‘Aliens’. Ácida y viscosa ultraviolencia.

Siete años después del bombazo de ‘Alien’ (1979), aparecía en las salas de cine su esperada secuela, y lo hacía de la mano de James Cameron, príncipe de Hollywood, quién decidía mandar a la carismática Ripley de vuelta a aquel planeta agreste en el que todo comenzó.

Expuesta la trama en la primera cinta, ahora se comienza justo dónde se acabó. Han sido años, muchos años, de naufragio espacial para nuestra protagonista. Sin embargo, cuando sea rescatada, pronto descubrirá que aquel maligno planeta del que tan malos recuerdos conserva, ya ha sido colonizado por los terrícolas. Oh! Terrible desgracia! Será Ripley, en compañía de bravucones marines del espacio (nostálgico Michael Biehn), quién nos transporte, de nuevo, hacia los peligros que derivan de meterse de lleno en la boca del… alien. Por tanto, ya vemos que la directriz es no profundizar, para nada, en los dilemas abiertos en el producto primigenio. Se redunda en la temática de la supervivencia, adornándose ésta, de un modo casi exclusivo, por la violencia y la acción. Dos rasgos que definen la esencia de esta cinta, y que por suerte para nosotros, llevan la impronta de uno de los maestros del género, Walter Hill, quién realiza trabajos de guión aquí.

La obra de Cameron tiene un efectismo distinto al de su predecesora. El lirismo tenebrista de aquélla queda sustituido por la ultraviolencia lírica de ésta. La sutileza de antaño es cambiada ahora por la aparatosidad. Y la estimable intriga del 79, deja paso a la acción, pura y dura. Todo queda renovado,  pues ya no hay misterios que resolver, ni comprobar cuán piadosa es la criatura. Simplemente se trata de explayarse en la propuesta original, devorando la idea de la supervivencia, resaltando así, en grado máximo, la cacería abierta por el Alien, casi en defensa propia, diría yo, frente al ataque lucrativo del ingenioso humanoide.

En fin, digna secuela presentada por James Cameron a través de un poderío visual importante, distinto del marcado por Scott, pero igualmente atractivo, que se sirve de unos efectos especiales que nos traen a la memoria los apocalípticos pasajes narrados en ‘Terminator’ (1984), pero contando ahora con un mayor presupuesto que permita ensañarse en las virguerías visuales que tanto domina, y dominaba, el buen principito. Gozoso festín alienígena.

7/10  

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