‘Fight club’. La revolución fincheriana.

“La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.” (Tyler Durden)

Al carajo con todo, pensó Fincher. Haré una película revolucionaria, cuyo centro gravitatorio gire en torno a una profunda crítica al modo de vida propio del sistema capitalista, además de azotar disimuladamente al fuerte papel religioso existente en USA. Los empleos autómatas con sus mentiras y números, el imperio de las multinacionales con su marketing y engaño, la casa y el coche con su poder de ordenación, Dios con sus normas. Todo a la hoguera, a las llamas. 

David Fincher, el mejor cineasta de la última generación, se consagraba en el escaparate cinematográfico con ‘El club de la lucha’ (1999). Una cinta original, transgresora y estrambótica, que nos metía de lleno en el pellejo de Jack, un autómata oficinista, sufridor de insomnio y atormentado por una gris existencia de la que sólo logra escapar mediante sus visitas diarias a las charlas de enfermos terminales. Ese es Jack, sin conocer a Tyler Durden. Cuando éste aparezca en su vida, todo cambiará, para bien o mal, pero cambiará. Por fin, se sentirá liberado de su vida de esclavo.

Puede que a alguien le parezca tramposa, pedante y repetitiva. A mí no me lo parece. De tan sencilla que es, puede llevar al equívoco. El discurso es simple, pero radical: ante la obediencia sumisa, la violencia autodestructiva. Cambiar el rumbo de nuestras vidas a base de puñetazos, sangre y explosiones. Ahí, en esa simpleza, radica el principal punto débil de la trama argumentativa, con un guión (de un tal Jim Uhls) esplendido en diálogos pero falto de un puntito más (en cuanto a concatenación de argumentos) que lo vuelva maestro. Con todo, es una obra irregular, pero con atisbos de grandeza,  de genialidad, de maestría. Y es que hablamos de un tal David Fincher.

8/10

Spoiler

“Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida esta tan vacia que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesistas? Sal de tu casa, Busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estás vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estás avisado…”.

“Entonces, ¿qué somos?; ¿Qué sé yo? ¿Consumidores?; Eso es, consumidores, subproductos obsesionados por un estilo de vida. Asesinatos, delitos, pobreza… son cosas que no me incumben. Lo que sí me importa son las revistas de famosos, una televisión con 500 canales, el nombre de alguien en mi ropa interior, crecepelos, viagra, sucedáneos”.

“La autoperfección es simple masturbación, sólo la autodestrucción conlleva evolución”.

“Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambuláncias, y os protegemos mientras dormís, así que no te metas con nosotros.”

“No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones, sois la mierda cantante y danzante del mundo”.

“En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del “Rockefeller Center”. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por lianas tan gruesas como mi muñeca que envolverán la torre “Sears”. Y cuando se mire hacia abajo, se verán pequeñas figuras humanas machacando maíz y secando tiras de carne de venado en el asfalto de alguna gigantesca autopista abandonada.”

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