‘Trespass’. Soso entretenimiento.

El archicomercial Joel Schumacher se lanzaba aquí a una aventura demasiada veces repetida: una pareja asaltada por criminales despiadados. La cosa, por tanto, no tiene misterio alguno. No hay atisbo de originalidad en el film, pues todo es bastante rutinario en este soso thriller.

El mayor atractivo puede venir dado por la presencia en el cartel de actorazos como Nicolas Cage o Nicole Kidman. Sin embargo, el legado que aquí únicamente nos dejan no es otro que el del derroche. Un auténtico despilfarro de  talento que tan sólo sirve para contemplar lo mal que han envejecido ambos dos.  El mítico Cage, en su lucha contra las arrugas y la alopecia, se ha despreocupado de la tarea de leerse el guión antes de dar el sí quiero. Por su parte, la antaño bella y hermosa Kidman (aún conserva parte de estas cualidades a pesar de sus múltiples operaciones estéticas), sorprende al meterse en un berenjenal de este tipo, pues ella sí es de las que cuida su carrera.

En definitiva, todo es un déjà vu en esta cinta. Un remix de productos anteriores cuyo resultado es mediocre y, sobre todo, cumplido con su tarea principal: entretener. Cine palomitero puro y duro.

4/10

‘Chaos’. Engañabobos.

Así de inicio, tenemos la típica receta: un prólogo impactante; un atraco a un banco; la investigación policial. Bueno, uno, durante los primeros quince minutos, piensa que no está del todo mal, que la historia puede dar de sí. Sin embargo…

Tony Giglio quiso apartarse de la mediocridad. ‘Chaos’ buscaba algo más, y puso todo su empeño en ello. Sin embargo, eso le quedó, el intento. Y es que tiene ciertas flaquezas. Primero, si buscas seriedad, ¿cómo se te ocurre poner de estrellas del cartel a Wesley Snipes y Jason Statham? Segundo, lo que es entrener, entretiene. Pero ya está. No cautiva, no te intriga, no te acabas de meter de lleno en la trama. Por último, tiene la típica trampa sin ingenio. O lo que es lo mismo, ‘Chaos’ es un engañabobos.

4.5/10

‘Ocean’s eleven’. Ladrones de guante blanco.

Danny Ocean acaba de salir de chirona, y ya lo tiene todo planeado: piensa arruinarle la vida a Terry Benedic, uno de los peces gordos de Las Vegas y actual concubino de su ex-mujer, de la cual, el bueno de Ocean, sigue fervientemente enamorado. Por arruinarle la vida cabría entender, dentro de la clasificación salud-dinero-amor, pues las dos últimas. Para ello, necesitará idear un buen plan, y reclutar a un formidable equipo. El trabajo no es sencillo, ya que hablamos de uno de los casinos con mejor equipamiento de seguridad del mundo mundial. No obstante, los once de Danny permanecen en estado de hiponsis con los 16 kilazos de dólares que están aguardándoles. Están manos a la obra.

Entretenimiento de calidad. La cascada de planos con la que nos abruma el bueno de Soderbergh es la plataforma ideal para que nos dejemos llevar en volandas hacia el mundo de la diversión y el gozo. Un auténtico espectáculo visual, frenético y trepidante, que derrota colosalmente al hastío y la zozobra. No sé si es la mejor película sobre atracos (en mi opinión, no), pero lo que sí tengo claro es que estamos ante una de las estrategias reconquistadoras, hablando en términos de Cúpido, más perversa e ingeniosa que uno pueda imaginar.

En fin, déjense llevar por el encanto de Clooney, la chulería de Pitt, el morbo de la Roberts y la ferocidad de García. El ritmo lo marca un ágil e inspirado Soderbergh. Un lujo. 

7.5/10