‘Fantastic Mr. Fox’. Pollos, gansos y sidra.

Un superzorro llamado, váya, Fox, le juró un buen día a su esposa, la señora Fox, que jamás volvería a robar pollos. Jamás. Tuvieron un hijo y vivieron idílicamente en su madriguera. Pero decidieron vivir en un lugar mejor, en un árbol de categoría. Sin embargo, la vida tranquila se truncó. Cerca de ellos, había, ni más ni menos, que tres ambiciosos granjeros (uno de pollos, uno de gansos y otro de pollos y sidra). Fox no lo pudo resistir y volvió, en contra de todo lo que había dicho, a las andadas, a su vida, a su ilusión: cazar pollos.

‘Fantastic Mr. Fox’ es una adaptación realizada por un peculiar y controvertido cineasta, del que no había visto nada anteriormente, llamado Wes Anderson, del cuento popular el Superzorro, como se le tradujo aquí, de Roald Dahl. Se vendió a bombo y platillo la nueva técnica de animación que traía consigo esta peli, pero la verdad es que tampoco me resultó muy original, se asemeja bastante a los famosos ‘Wallace & Gromit’. Aunque claro, no soy ningún experto, supongo que habrá grandes diferencias entre ambas técnicas. Pese a todo, y para que conste en acta, el derroche visual de Mr. Fox es importante y notorio, uno disfruta y se encandila con su animación.

Una animación a la que acompaña la historia de la que ya hemos hablado, y un guión original, divertido y con un toque distinto al típico y hegemónico, dentro del mundo animado, Disney. En definitiva, uno se divierte, se entretiene, se lo pasa en grande con las aventuras del salvaje Fox, con sus hazañas de tocarle las narices a los tres granjeros, y la persistencia de éstos en tratar de cortarle el cuello. La lucha entre ambos nos lleva a la moraleja del cuento: es imposible resistir al salvajismo, a lo que el cuerpo te pide. Fox era un zorro, y como tal, debía cazar pollos, gansos y lo que se pusiera por delante. Debía alejarse de árboles frondosos e imponentes y volver bajo tierra, a su hábitat. Debía ejercitarse, ser un buen atleta, ágil y rápido. Debía pensar, calcular los planes maestros con astucia y echarle valentía a su vida. En fin, el espectador se da un buen paseo por los bosques, por la ladronzuela vida de un zorro. Y se divierte con ello.

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