‘The thing’. Gélida, angustiosa y espeluznante.

Estamos en la Antártida, año 1982. Un husky siberiano (¿o es un alaskan malamute?) huye aterrado a través de la nieve. Le persigue un helicóptero, a bordo del cual hay dos hombres, de nacionalidad noruega, que buscan acabar con la vida del can. Casi por casualidad, unos y otros acabarán en una base de investigación estadounidense. Paréntesis: Impresionante escena que uno no tiene más remedio que guardar en la retina hasta el fin de sus días.

Es el prólogo con el que inicia una de la mejores cintas de la década de los ochenta: ‘The thing’. Un grupo de hombres se ve sorprendido por la visita de una extraña criatura. ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Hay motivos para tenerle miedo? Todos los interrogantes son resueltos con maestría por John Carpenter, quien nos sirve una ambientación espectacular, acompañada de una truculenta y sensacional BSO orquestada por el genio Morricone, dando con la tecla exacta, al remate, para conseguir transmitirnos sensaciones que ni uno sabía que existían a través de la historiada ingeniada por Bill Lancaster y protagonizada brillantemente por un Kurt Russell más en forma que nunca.

El mundo visual creado por el cineasta consigue sutilmente que, en primer lugar, nos intriguemos a la par que los protagonistas con el origen del mal (destellos del antecedente noruego); segundo, nos aterroricemos con la escena desencadentante de los perros y la jaula; tercero, mostremos recelos frente a todos como si fuésemos uno más de la expedición; cuarto, que se nos hiele la sangre como se nos hiela, no sé si tanto por el blanco y nevado paisaje, o por la presencia de la cambiante criatura; quinto y último, que nos frotemos los ojos ante el devastador, desasosegante e inquietante final presenciado (eso sí, también ambigüo… lo damos por positivo o negativo, el resultado final digo?).

La pulcritud, serenidad, saber estar y elegancia con la que Carpenter nos narra la acción, hace que devoremos las andanzas del mítico piloto MacReady, quedándonos perplejos, anodadados por el golpe sombrío y espeluznante asestado por “la Cosa”, fascinados, al mismo tiempo, ante el recital combinado de géneros  como el terror y el sci-fi que aquí nos era brindado.

En definitiva, aquí tenemos una obra que de tan tensa, tan intrigante, tan angustiosa, tan espeluznante, tan cautivadora, tan serena, tan gélida y tan terrorífica, no tiene otro remedio que pasar a formar parte del club personal. Mítica y entrañable.

9/10   

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