‘Troya’. Homero made in USA.

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La paz entre Troya y Grecia es frágil. Bien lo sabe Héctor, príncipe de Troya, quién debe ir con sumo cuidado en lo que concierne a sus actos para no ofender a sus “aliados”. Y bien lo sabe, para su desgracia, Agamenón, rey de reyes de Grecia. Su tiranía y ambición buscan conquistar un punto clave en el Mar Egeo, Troya.

Cuando la actitud pasional del hermano menor de Héctor, y también príncipe de Troya, Paris, le conduzca a fugarse  con su amada Helena, reina de Esparta, rumbo a Troya, la guerra habrá comenzado. Una guerra marcada por el amor y el honor en lo superficial, por los intereses comerciales e imperiales de Agamenón en el trafondo.

La guerra será dura. Un ejército impresionante de griegos llegará a Troya. Entre ellos Aquiles, el mejor de todos los griegos, pero un hombre cruel y sangriento. Un hombre guiado por la gloria y capaz de retar al temido Agamenón. Sin él en batalla y subestimando a su rival, los griegos pese a su superioridad numérica, caerán a las puertas de Troya. Los troyanos, obviando lo terrenal y refugiándose en los dioses, también decidirán plantar un contraataque en la costa a los griegos, siendo ellos, esta vez, los que subestimaban al enemigo. El primo del temido Aquiles, Patroclo, morirá en combate a manos de Héctor en dicha batalla.

A partir de ahí, se desencadenarán los sentimientos y emociones. Viviremos un combate noble y por el honor entre los dos mejores guerreros, Héctor y Aquiles. La guerra habrá cambiado su destino, y ya no habrá vuelta atrás para los troyanos.

‘Troya’ nos regala dos horas y media de efectos especiales, acción, grandeza y un montón de caras conocidas. Una historia épica en manos de Hollywood que no acaba de agradar. Se queda a medias, superficial. Las historias de amor y pasión no son profundas. No se siente el dolor de Aquiles tras la muerte de Patroclo. Ni se me caen las lágrimas con su trágico final entre Paris y Aquiles. De hecho, los dos personajes más pasionales, Paris y Aquiles, no me los creo. Son un lastre. A los únicos que me creo son a Bana en el papel de Héctor y a Toole encarnando a Príamo. También Diane Kruger como Helena de Troya. Sus rostros y figuras indican la caída de su pueblo, indican el horror de la guerra, la pérdida del honor.

Nobleza, amor, honor y ambición marcan el trasfondo de la película, su esencia. Batallas, acción, sangre y adrenalina ocupan, sin embargo, la primera plana, sin profundizar en la esencia. Una lástima. Buena, sin más.

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