‘The towering inferno’. Un referente en cuanto a catástrofes.

El coloso en llamasEn 1974 se estrenaba una de esas películas que siempre salta a la palestra de tanto en tanto. Es una obra mítica, de referencia. Hablamos de ‘El coloso en llamas’, una cinta que hará las delicias de todos aquellos a quienes gusta el cine de catástrofes.

Un rascacielos colosal. Una inauguración por todo lo alto. Miles de personas invitadas al banquete. Y un derroche triunfalista… “enciendan todas las luces”. Pues ahí lo tienen, un incendio de primer nivel como resultado de todo ello. Y por allí andaban, con intenciones de solventar el desaguisado, dos pesos pesados de esto de la interpretación: Paul Newman y Steve McQueen. Casi nada. 

Película comercial, rodada con pretensiones de lucir como ninguna. El drama no queda muy elaborado, perdiendo terreno, por tanto, respecto a la adrenalínica acción, verdadero pilar del film. Uno palpa la tensión y asfixia de verse metido en un infortunio de tal calibre. Ayudan los conseguidos efectos especiales (teniendo en cuenta la época en la que se elaboró esta cinta). ¿Lo malo? Su excesiva duración. Con todo, entretenimiento de calidad.

7.5/10 

‘Evil dead’. Homenaje.

Evil-Dead-2013Volvemos de nuevo a la mítica cabaña que en el 81 deleitó a tantos y tantos espectadores. Eso sí, nada nos va a coger por sorpresa. Ya sabemos a lo que vamos, pues ‘Evil dead’ no es más que un digno homenaje al clásico de terror elaborado por Sam Raimi. Quienes disfrutaron con aquella posesión, repetirán experiencia con esta cinta.

El tándem uruguayo (Fede Álvarez y Rodo Sayagues) introduce ciertas novedades que le dan chispa y frescura a estas nuevas y demoníacas andanzas. Se respira un ambiente ochentero y, además, presenciamos algún que otro guiño a obras referencia del género de terror. El susto, la gracia y el desmadre se dan de la mano, servido todo ello a ritmo trepidante y vertiginoso.  

La cosa culmina en un baño de sangre endemoniado que no deja indiferente a nadie. Uno agradece que le hayan puesto devoción y oficio a este remake. En cualquier caso, si el género no les va, ni lo intenten. Para el resto, que la disfruten.

7.5/10 

‘Luna de avellaneda’. Una luz especial.

Luna_de_Avellaneda-588442172-largeEsta es una película de barrio. Cine social y de crítica. Una afilada lanza contra el capitalismo y los devastadores efectos que éste ha tenido sobre las calles argentinas. Un escudo en pro de la felicidad, de la importancia del cómo y sus formas. Todo ello bajo el paraguas sentimental con el que Campanella cubre a sus historias. Vuelve a sonar, por tanto, la melodía del cineasta y su equipo. Todos conocemos ya la brillante partitura. Menudo lujo disfrutar con este tipo y sus historias. Vaya monumento merece Ricardo Darín. Son cosas redundantes, pero ciertas.

Total que ‘Luna de avellaneda’ vuelve a entusiasmarnos. A pesar de ser la película más irregular en comparación con ‘El mismo amor, la misma lluvia’ (1999) y ‘El hijo de la novia’ (2001), a pesar de un metraje excesivamente largo y a pesar de contar con algún desvarío sensiblero, el caso es que la narración nos vuelve a impregnar de la sutil emotividad que atesora. Los personajes vuelven a estar pulidos de manera brillante, y sus peculiares odiseas vuelven a cautivarnos.

Campanella vuelve a sacarle una sonrisa al drama. Y lo hace de un modo tan natural, veraz y ligero que a uno no le queda más remedio que quitarse el sombrero ante el recital presenciado.

7.5/10   

‘El mismo amor, la misma lluvia’. Entrañable.

23p85733017Juan José Campanella es un autor de estilo clásico y tradicional, tanto en las formas como en la temática de sus historias. Artesano de los sentimientos, pocos saben manejar el sentido de las emociones como él lo hace. Si ‘El hijo de la novia’ es una obra preciosa, conviene matizar que tuvo un precedente nada desdeñable. Hablamos de ‘El mismo amor, la misma lluvia’.

Mientras navegamos por la historia reciente de Argentina, recorreremos, al mismo tiempo, el sendero que un día decidieron emprender juntos Jorge Pellegrini y Laura Ramallo, dos jóvenes enamorados que verán como sus corazones se encuentran, se ilusionan, se enrojecen, se fatigan, se dañan, se distancian y, por encima de todo, se quieren durante el transcurrir del tiempo y la vida. Conmovedoras vivencias servidas con tanta gracia y naturalidad como entusiasmo y amargura. 

Una bonita historia que se aprovecha de las fabulosas interpretaciones de Ricardo Darín y Soledad Villamil para brindar un auténtico homenaje al mundo del amor, con todas la alegrías, ilusiones, penas o tristezas que éste conlleva. Lo dicho, Campanella en estado puro. Cátedra de sentimiento.

8/10  

‘Assault on precinct 13’. Carta de presentación.

assault_on_precinct_13_poster_01Con esta pequeña película se daba a conocer al gran público uno de los maestros por excelencia del género de terror: John Carpenter. Éste ya había realizado con anterioridad la modesta ‘Dark star’ (1974), escrita y protagonizada por el padre de ‘Alien’ (1979), Dan O’Bannon, pero fue este homenaje a Howard Hawks y su ‘Rio Bravo’ (1959) el que consagró al cineasta neoyorquino.

En fin, un hombre llega enloquecido y sin poder hablar a una comisaría semivacía del distrito trece. Andan de mudanzas los inquilinos del edificio, y lo único que logran sacarle al histérico hombre es un “me persiguen”. Planteamiento servido: un grupo de desalmados sin ética alguna asediarán durante una larga noche a los pocos individuos (un teniente, dos secretarias y un par de reos) que todavía siguen allí.

John Carpenter conseguía darle brío a su narración, demostrando, a pesar de las limitaciones técnicas y presupuestarias, sus buenas dotes para esto del cine. Un relato tenso, apoyado en una lograda bso, que sirve para amenizarnos la velada. No busquen, en cualquier caso, encontrar una obra maestra aquí, pues no la hay. Simplemente encontrarán una digna carta de presentación de uno de los grandes.

6.5/10

‘Killing them softly’. Los bajos fondos a día de hoy.

Matalos_suavemente-949505272-largePartidas ilegales que son atracadas. Gángsters de poca monta y mafiosos trajeados que buscan ajustar cuentas. Miserables que hacen el trabajo sucio. Los brindis al sol de los políticos en televisión. Y los matones que aceptan el encargo. Estamos ante ‘Mátalos suavemente’.  

La película nos muestra la sideral distancia que existe entre los idílicos discursos de los políticos estadounidenses (George W. Bush o Barack Obama) y la mugrienta vida en los bajos fondos de una ciudad cualquiera del país. Esta es la cruda realidad, parece querer decirnos Andrew Dominik. El ojo crítico del director luce especialmente cuando aparecen en escena el desgraciado de Scoot McNairy, el metódico Brad Pitt o el lastimoso Ray Liotta. Grandes nombres y gran diálogo el de James Gandolfini en la habitación del hotel. Detalles de lujo, sí. Pero la cinta se pierde, se enrevesa.   

Todo es porque el autor de la misma trata de definir un estilo diferenciador. Busca brillar con luz propia a través de una narrativa singular, provocativa y… tediosa. El intento es fallido. La historia peca de simple, plana y reiterativa. ¿Tiene momentos de gloria? Pues sí. Pero, con todo, este paseo por los bajos fondos no pasará a la historia del cine.

En cualquier caso, recuerden siempre: “América no es un jodido país. Es un negocio. Así que págame lo que me debes“. Lástima que la película no esté a la altura de la reflexión.

6.5/10

‘El hijo de la novia’. Monumento al amor.

“- De mí no te libras. Voy a estar siempre a tu lado. Siempre.

– ¡Qué pesado!”.

El pobre Rafael Belvedere observa como su madre, poco a poco, va perdiendo la memoria a causa del alzheimer. Él es el hijo de la novia. Pero situémonos. Estamos en la Argentina del corralito. Tiempos de crisis económica… y tiempos de crisis sentimental para nuestro protagonista. Su vida, la de Rafael digo, se ha ido al traste. “Hice todo mal“, reflexiona para sí en voz alta. Un divorcio, una hija desatendida, un restaurante que lo lleva loco, una madre enferma, una novia con la que no termina de comprometerse y un padre… ilusionado con volver a casarse, de blanco y por la Iglesia, con su madre. “Fue lo único que no le concedí“, le dice su padre. “Se lo debo”.

Un relato sentimental que roza la perfección. El cineasta, Juan José Campanella, tira de su propia experiencia personal para elaborar una tierna y sencilla historia acerca de la vida, el amor y el paso del tiempo. Todo ello perfectamente equilibrado, servido de un modo natural, veraz y realista. Sin almíbar ni algodón de azúcar. No es necesario cuando uno cuenta con Ricardo Darín, Norma Aleandro, Héctor Alterio o Eduardo Blanco. No es necesario cuando uno tiene esa magia especial para escribir tan fabulosos diálogos, tan logradas situaciones y tan encontradas emociones.

Entrañable, graciosa, espontánea, emotiva. Qué sé yo. Sobran las palabras con este tipo de películas. Una historia imperecedera. Un monumento al amor. Imprescindible.

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9/10

‘Rebel without a cause’. Icono de una época.

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James Dean es un joven que apuesta por la hombría. Obsesionado por escapar de la cobardía, lucha por no parecerse a su padre, un fiel sumiso de los mandatos de su esposa. Quizás por ello siempre acaba metido en alguna pelea donde uno simplemente se juega el honor. Por su parte, Natalie Wood es una chica frágil, siempre ligera de ropa pero carente de ternura, su mayor deseo pasa por conocer qué es eso del amor verdadero. Muy cerca de ella anda Sal Mineo, el más joven de los tres. Un chico sin padres que simplemente reclama un poco de atención, sentirse importante para alguien.    

Total, que son los años cincuenta. La guerra ha terminado y en los Estados Unidos el bienestar alcanza cotas inimaginables. Los tiempos cambian y las incomprensiones generacionales aparecen. Los jóvenes andan tan o más desubicados que sus padres. Una transición en los hábitos y valores de vida que termina por eclosionar en una rebeldía sin causa, en una carrera de coches suicida en la que a la pregunta “¿por qué lo haces?” se le responde con un simple y claro “porque algo hay que hacer”. 

En esencia ‘Rebel without a cause’ es eso, una historia de incomprensiones y frustraciones juveniles. Una película endiosada por crítica y público. Miles de seguidores, en un alarde de personalidad, han copiado hasta la saciedad el look que aquí nos presentaba el malogrado James Dean. Nunca antes una cazadora roja significó tanto. Tampoco antes unos simples vaqueros y una camiseta blanca habían calado tan hondo en la sociedad. Cosas del cine. A todo ello contribuyó, en cualquier caso, el hecho de que la obra de Nicholas Ray fuera estrenada apenas un mes después de la trágica muerte del carismático actor, quien tan solo contaba con veinticuatro primaveras.

En fin, una película notable. No es una obra maestra ni mucho menos, pero sí es cierto que los tres personajes principales (además del contexto) están bien pincelados. El collage sentimental de Nicholas Ray en torno a las preocupaciones de la juventud termina por convencernos. En cualquier caso, no nos engañemos. Si por algo pasará a la historia ‘Rebelde sin causa’ será por su incomparable poder de atracción y su inconfundible estética. Lo dicho, James Dean.

7.5/10 

‘C’era una volta il west’. Los tiempos cambian.

hasta_que_llego_su_hora_1968_1Un prólogo servido con maestría, indicativo del estilo narrativo que conducirá a esta polvorienta historia del lejano oeste. El cineasta, Sergio Leone, juega con el tiempo y el espacio. De este modo, el entorno y el ambiente son una pieza más, fundamental diría yo, para encajar a la perfección este monumental relato repleto de ilusiones, traiciones, violencia, codicia, injusticias y venganza.

La hermosa Jill (Claudia Cardinale), verdadera clave de bóveda de esta historia, llega a un pueblo, perdido en mitad del oeste, decidida a formar un hogar junto a un pelirrojo y testarudo irlandés, McBain, olvidándose así de su anterior vida en Nueva Orleans. Lástima que al llegar se cerciore de que Frank (Henry Fonda), un pistolero reconvertido a empresario, ha borrado del mapa, con la facilidad que propicia un revolver, todo su proyecto de vida. El muerto se lo han adjudicado a Cheyenne (Jason Robards), quien simplemente pasaba por allí, y al que no le hace ninguna gracia esta rapaz jugada. El cuadro lo completa un misterioso hombre sin nombre conocido, de escueto vocabulario y con afición por la harmónica. 

Película servida a fuego lento, muy lento. Todo se mueve con un ritmo pausado y calmo. Ayuda, por supuesto, el inquietante compás marcado por Ennio Morricone. Las piezas se mueven con sigilo y astucia, desenmascarando poco a poco la jugada maestra que nos tenía preparada Sergio Leone, ayudado en la escritura por Sergio Donati y los emblemáticos Dario Argento y Bernardo Bertolucci. Extraordinariamente trabajada, ‘Once upon time in the west’ supone una épica historia acerca de la construcción del ferrocarril en territorio estadounidense. Pero, sobre todo, una historia que le saca todo el jugo posible a los personajes de la misma, a esos peones que ambicionan, huyen, aman, perecen o sobreviven, entre los agrestes paisajes que nos depara esta cinta.  

En definitiva, otra manera de entender el cine. El silencio y la tensa espera se combinan con las miradas perdidas, buscando éstas, en algún lugar, los sueños e ilusiones que parecen desvanecerse, salpimentado todo por la explícita violencia que envuelve a la muerte. Los tiempos cambian, parece querer decirnos Leone a través de esta lírica, mundana y crepuscular fábula enclavada en el far west. Una obra monumental y minuciosa en la que, gusto personal, destaco al misterioso y sensual personaje (con toda la batalla psicológica que ello conlleva) interpretado por Claudia Cardinale, su idilio con Jason Robards (“ahora sí que te he preparado café caliente”), así como al imperecedero Harmonica. La venganza pocas veces se sirvió tan fría. Obra maestra. 

9.5/10  

‘The dark knight rises’. Trepidante pero rutinaria.

the_dark_knight_rises (1)Batman había desaparecido del mapa. La ciudad de Gotham parecía volver a respirar bajo el amparo brindado por la Ley Dent y el rigor cívico del Comisario Gordon, así que las heroicidades del hombre murciélago ya no eran precisas. Pero todo no podía ser tan bonito, pues pronto tendremos al malvado de turno, Bane, haciendo de las suyas, sembrando el terror y el caos por las pulcras aceras de esta gran y ficticia urbe. En fin, que el bueno (y lisiado) de Bruce Wayne deberá ponerse en forma y enfundarse el traje… de nuevo.

Dentro de la trilogía elaborada por Christopher Nolan, ‘The dark knight rises’ aparece como la más floja de las tres entregas que componen la saga. En cualquier caso, tampoco caigamos en dramatismos, pues hablamos de una buena película. Ofrece un espectáculo poderoso, sustentado en la tensión narrativa que el cineasta siempre ha sabido impregnar a sus relatos. El problema aquí no es otro que las limitaciones de la historia, la cual parece dar la sensación de que ejerce de puente hacia un cuarto volumen más que otra cosa.

La felina Catwoman, el germen de Robin y la alargada sombra de Ra Al Ghul son los tres aditivos que buscan darle el valor añadido a las andanzas de “El caballero oscuro”. En fin, una factura técnica de diez, un reparto estelar liderado por el colosal Christian Bale y un cineasta con pedigrí a cargo de todo ello. Es lo que hay, lástima que el relato carezca, en esta ocasión, de la profundidad que antaño sí tenía. Con todo, una historia tan trepidante como frenética.

7.5/10