‘Grupo 7’. Calamidad.

El tándem compuesto por Alberto Rodríguez y Rafael Cobos ha sido una de las mejores noticias para el cine español durante los últimos años. Como ya hicieran antes en ‘7 vírgenes’ (2005), su cámara y pluma vuelven a apuntar hacia el sur. Estamos en Sevilla, en los prolegómenos de la Expo92. Justo en esos años, pongamos a partir de 1988, algún político decidió que había que erradicar el narcotráfico en la ciudad hispalense. Era el momento de lavar la imagen. Entra en acción, por tanto, el Grupo 7.

Película seria que nos cuenta una historia convincente. La narración de Rodríguez es vibrante y apasionada, no escatima esfuerzos a la hora de plasmar la peligrosa puesta en escena de los policías. Además, el punto emotivo que da el personaje de Antonio de la Torre, entregado en cuerpo y alma a la lucha por limpiar las calles sevillanas de droga y violencia tras haber sufrido el drama en sus propias carnes, refuerza el poderío de esta historia.

Encontramos cine del bueno en ‘Grupo 7’. No llega a la excelsitud por faltar cierta profundidad en su argumento. Cuando uno toca distintos palos y dispone de tan solo 90 minutos para exponer su combinación, la consecuencia lógica es la ausencia de fondo. El doloroso fresco aquí mostrado contiene los dramas personales de los protagonistas, la fatigosa acción policial y el universo que rodea a los calamitosos peones de la droga. Todo ello, podría decirse, conforma la estructura de una meritoria película en la que, gusto personal, brilla particularmente un excepcional Antonio de la Torre.

7.5/10

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