá una de las lecciones más importantes de su vida.

Durante su estancia en el preventorio, en la primera parte del film, eclosionará en Manolo el deseo sexual propio de su edad. Coqueteará, aunque sólo sea visualmente, con la estricta Vicenta. Todo bajo la atenta mirada de Irene, una Verónica Forqué excepcional, falangista y directora del centro, y de Tránsito, la maestra rancia, prototipo del franquismo español. También contará, frente a ellas, con un aliado magistral, el bueno y sabio de Emilio, un anciano, interpretado por Manuel Alexandre a las mil maravilllas, que le dará consejos, acudiendo a su memoria literaria y parisenca, acerca del amor y de la vida.

Todo se radicalizará, durante la segunda parte del film, con la llegada de una nueva enfermera, María Jesús, una joven Maribel Verdú. Ella hará nacer en el interior de Manolo la llama del amor, al tiempo que también lo hará en su interior. Un amor presentado de manera fresca, simpática e inocente, cosas de la edad, pero que pronto se tornará totalmente mísero. Un amor que debía luchar frente a muchos obstáculos.  Obstáculos representados en el “tío” de la chica, un cura muy cabrón, y en las punzantes miradas de las enfermeras,  con especial atención de la pura y recta Irene, muerta de celos en el fondo.

‘El año de las luces’ es una película emotiva, bonita y, a la vez, triste. Es ligera, pero también profunda. Es el despertar en la vida real de un chaval, Jorge Sanz, que pronto descubrirá que los palos no se olvidan fácilmente. Un amor, el suyo con la Verdú, que se ahogará entre curas y falangistas, entre castidad simulada y mezquindad irritante. Fernado Trueba nos regala una joya del cine español a través de esa historia de amores juveniles en un contexto muy poco propicio. Un contexto representado a las mil maravillas gracias a los buenos diálogos y a las magistrales interpretaciones de los secundarios, especial mención al gran Manuel Alexandre. Gran película.

‘Las edades de Lulú’. No funciona.

Lulú es una jovencita muchacha prendada por Pablo, un profesor universitario amigo de su hermano. Además de un vicioso en temas de sexo, claro está. La relación entre ambos a lo largo del tiempo nos será presentada con contínuas escenas eróticas, una tras otra, con poca historia de por medio. Aquí la historia es el erotismo. Cómo la desvirga. Cómo se montan un ménage à trois con un transexual. La escena del incesto, muy buena, lo mejor de la película. Luego, Lulú por libre haciendo sexo con maricones, juegos peligrosos, sadomasoquismo. No hay más, esa es la esencia del film, su historia.

Que Bigas Luna era un cachondo, eso lo sabíamos todos. Pero aquí se ha pasado de listo. El descenso a los infiernos a través del sexo y los oscuros deseos por parte de la desgraciada Lulú no cautiva. Y no cautiva simplemente porque no hay historia. No hay ningún avance en las “edades” de la chica. Un guión flojísimo.  Sería más un encadenado de sueños eróticos y fantasiosos de un salido como Bigas Luna que jamás encuentra un punto argumentativo al que agarrarse. No le busquen la moraleja o la reflexión, porque no la hay. Cocktail de sexo y erotismo, sin más, pasado de rosca. Mala.

‘Las cartas de Alou’. Triste realidad.

Alou probablemente sea de Mali. Tal vez de Senegal. Lo que está claro es que quiere trabajar, labrarse un futuro para tener una vida mejor. Para ello, debe cruzar el estrecho en patera (o lanchita), salir de su país y marcharse hacia el Norte. Trabajar en los invernaderos de la zona de Almería, subirse al “bueno, bonito y barato” por las calles de Madrid, correr al grito de agua, marcharse a Lleida en busca de trabajo en la fruta para malvivir en medio de unas ruinas. O currar en un taller textil, o en una chatarrera, para que un burócrata más te diga que no es suficiente para tener papeles, ni siquiera es suficiente para pagarse una estufa con la que calentar las manos al llegar a tu desangelado “hogar”.

“Las cartas de Alou” es una de las pocas películas, en nuestro país, que retrata un fenómeno tan actual hoy en día, el fenómeno de la inmigración. Lo hace alejándose de los datos y números. Montxo Armendáriz lo retrata desde un punto de vista humano, desde los ojos de Alou. Un chico que está sólo, sin nadie. Y como él dice, con mil miradas clavadas en su cabeza. Sabe que no es bienvenido. Sabe que la policía le pedirá los papeles. Y que será explotado en el trabajo. También sabe que más de un amigo morirá, bien en la mar, bien en el malvivir del día a día. Sabe que su futuro suegro no lo quiere por ser negro e inmigrante. Y que en los bares no le servirán ni una cola. También sabe que si se duerme le robarán sus pocas pertenencias. Y que dormirá en lugares malolientes y mugrientos. Pero, pese a todo, Alou se esforzará, por trabajar y tratar de ser feliz, a sabiendas que ese nunca será su país, desde el pesimismo del que sabe que nunca será uno más. Película necesaria.

‘Amantes’. Locos de amor, y pasión.

Paco es un chaval, apenas tiene veinte años, que acaba de terminar el servicio militar. Con toda la vida por delante, decide dejar el pueblo para instalarse en la ciudad, en Madrid. Son los años 50, estamos en el Madrid franquista, una ciudad grisácea en la que intentar labrarse un futuro a duras penas.  En sus planes entra encontrar un buen empleo y formar una familia con Trini, su novia de toda la vida. Sin embargo, su mundo se tambaleará cuando Paco conozca a Luisa, su casera, una mujer demasiado apetecible sexualmente y fácil de conseguir, lo suficiente como para resquebrajar sus cimientos fidelísimos por Trini, y más a esas edades.

‘Amantes’ es una historia de amor pasional ambientada en las navidades del 55. Un amor a tres bandas. Dos mujeres y un hombre. La madura y felina Victoria Abril (Luisa). La inocente y pueblerina Maribel Verdú (Trini). Ambas, locas de amor por Paco, el hombre que se encuentra entre dos fuegos, en la difícil decisión de decidirse por una u otra, por la seguridad y cariño de la Verdú o por la experiencia y sexo que le ofrece la Abril.

Esta es una historia que asfixia. La lucha entre las dos leonas por hacerse con la presa no da tregua un sólo segundo. Son de una tensión brutal las dos escenas en la que ambas coinciden en pantalla. Es creíble el dolor de corazón de la Verdú, la sinceridad y honestidad del joven Paco, también la astucia y los peligros inherentes a una viuda negra como Victoria Abril. Es creíble ver como la balanza se equilibra y desequilibra por momentos en un sentido u otro. Uno necesita saber como acabará esta peculiar historia de amores adictivos.

‘Amantes’ es una película redonda, muy meritoria, con buenos personajes y, por encima de todo, grandes interpretaciones, con una historia interesante que  es explotada al máximo, con un Vicente Aranda en estado de gracia, y con una ambientación fidedigna de aquellos años. En definitiva, estamos ante una gran película. Una conseguida combinación de amor e intriga con un final tremendo a la vera de la Catedral de Burgos nevada. Obra maestra.

‘Ay, Carmela’. Cosas de la guerra.

“Carmela y Paulino, varietés a lo fino”. Así se llama la compañía artística formada por Carmela, Paulino y Gustavete. Estamos en 1938, en plena Guerra Civil, y ellos son los encargados de amenizar al frente de Aragón, en zona republicana. Sin embargo, hartos de tanta penuria en Montejo, decidirán dar el palo de gasolina y marcharse a Valencia, en busca de algo mejor.

La mala fortuna, no podía ser de otra manera en una situación tan triste como esa, se topará con ellos. Caerán en manos del bando fascista. Serán hechos presos, pero tendrán el salvoconducto del arte. Podrán encontrar la libertad a cambio de una actuación apológica del fascismo (con matices) a tres bandas: alemán, italiano y español.

A través de su narración, tanto Saura como Azcona, ponen de claro manifiesto como estuvo el patio por aquel entonces. Las ejecuciones de “comunistas”. Las ayudas italianas (grande Pajarés y su italiano). El carácter “español” de los franquistas (estos italianos son todos unos maricones). Las situaciones que se vivían en los dos frentes, sobre todo, a partir de la comida (si los fascistas comen así todos los días, hemos perdido la guerra). Y, por encima de todo, la ilusión por vivir, la supervivencia en medio de tanta grisez, materializada en Pajarés, Maura y Gabino. Porque Maura, pese a ser republicana, quiere casarse de blanco y por la Iglesia. Pero Pajarés, ya se sabe, todos los hombres son iguales, la escena en la cama del alcalde es muy buena. Y Gabino, éste es un tontorron que le basta con comer y ayudar a su amiga Carmela.

‘Ay, Carmela’ es una historia, podríamos decir anónima, de las muchas que sucedieron, en la guerra. Una historia de carácter cómico. Una comedia trágica que pone el colofón en la actuación teatral en bando fascista.  Una actuación en la que salen los sentimientos. La supervivencia de Paulino en contraste con la indignación de Carmela por los pobres desgraciados polacos de Brigadas Internacionales que entonaban el “Ay, Carmela” a golpe de porrazo en la cara. Un final trágico, cabrón. Como lo fue la guerra, dura y sangrienta. La cinta de Carlos Saura es una buena película que ha escarbado en las penurias anónimas de aquel entonces.

‘Tres dies amb la família’. El circ dels hipòcrites.

La família. Ningú dubta de la seua importancia en les nostres vides. Els grans sociòlegs, com per exemple Durkheim, van aplegar a la conclussió de que era una de les institucions, socialment parlant, més importants que hi havia al nostre voltant.

Molts quebraders de cap ha portat mantindre en peu la seua unió, el seu vigor i força. El cinema la retratat en infinitat d’ocasions. No ha sigut menys aquesta cinta dirigida i escrita per Mar Coll e interpretada magistralment per Nausicaa Bonnín, qui fa el paper de Léa, una jove, estudiant a Toulouse pero natural de Barcelona, a la que li toca tornar a la seua terra natal, per reunirse amb la seua familia, a conseqüència de la mort del seu iaio. Tres dies en els que velatori, missa i enterrament seràn l’excusa ideal per a retratar eixe món d’apariençies del que Léa pareixia haver fugit a França.

La mort sacsarà la, ja de per sí, endeble estructura familiar dels Vich i Carbó. El matrimoni dels seus pares, un auténtic desastre amagat sota el paraigües de la feliçitat. Els seus tios, ni fu ni fa, a pesar de que s’intente mantindre en la realitat de color de rosa que tan lis agrada pintar. La tia, desapareguda en combat total, una reo més que renega del seu passat familiar. Pel que respecta als coçins, hi ha de tot. No es la família del seus somnis que diguérem. A més a més, Léa no passa per un bon moment sentimental, doncs el seu xicon pareix ja no amarla. Mort, falsetat i soletat. Tot se li juntarà a la protagonista.

La amargor s’obrirà en força al seu interior. Una amargor extrapolada al seu voltant, conformant una simbiosis perfecta, un pou sense fons. El món de falsetats que ella rebutjava, li perseguirà durant aquests tres dies. Tres dies que ens serviran per desmitificar a la familia dels Vich i Carbó. Una familia amb problemes, com quasi totes. Uns problemes gens públics. El circ dels hipòcrites, eixe que lluix colgants, vestits de luxe, bons cotxes, vacances de plaer, treballs somniats i verborrea de autopromoció a mansalva, no entrarà dins dels plans de Léa, qui es recl0urà al seu pensament interior, aillada del seu grisaci entorn.

El cine ha trovat a Mar Coll i a Nausicaa Bonnín, o viceversa. Del que no cap dubte es de que elles han aprofitat l’oportunitat per tombar mites i llegendes existents al voltant de les ideals families burgueses. Ho han fet, un poc, a la francesa, pero açò es cinema español de calitat. Calitat despregunda de la realitat dels Vich i Carbó, una familia trista a més no poder.

‘El rey pasmado’. Gabino en los brazos del pecado.

Gabino Diego interpreta, en esta cinta de Imanol Uribe, a un monarca español jovial y bobalicón. Es Fernando IV, un veinteañero al que poco importa la Batalla de Flandes, o la llegada de las fragatas de las Indias Occidentales a Trafalgar, pues acaba de descubrir a la mujer, hablando genéricamente. Concretando un poco más, con la ayuda del Conde de la Peña Andrada, un grandioso Eusebio Poncela, ha caído en los brazos del pecado por primera vez, quedando pasmado ante la belleza de la puta Marfisa, para desgracia de un sector importante de la Iglesia de aquel entonces, en el que destaca el padre Villaescusa.

‘El rey pasmado’ es una película fresca, alegre y divertida, cargada de escenas ingeniosas, que esconde detrás de tanto puterío cortesano, y no cortesano, de tanta teología, tanto de unos (Almeida) como de otros (Juan Diego), una feroz crítica, con un sútil tono irónico, a la Iglesia más rancia de todos los tiempos. Esa Iglesia que representa magistralmente el personaje de Juan Diego. Esa Iglesia inquisidora que imperó durante gran parte de la Edad Media. Es una historia que habla acerca de las monarquías absolutas que anduvieron por nuestro Reino en tiempos pasados. Una historia de religión, monarquía y tradición. De cómo, casi siempre, iban de la mano unas con otras. Privando de la libertad, tanto moral como terrenal, a los hombres (y ya no digo a las sumisas mujeres). Pero ahí está el prendado de Gabino. Con esa cara de tontorrón, abobado por el sexo, deseoso de intimar con su Reina. Dispuesto a romper con la tradición y el orden imperante. Abocado hacia el libertinaje. Iluso, aún quedaban (¿quedan?) años de sumisión ante la Ley Divina. Recomendable.

‘Todo por la pasta’. Un paseo por los bajos fondos bilbaínos.

La acción nos traslada a un Bilbao mugriento en el que se está cociendo un golpe a la caja fuerte de un bingo. Policía, chulos putas, gitanos, mafiosos de tres al cuarto, todos andan metidos tras el botín. Un ansia, la de hacerse con el dinero, que abrirá un mar de sangre, una trama adictiva y novedosa (dentro del panorama español), en la que los cruces de caminos por los bajos fondos bilbaínos nos mantendrán a la expectativa, viendo que hostias pasa con el dinero, los senderos por los que transita, los cruces y giros a los que se tendrá que enfrentar el botín.

‘Todo por la pasta’ es un producto de alta calidad. Cine español del bueno. Su punto fuerte, sin duda alguna, es la ambientación de ese Bilbao cochambroso, el espacio donde transcurre la ensangrentada acción. Algo que debemos al buen hacer, de un por entonces desconocido, Alex de la Iglesia (dirección artística). La trama, en la que se verán metidos todo tipo de personajes, permite tener un reparto amplio, de gran talla, en la que excepcionales secundarios (Pilar Bardem, Luis Ciges, Álex Angulo) complementarán a una “inocente” María Barranco, una espabilada como Kiti Manver o al honesto de Antonio Resines, el único al que se la suda el dinero.

Peces gordos metidos de lleno en harina, corrupción policial, mafiosos casposos, gente de la noche, sicarios y, qué ironía, hasta un convento de monjas, se verán envueltos en la locura de los cincuenta kilos (kilo por millón) de pesetas. Dejénse llevar, de la mano de Urbizu y De la Iglesia, por los bajos fondos de Bilbao en busca de dinero y poder, de honor y traición, de sangre y fuego cruzado.  Gran película.